Fe hecha vida: jóvenes misioneros dedican su verano al servicio pastoral
- Escritor Invitado

- 26 ago
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Por Pattrica Serrano-Bann
Cuando llega el verano, la mayoría de la gente se va a las montañas, comienza sus vacaciones o por fin se toma un descanso. Pero cada verano, en todo Colorado, surge un movimiento diferente: la labor misionera.
Año tras año, jóvenes misioneros pasan el verano en gimnasios, salones parroquiales, campamentos e incluso en las banquetas de Denver, poniendo su fe en práctica en lugares cotidianos.
Consejeros de campamento, misioneros y seminaristas dejan la tranquilidad de sus funciones parroquiales para servir en canchas de básquetbol y en senderos de montaña. Su labor es sencilla y exigente, pero es importante porque salen al encuentro de las personas donde están y les muestran que Cristo ya está presente entre ellas.
(Fotos cortesía de Highlight Catholic Ministries)
Seminarista en la cancha
Para el seminarista Jack Brustkern, quien comienza su tercer año de formación, el verano comenzó con una petición de su director de vocaciones, el padre Jason Wallace. Le pidieron servir con Highlight Catholic Ministries, un programa que ayuda a los jóvenes a crecer en la virtud mediante el deporte y la aventura.
Jack no lo dudó. Estaba entusiasmado.
En la cancha, vio a los niños aprender que la competencia y el discipulado van de la mano.
“Los deportes, por naturaleza, ayudan a los niños a salir de sí mismos y buscar la excelencia”, dijo. “Presentarse a entrenar o esforzarse cuando nadie está mirando no es muy diferente de presentarse a la oración”.
Los líderes del campamento llaman a estos momentos “músculos de la virtud” y Jack los vio en acción: compañeros de equipo que se animaban unos a otros, se ayudaban tras cometer errores y elegían el espíritu deportivo en lugar de dejarse llevar por la frustración.
“Amar al prójimo se convierte en una necesidad inmediata cuando vas perdiendo por mucho en un partido”, compartió.
Pero la lección más importante de Jack surgió de un contratiempo. Pasó horas preparando su charla de apertura para el primer día del campamento, pero las cosas no salieron como esperaba.
“Fue una lección de humildad”, admitió. “Pero a medida que fui conociendo a los participantes y a los consejeros, me di cuenta de que la paternidad espiritual comienza con la amistad. Hay que conocer al rebaño antes de poder hablarle”.
(Fotos proporcionadas)
Totus Tuus: encontrar su voz en salones parroquiales
A varios kilómetros de distancia, se desarrollaba una historia similar en Totus Tuus, donde Rita Green, de 18 años, comenzó su labor misionera entre niños y adolescentes. La experiencia le resultaba a la vez familiar y completamente nueva.
Rita creció viendo a los misioneros de Totus Tuus en la parroquia del Sacred Heart de Roggen. Los admiraba, los imitaba y, con el tiempo, se unió a ellos. Pero cuando comenzó su capacitación este verano, se sintió muy nerviosa.
Entonces, de repente, sintió una gran paz.
Su verano pronto se llenó de pequeños actos de valentía. Cada lunes por la noche, se ponía frente a los adolescentes y compartía su historia, aun cuando le temblaba la voz. Con el tiempo, vio cómo los jóvenes comenzaban a abrirse, a escuchar y a hacer preguntas que nunca habían hecho: ¿Por qué rezan los católicos el rosario? ¿Qué significa realmente la Misa? ¿Cómo sé que Dios me escucha?
“Comenzaron a entusiasmarse por ir a Misa todos los días”, expresó. “Fue hermoso ver cómo su fe cobraba vida”.
El horario era exigente, pero Rita encontró fortaleza al orar con los demás, rezar el rosario todos los días, dedicar tiempo a la oración en silencio y sentarse en el piso del presbiterio para hablar con Dios. Cuando regresó a casa, la experiencia la había cambiado. Pasaba menos tiempo deslizando la pantalla de su teléfono y más tiempo conversando de verdad y orando con frecuencia.
“Me hizo querer hacer mucho más con mi vida de lo que originalmente había planeado”, añadió.
Annunciation Heights: encuentro en las montañas
En el campamento Annunciation Heights, en lo alto de las montañas sobre Estes Park, la misionera universitaria Haley Stephan pasó el verano guiando a los participantes en caminatas, alrededor de fogatas y a través de momentos espirituales significativos. Allí, la misión avanzaba a un ritmo más tranquilo, marcado por las montañas y por los propios participantes.
Annunciation Heights se centra en cuatro relaciones fundamentales: con Dios, con los demás, con uno mismo y con la creación. Haley vio cómo estas relaciones crecían cada día.
Una noche, una participante de secundaria, cuyas amigas se burlaban de su fe, le preguntó a Haley si podían hablar. Sentadas bajo las estrellas, la joven le confió sus temores: ¿Debo alejarme de mis amigas? ¿Cómo puedo mantenerme firme en mi fe?
Haley la escuchó, compartió con ella pasajes de la Sagrada Escritura y le contó la historia de Nuestra Señora de Guadalupe, un momento que hizo que la joven se sintiera vista, comprendida y amada.
Otra participante, una niña de cuarto grado con TDAH, tenía dificultades para permanecer sentada durante la Misa y la oración. Haley pasó la semana ayudándola con delicadeza, eligiendo la paciencia en lugar de la frustración. Durante la adoración en silencio, ocurrió algo que sorprendió a Haley: la niña estaba tranquila y fascinada de estar allí.
“Dijo: ‘Ojalá pudiéramos quedarnos para siempre’”, recordó Haley. “Fue uno de los momentos más hermosos del verano”.
Para Haley, el verano confirmó algo en lo que llevaba años pensando: un llamado a la vida religiosa. A principios de agosto, ingresó en las Hermanas Dominicas de Santa Cecilia.
Cristo en la Ciudad: misionero en las calles
Mientras tanto, en las calurosas banquetas de la calle 16, el misionero Tim Galster pasó el verano caminando junto a personas en Denver a través del ministerio Cristo en la Ciudad. Su labor llevó la misión al corazón de la ciudad, donde cada encuentro se daba paso a paso.
Todos los días, Tim conocía a personas cuya mayor dificultad no era la falta de dinero, sino la soledad.
Inspirándose en las palabras de la Madre Teresa, dijo: “La pobreza de la soledad en Occidente a veces es peor que la lepra en Calcuta”.
Las personas con las que se encontraba no eran estadísticas ni desconocidos. Necesitaban a alguien con quien hablar, a alguien que recordara su nombre y a alguien que las viera como hijos amados de Dios.
En casa, junto con sus compañeros misioneros, Tim encontraba la fortaleza para seguir adelante.
“Toda persona humana existe en la medida en que se relaciona con los demás”, dijo. “La comunidad me dio esperanza, esa clase de esperanza que te recuerda que, aunque nunca las hayas conocido, hay personas allá afuera que de verdad te aman”.
Fe más allá de los muros del campamento
Ya sea un seminarista en una cancha de básquetbol, una joven que encuentra el valor para hablar en salones parroquiales, una misionera que guía a participantes cerca de Longs Peak o un joven que recorre las calles de Denver, los jóvenes adultos de Colorado están mostrando algo importante: el lugar de su misión puede cambiar, pero su propósito no.
La fe no está hecha para quedarse encerrada. Está hecha para vivirse en el trabajo arduo, en el miedo, en la amistad, en la incomodidad y en la alegría.
Al salir de su zona de confort y optar por el encuentro con los demás, estos misioneros hicieron más que llevar a Cristo a Colorado este verano.
Descubrieron que él ya estaba allí, esperándolos en la cotidianidad.








