Capuchinos celebran 50 años sirviendo a la comunidad de Colorado

Aaron Lambert

El pasado 5 de mayo los capuchinos de Colorado celebraron de una manera silenciosa su 50 aniversario de servicio en Colorado.

Lo que estaba previsto como celebración jubilosa con misas por parte de los dos obispos de Denver no sucedió debido a la pandemia del COVID-19 y la suspensión de las misas públicas. Sin embargo, los frailes de la provincia capuchina de St. Conrad celebraron haciendo lo que mejor saben hacer: sirviendo humildemente a la comunidad de Colorado.

Teniendo en cuenta las circunstancias actuales, también han tendido la mano a las personas de una manera socialmente distante. Comenzaron por transmitir en vivo una misa desde el convento de San Francisco de Asís para que los fieles pudieran verla, y están creando una serie de videos sobre su historia de 50 años aquí en Colorado. Además, los frailes han estado publicando videos de motivación diarios en su canal de YouTube, donde las personas también pueden ver sus misas.

En una publicación en el blog del sitio web de los Capuchinos el hermano Mark Schenk, Ministro Provincial de St. Conrad Province en Denver, escribió sobre la misión de los franciscanos capuchinos en Denver durante los últimos 50 años.

“Este año, nuestra provincia conmemora con alegría los 50 años de presencia capuchina en Colorado”, escribió el hermano Mark. “El Papa Pío XI dijo una vez sobre los capuchinos: ‘Cuando se necesitaba ayuda urgentemente, en lugares que fueron abandonados y donde nadie más iría, allí encontrabas a los capuchinos’.

“En los últimos 50 años nos hemos esforzado por ser fieles a esa identidad, llevando la alegría del Evangelio a los marginados y olvidados. Fue la necesidad lo que nos llevó hacia el oeste y fue la necesidad lo que inspiró a nuestra multitud de ministerios a los pobres, perdidos, enfermos, moribundos y encarcelados de Colorado”.

Hace 50 años los frailes franciscanos capuchinos se dirigieron a Colorado para servir a la gente, y desde entonces han sido una parte activa de la comunidad de fe. (Foto: cortesía de los franciscanos capuchinos)

En 1878 los Capuchinos llegaron al oeste de Kansas en respuesta a una solicitud del obispo Louis Mary Fink de Leavenworth para cuidar a los numerosos inmigrantes alemanes del río Volga de Rusia que se estaban asentando en el área alrededor de Hays. En 1970, siguiendo el carisma capuchino de ir a donde se les necesita, expandieron su ministerio a Colorado a petición del arzobispo James Casey, quien necesitaba ayuda para levantar de nuevo la parroquia de la Anunciación en Denver.

La mañana del 5 de mayo de 1970 el padre Paulinus Karlin y otro fraile de Puerto Rico asignado temporalmente salieron de Kansas y se dirigieron a Anunciación, donde comenzó un nuevo capítulo de la historia de los capuchinos. Hasta el día de hoy, los Capuchinos permanecen en la parroquia de la Anunciación, donde continúan encarnando el espíritu de San Francisco de Asís en la fraternidad, la pobreza y una fuerte dedicación a la parroquia y a las personas en los vecindarios circundantes.

“Hoy continuamos el ministerio de San Francisco de Asís, llevando el Evangelio a los pueblos y lugares abandonados y olvidados”, escribió el hermano Schenk. “Ya sea en las parroquias pobres que ministran a las poblaciones inmigrantes, en los hospitales y centros de atención donde nuestros frailes se arrodillan en oración en los lechos de muerte o en las calles de la ciudad donde ofrecemos comida y amor fraternal a los abatidos y desamparados, queremos aventurarnos donde nadie más irá”.

En marzo los frailes comenzaron a transmitir en vivo la misa desde convento de San Francisco de Asís en Denver. (Foto: cortesía de los franciscanos capuchinos)

Entre las muchas huellas que los Capuchinos han dejado en Colorado se encuentra Samaritan House, que ahora es el refugio católico para personas sin hogar más grande de Colorado. Aunque ya no están directamente involucrados con su manejo, los frailes ayudaron a plantar las semillas a través de su refugio samaritano establecido en 1982, y mantienen una presencia constante allí a través de un fraile que sirve como capellán.

Una de las formas más innovadoras en que los frailes llegan a los necesitados es a través de un camión de comida que se lanzó en noviembre del 2018. Pintado de un color café franciscano y con coloridas obras de arte que representan a los frailes locales dedicados al ministerio -así como a los santos Francisco de Asís y el Padre Pío y el Beato Solanus Casey-, el camión incluye mensajes a los lados que lo identifican como perteneciente a los Capuchinos y describen su misión como “Mensajeros de la misericordia de Dios” y “Hermanos para aquellos en necesidad”.

Dos domingos al mes el camión se dirige a los sitios del centro donde se reúnen las personas sin hogar. Allí, frailes y voluntarios reparten almuerzos y bebidas. También entregan artículos de temporada que tal vez necesiten los que viven en la calle, como sombreros, guantes y calcetines. Las bolsas de almuerzo cuentan con un listado de recursos que los pobres pueden aprovechar, como los servicios médicos y de salud mental.

“Al principio la gente dudaba porque, al ver el camión de comida, pensaron que tenían que pagar”, dijo el hermano capuchino Jude Quinto, recordando el primer recorrido del camión el 25 de noviembre. “Pero cuando vieron a los frailes con hábitos marrones corriendo, entonces supieron lo que estábamos haciendo y comenzó a formarse una multitud”.

En noviembre del 2018 los frailes abrieron un camión de comida como una forma de ayudar a las personas sin hogar de Denver a tener acceso a comidas gratuitas y saludables. (Foto: cortesía de los franciscanos capuchinos)

Además, en el año 2011 los frailes fundaron el gremio Julia Greeley en honor a la ex esclava y franciscana laica cuya causa de canonización está actualmente en curso. Si es canonizada, sería la primera santa de Colorado.

Hoy, con pandemia o sin ella, los franciscanos capuchinos de la provincia de St. Conrad continúan viviendo su carisma de hermandad y compartiendo el Evangelio con quienes más lo necesitan.

“Continuamos buscando lugares abandonados donde la ayuda es muy necesaria”, concluyó el hermano Schenk, “trabajando junto a los laicos para llevar la buena nueva del Evangelio donde la necesidad es desesperada y pocos están dispuestos a ir”.

Próximamente: Cómo responder a la violencia y confusión en el Capitolio

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En estos tiempos turbulentos, todos se están haciendo la misma pregunta: “¿Cuál es la verdad?”. Según se conteste esta pregunta, y dado el relativismo de nuestro día, nos dividimos en bandos. La división se hizo totalmente manifiesta cuando un grupo de personas irrumpió en el Capitolio en Washington D.C. el pasado 6 de enero. En ese momento, vimos estallar claramente la ira y la violencia, generados por sentimientos de supresión de derechos, justo como lo habíamos visto los meses anteriores en muchas de nuestras ciudades más grandes. Tanto la derecha como la izquierda han recurrido a la violencia, lo cual es inaceptable en una sociedad civil y democrática.

¿Cuál es la raíz de esta agitación? Nuestro país está sufriendo de la descomposición de la integridad moral común y las verdades que la constituyen y que nos han permanecido unidos por unos 245 años. Ahora, cuando las personas buscan la verdad sobre casi cualquier tema, no encuentran una sola respuesta. En cambio, se encuentran con una multitud de voces contrapuestas, cada una con su propia agenda. Cada vez es más difícil encontrar una persona o una organización que busque el bien común.

Pero ¿qué debería un católico hacer durante este tiempo? ¿Cómo deberíamos responder a los constantes ataques a nuestros valores nacionales y religiosos y el deterioro de la buena intención hacia nuestro prójimo?

La única solución que reparará la debilitada integridad moral de la sociedad es la búsqueda de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Recuerdo ahora mismo ese verso del salmista que dice “Aunque braman las naciones y tiemblan los reinos, él lanza su voz y la tierra se deshace. El Señor de los Ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob” (Sal 46,7-8). Él es el único que puede penetrar nuestra postura y retórica y disipar la tiniebla de la confusión. Jesús, la Palabra de Dios, nos revela a nosotros mismos y nos muestra el camino a la felicidad verdadera, como individuos y como sociedad.

Para permitir que Dios haga esto, debemos redescubrir el valor del silencio y pasar tiempo con él en su Palabra y los sacramentos. Tal como Dios se mostró a Elías en el monte Horeb, no estaba en el gran viento, en el terremoto o en el fuego; estaba en “el susurro de una brisa suave” (cf. 1 Reyes 19,9-12). Esto significa que debemos poner nuestra confianza de salvación en Cristo y buscar su sabiduría sobre cómo vivir, en vez de convertirnos en comentaristas, políticos o partidos políticos. Ellos pueden promover legislaciones o dar discursos que contienen verdad, y eso es loable y debe apoyarse cuando suceda. Pero no debemos olvidar que estamos hechos para el cielo y estamos llamados a construir el reino de Dios, no una utopía en la tierra. Jesús nos recuerda que primero debemos buscar “el reino de Dios” y “la voluntad del Padre”. San Pablo les recordó a los romanos, y hoy nos recuerda a nosotros, “No os acomodéis a la forma de pensar del mundo presente; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2).

Esto significa ver tanto a nuestros amigos como a nuestros enemigos como hijos e hijas del Padre, sin importar sus creencias, etnias o afiliación política. Esto implica adoptar la visión de la Madre Teresa, de San Francisco o de Julia Greeley. Vieron a otros como Jesús lo hace.

Cuando Jesús se encontró con la mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, sino que la llamó al arrepentimiento. Tanto San Francisco como la Madre Teresa experimentaron un llamado a cuidar de los despreciados, lo que ciertamente aplica a nuestro ambiente sobrepartidista. En vez de los leprosos o enfermos abandonados a su muerte en los desagües que San Francisco y la Madre Teresa cuidaron, se nos está pidiendo a cada uno de nosotros que veamos a nuestros vecinos, familiares, amigos o enemigos con los ojos de Jesús. San Francisco se conmovió y besó a un leproso y después se dedicó a cuidarlos. La Madre Teresa fue llamada a recoger a los enfermos y moribundos y defender a los no nacidos. Nosotros estamos llamados a hacer las mismas obras de misericordia, pero también a amar a otros como Cristo no ha amado. No podremos hacer esto al menos que recibamos el amor de Dios y reconozcamos que él es real.

Que nuestra Santa Madre, Reina de la Paz, interceda por nosotros y nuestro país, para que nos arraigamos más completamente a la Verdad, que nuestra mente se convierta en la mente de Cristo, y que nuestro corazón sea más como el Sagrado Corazón de Jesús.