Adiós a Kendrick Castillo, en el cielo recibió su graduación

Su funeral se realizó el pasado 17 de mayo en la parroquia Saint Mary en Littleton

Carmen Elena Villa

Kendrick Castillo, el joven que fue asesinado el pasado 7 de mayo en el tiroteo de la escuela STEM de Highlands Ranch, Colorado, iba a graduarse de secundaria tres días después (es decir, el pasado 10 de mayo). Pero las balas impidieron que esto sucediera. Sin embargo, “la ceremonia de su graduación ocurrió en otro lugar, escuchando la voz de Dios: ‘Venid, benditos de mi padre y recibid la herencia del reino preparado para vosotros’ (Mt. 25, 34)”, así lo dijo en su homilía el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez durante la misa de exequias de Kendrick, que presidió el 17 de mayo en la parroquia Saint Mary en Littleton, Colorado.

Castillo, de 18 años, murió al pelear con los atacantes de la escuela, quienes ingresaron armados en plena lección de literatura. La acción de este joven dio pie a que sus compañeros pudieran esconderse. Sus amigos más cercanos lo acompañaron entrando el féretro a la iglesia y con una rosa amarilla. También estuvieron presentes 85 hombres de los Caballeros de Colón, sociedad católica masculina a la que pertenece su padre John.

“Kendrick se graduó, no con un título académico, sino que se graduó en humanidad y vida cristiana (…) El cielo es nuestra verdadera graduación”, indicó el obispo Rodríguez. “Él alcanzó en corto tiempo la gran carrera en honorabilidad, amor y santidad”.

El Prelado quiso agregar un elemento más al listado de virtudes que en los últimos días han resaltado de Kendrick Castillo, tanto sus amigos como los diferentes medios de comunicación. Por ello lo llamó “un joven santo”.

“Kendrick dio todo lo que él era, y todo lo que tuvo: familia, futuro, su graduación, su vida para que otros jóvenes pudieran regresar a sus familias, tener un futuro, graduarse y vivir”, dijo el Obispo. “La vida de Kendrick es como el eco de las palabras de Jesús: ‘Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos (Jn. 15, 13)’”.

El prelado destacó en su homilía el buen corazón de Castillo: “Solo un joven con Dios en su corazón (…) puede hacer lo que él hizo: dar su vida para salvar a sus amigos”. Luego se dirigió a los padres de Kendrick: “Estoy seguro, John y María, de que ustedes se sienten orgullosos de su hijo: Dios también se siente orgulloso Kendrick”.

“A través de circunstancias dolorosas y en contra del plan de Dios, Kendrick fue arrancado de esta tierra y Dios, su Padre, lo tomó para que estuviera con Él en el cielo”, recalcó el Obispo. “¡Todo el mal de este mundo no volverá a tocarlo a él de nuevo!”.

Monseñor Rodríguez le recordó a la madre de Kendrick que también una mujer, llamada María, perdió a su único hijo en una cruz y Él murió para que sus hermanos vivieran. “Su dolor, como tu dolor María, era profundo, como profunda es la espada que puede perforar el corazón de una madre”.

Luego exhortó a John y a María a soñar “con ese momento en el que ustedes verán a Kendrick justo frente a ustedes radiante, sonriente y viniendo por un fuerte abrazo… Piensen en él llegando a la otra orilla y encontrando a su abuela con los brazos abiertos para darle la bienvenida”. Y concluyó su homilía recordándole a ambos: “Kendrick, su hijo, es un don para todos nosotros. Y nosotros debemos comprometernos a continuar su legado y a dar gloria a Dios por el don de los años que Kendrick estuvo entre nosotros”.

 

 

 

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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