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domingo, mayo 22, 2022
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¿Aborto o “interrupción del embarazo”?

Por María Elisa Olivas y Vladimir Mauricio-Pérez

De acuerdo con la Real Academia Española, el aborto se define como la interrupción del embarazo por causas naturales o provocadas. En nuestras propias palabras, podríamos decir que el aborto es el fin de la vida de un ser humano en la etapa gestacional, es decir, antes de nacer. Pero esto puede suceder de dos formas: de manera voluntaria o involuntaria.
En un “aborto espontáneo” o involuntario, no hay ningún tipo de juicio moral que se pueda hacer al respecto, dado que no hay ningún tipo de alteración voluntaria por parte de la persona para eliminar la vida. En este caso, la pérdida del ser humano en el vientre es algo que sucede por cuestiones naturales.
Sin embargo, esto es muy diferente al “aborto provocado” o intencional, en el que sí se tiene como objetivo eliminar la vida humana en el vientre y algún tipo de alteración se lleva acabo para realizar el objetivo.

¿ «Aborto» o «interrupción del embarazo»?

Podríamos decir que la expresión “interrupción del embarazo” es un eufemismo, o sea, una expresión más suave que se usa para disminuir el impacto emocional que la expresión original provocaría en las personas.
La palabra “aborto” puede resultar demasiado fuerte o intimidante para muchas personas, por lo que la industria del aborto prefiere no utilizarla. Así que en su lugar se emplea la palabra “interrupción”.
Normalmente utilizamos esta palabra para señalar la discontinuidad de un proceso: “Iba a contar una historia, pero alguien me interrumpió”, “Tuvimos que interrumpir el tratamiento”. Pero la gran diferencia es que no solemos relacionar la palabra “interrupción” con el asesinato o la destrucción voluntaria de la vida de otra persona. No oímos decir que un ladrón “interrumpió la vida” de otra persona mientras robaba o que un sicario “interrumpió” la vida de su víctima. Al contrario, decimos que un sicario “acabó con la vida” de una persona o la «asesinó».

Por eso, al sustituir “aborto voluntario” con “interrupción del embarazo”, se termina ignorando la humanidad del bebé en el vientre sin argumento alguno. El cambio de lenguaje se utiliza como una estrategia para normalizar algo que se considera inaceptable.

En este caso, la acción del aborto se suaviza de tal manera que se ignora lo que realmente se está haciendo: no se está eliminando una vida, sino que simplemente se está descontinuando un proceso. De esta manera, el bebé en el vientre pierde su rostro: no es “alguien”, es solo un proceso, algo que pasó. Esto no solo reduce el impacto emocional que el aborto puede suscitar en una persona, sino que también hace que parezca una acción menos grave.
Sin embargo, el aborto provocado intencionalmente le quita la vida a un ser humano en su etapa gestacional; se le priva del derecho a la vida.
El papa Francisco nos ha recordado claramente en homilías y conferencias de prensa que no es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema.
Los invitamos a reflexionar sobre estas dos preguntas que el Papa hizo en relación al aborto y que nos pueden ayudar a profundizar más en el tema: “¿Es justo eliminar una vida humana para solucionar un problema? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema?”.
No tengamos miedo de hablar en defensa de nuestra dignidad humana y de nuestros derechos, en especial del derecho a la vida.

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Imagen destacada: Josh Bean | Unsplash
María Elisa Olivas
María Elisa Olivas es coordinadora comunitaria para Caridades Católicas de Denver.
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