Arzobispo Aquila “agradecido” por reafirmación del matrimonio entre hombre y mujer en respuesta del Vaticano

Arquidiócesis de Denver

22 de marzo de 2021

DENVER – El 15 de marzo de 2021, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) emitió un Responsum a un dubium sobre las bendiciones de las uniones de personas del mismo sexo.

A LA PREGUNTA PROPUESTA:

¿La Iglesia dispone del poder para impartir la bendición a uniones de personas del mismo sexo?

SE RESPONDE:

Negativamente.

Léase el Responsum y la nota explicativa.

Declaración del arzobispo Samuel J. Aquila a los fieles de la arquidiócesis de Denver:

“Recientemente, el Santo Padre emitió una aclaración a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) que afirma que la Iglesia no puede bendecir las uniones del mismo sexo. Estoy agradecido por esta declaración, ya que reafirma el apoyo pastoral duradero de la Iglesia a las personas que experimentan una atracción sexual hacia personas del mismo sexo sin aprobar un estilo de vida que las separaría objetivamente del designio de Dios para el ser humano. Dado que la Iglesia reconoce la complementariedad del hombre y la mujer, ha enseñado durante siglos que el matrimonio, la alianza entre un hombre y una mujer, tiene tres bienes. Estos bienes son 1) el vínculo inquebrantable con el cónyuge que termina solo con la muerte, 2) la fidelidad exclusiva al cónyuge de por vida y 3) la bendición de los hijos que proviene del acto conyugal, en el que el hombre y la mujer se vuelven uno mismo en el signo de sus hijos. Además, la Iglesia afirma la virtud de la castidad para todas las personas, de acuerdo con su estado de vida.

Tal como el Santo Padre ha asegurado en repetidas ocasiones, la Iglesia siempre debe recibir a todas las personas con amor y compasión, incluso a las que experimentan una atracción sexual hacia personas del mismo sexo. Sin embargo, la Iglesia debe recibir a todas las personas con un amor verdadero que las lleve a reconciliarse con nuestro Padre misericordioso. Bendecir una unión entre personas del mismo sexo sería contrario al amor que nos lleva a alejarnos del pecado. La Iglesia, siendo fiel a su Maestro, bendice a los pecadores, pero no bendice ni puede bendecir el pecado. Si bien esta verdad puede ser difícil de aceptar para algunas personas bienintencionadas, les aconsejo que escuchen al papa Francisco, quien ha afirmado la verdad de la enseñanza revelada por Dios. Los animo a leer la explicación completa de la CDF y a tomarse un tiempo de oración para intentar comprender por qué Cristo nos ha llamado a respetar y defender el hermoso sacramento del matrimonio. Oremos para que el Espíritu Santo continúe derramando su gracia sobre la Iglesia, manteniéndola en la verdad durante estos tiempos difíciles”.

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Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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