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martes, mayo 24, 2022
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Si Dios creó todo «bueno», ¿qué fue lo que falló?

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Por Debra Herbek.
Debra Herbek abrazó la fe católica tras haberse criado en el judaísmo. Por los últimos 40 años, se ha dedicado a trabajar con mujeres y jóvenes. Ahora es fundadora y di rectora de varios ministerios para mujeres.

EL DRAMA DE LA VIDA

Una de las cosas que más me gusta hacer con mis nietos es contarles historias. No importa qué tan simples o fantásticas sean, ellos siempre están encantados. A todos nos gustan las historias porque fuimos hechos para ellas.
Nuestra historia personal se desarrolla cada día. Sin embargo, también formamos parte de un drama cósmico más grande, marcado por temas de esperanza y traición, peligro y valentía, batalla y restauración. Trágicamente, la verdad y la belleza de la historia cristiana han sido abandonadas por nuestra cultura y ha sido reemplazada por una narrativa que considera el cristianismo con duda, ridiculez y hostilidad. Hoy más que nunca, debemos entender las verdades eternas de esta historia, hacer sus promesas nuestras y comunicarla a los demás con claridad y convicción.
 

UN COMIENZO FELIZ

Antes de apreciar totalmente la Buena Nueva de libertad y restauración, debemos reconocer nuestra propia condición: no tenemos esperanza sin nuestro Salvador. San Pablo nos describe a todos como muertos en nuestros pecados, desobedientes y prisioneros de un príncipe maligno (cf. Ef 2:1-3). ¿Cómo es que esta historia, tan llena de belleza, esperanza y promesa, dio un giro tan trágico?
Nuestra fe cuenta que esta gran historia tiene un autor que es bueno. Dios creó otras realidades aparte de él en su deseo amoroso de compartir su bondad. Dio a los ángeles una mente inteligente y libre albedrío para servirlo en el cielo y servir a su pueblo. Creó el mundo material para expresar su poder y bondad. Finalmente, el punto culminante de su creación fue hacer a Adán y Eva en su propia imagen. Les concedió un alma inmortal, razón y libre albedrío (cf. Gen 1:26). Su papel era el de cuidar el jardín del mundo material; no solo vivir felizmente en el Paraíso, sino participar en la vida divina de Dios.

“Todos hemos pecado y estamos faltos de la gloria de Dios». (ROM 3:23)

PRISIONEROS

No hace falta tener grandes poderes de observación para ver que la intención original de Dios para su creación ha tomado un giro terrible. El mundo que debería reflejar su belleza, amor y bondad en realidad está lleno de dolor, violencia, traición y pérdida. Solo en este último año, el aumento en enfermedades, adicciones, dificultades económicas, disturbios sociales, suicidios y miedo confirman lo que ya sabemos en el fondo: algo ha fallado, y no podemos repararlo. Ni la ciencia, la tecnología, la política, la riqueza o la influencia pueden rectificar el desorden tan arraigado en el ser humano.
Si somos honestos, sabemos que nuestros problemas no son solo el resultado de sistemas fallidos. Somos egocéntricos y a veces estamos llenos de miedo, sospecha, vergüenza y envidia; fallamos sobre todo en cuestión del amor. Todos hemos pecado y estamos faltos de la gloria de Dios (Rom 3:23). Somos prisioneros perjudicados por una guerra que comenzó en el cielo desde antes del inicio del tiempo.
 

EL ENEMIGO DEL SER HUMANO

El autor C.S. Lewis describió nuestro mundo como “territorio ocupado por el enemigo”. Este enemigo, llamado Diablo o Satanás, no es una metáfora o un símbolo para el mal o un personaje inventado. El villano de nuestra historia es real, y su estrategia es esclavizarnos y destruirnos. La Sagrada Escritura nos dice que Lucifer era un ángel glorioso. Tenía que elegir, ya fuera la aceptación de su naturaleza y jugar su papel en la historia de Dios o declarar su independencia de su Creador y volverse el centro de su propia historia; Lucifer eligió reinar en vez de servir.
Lleno de orgullo y envidia de su Creador y del destino glorioso de la humanidad, Lucifer encabezó sus legiones de ángeles en contra de San Miguel Arcángel y su ejército angélico fiel. Derrotado y arrojado de la presencia divina, el diablo “fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él” y “se fue a hacer la guerra… a los que observan los mandamientos de Dios y guardan las declaraciones de Jesús” (Ap 12:9-17). Satanás volcó su atención y toda la fuerza de su malicia y rabia en el culmen de la creación de Dios: el ser humano. Y, oculto en el jardín, esperó su venganza, tentando a Adán y Eva.

“Solo hay una tentación. Es la tentación de creer que la realización de los deseos del corazón humano depende totalmente de nosotros mismos. Es la tentación de negar la paternidad de Dios». MONS. LORENZO ALBACETE

EL PARAÍSO PERDIDO

Dios les dio a nuestros primeros padres libre albedrío, la habilidad de elegir, porque sabía que el amo verdadero no puede ser forzado o mandado; debe ser elegido libremente. La prohibición del árbol tenía la intención de probar el corazón de Adán y Eva, y no de prohibirles el bien. ¿Confiarán en la buena intención de su Padre y abrazarán la vida que él les ofrece o escucharán al padre de la mentira? (Jn 8:44)
Satanás le aseguró a Eva que no moriría si comía del fruto, sino que pasaría todo lo contrario: ¡sería como Dios! (Gen 3:45) De forma muy astuta, Satanás insinuó que Dios estaba celoso de Eva y estaba impidiendo que ella alcanzara su máximo potencial. Su propia felicidad solo se podía asegurar si ella la tomaba en sus propias manos. Al tomar y comer del fruto prohibido, Adán y Eva eligieron creer en una mentira fundamental, la cual transmitirían a sus descendientes.
“Solo hay una tentación”, escribió Mons. Lorenzo Albacete. “Es la tentación de creer que la realización de los deseos del corazón humano depende totalmente de nosotros mismos. Es la tentación de negar la paternidad de Dios, de negar que Dios proveerá la realización que anhelamos como un don… Si quieres satisfacción, tienes que tomar el asunto en tus propias manos”.
 

HEMOS SIDO CAPTURADOS

El Diablo no pudo forzar a Adán y Eva a la rebelión y servidumbre, pero, después de haber tomado su decisión, nuestros primeros padres ya no podían evitar las consecuencias. Como un virus mortal, el pecado y la muerte entraron al mundo, y la gloria dada por Dios a la humanidad comenzó a desvanecer. Lo peor fue la ruptura en su relación con Dios. Avergonzados, Adán y Eva corren a esconderse de su Creador, y Satanás termina la trampa que había puesto, por medio de un ciclo de mentiras, acusaciones, conflictos, división, tentación y desaliento.
Toda la historia de la humanidad, incluyendo la tuya y la mía, está marcada por el aislamiento y la oscuridad, un deseo insatisfecho de comunión y el esfuerzo desesperado por la felicidad lejos de Dios. Esta es la visión bíblica de nuestra condición: vivimos con una maldición que no podemos cambiar, un hechizo que no podemos romper. El paraíso se ha perdido, los cautivos han sido atrapados, y no hay escapatoria. Pero esperemos un momento… ¿acaso no tiene toda gran historia un gran rescate?

“Aun si un alma estuviese en descomposición como un cadáver y humanamente sin ninguna posibilidad de resurrección, y todo estuviera perdido, no sería así para Dios: un milagro de la Divina Misericordia resucitaría esta alma en toda su plenitud. ¡Infelices los que no aprovechan de este milagro de la Misericordia Divina! ¡Lo invocarán en vano, cuando sea demasiado tarde!» JESÚS A SANTA FAUSTINA (DIARIO #1448)

 
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