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viernes, mayo 20, 2022
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Dios le habló por medio de los hombres

Por: Martha Fernandez-Sardina

Original de Austin – Texas, domina el español y tiene 31 años. El hermano James Claver será ordenado sacerdote el próximo 14 de mayo en la Catedral Immaculate Conception de Denver, junto con seis diáconos más y servirá como capellán en el High School – Bishop Machebeuf.

“Nunca he estado esperando algo más en toda mi vida”, dijo el diácono en diálogo con Denver Catholic.

 

Historia de un llamado

Pete Rubio, uno de los integrantes de su grupo juvenil al que asistía el joven James le preguntó cuando tenía 15 años por qué no se hacía sacerdote. Su primera reacción fue ignorar este cuestionamiento. “Me quiero casar, me gustan las mujeres, no soy lo suficientemente santo, lo suficientemente fuerte o talentoso como para ser sacerdote”, pensó James en ese momento.

En su niñez no conoció muchos sacerdotes. Ninguno le fue significativo. Luego creció y comenzó a valorar esta vocación mucho más: “Siempre fue una bendición ir a la confesión y pude apreciar la generosidad y la misericordia que ellos me mostraban”, comparte el hermano.

La pregunta que una vez le hizo Pete Rubio volvió a resonar en su corazón cuando estando en High School, su profesor de cálculo (que no es católico) le dijo: “Hijo, he estado enseñando por 30 años y siempre he querido enseñarle a un sacerdote. ¿Puedo retirarme ahora?”, refiriéndose a él.  Por ello, el joven James se preguntó: “¿Cómo puede él, mi profesor de matemáticas ver algo en mí que ni siquiera yo mismo puedo ver?” Allí sus cuestionamientos se hicieron más fuertes y por ello decidió entrar al seminario.

San Ignacio de Loyola es el santo que más lo ha ayudado en su formación con sus ejercicios espirituales y sus enseñanzas sobre el discernimiento de los espíritus.

San Pedro Claver, español y misionero evangelizador en Colombia, es quien más lo ha inspirado. Por eso lleva su apellido.

Dice que “escuchar confesiones” es la parte del ministerio sacerdotal que lo entusiasma más y ve como un reto la autoridad que tiene un sacerdote. “Generalmente la gente te mira, te respeta, te hace preguntas realmente importantes y personales. Tienes el reto de dar respuestas buenas y sabias”, dice.

El hermano James recuerda el tiempo en el seminario como una etapa en la que pudo conocer las verdades de la fe más profundamente y donde aprendió a amar más y ver la belleza de esta vocación cada vez más. Sintió claramente su llamado a ser sacerdote cuando tenía 18 años. Hoy, 13 años, después este anhelo se convierte en realidad cuando ante Dios y delante de muchos testigos pronuncie ese sí que lo hará sacerdote para toda la eternidad.

 

Espere mañana la historia del diácono Matthew Magee

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