Carta del arzobispo Aquila sobre novedades en el Programa Independiente de Reparación 

Arzobispo Samuel J. Aquila

16 de octubre del 2020

Queridos hermanos de la Arquidiócesis de Denver:

Hoy, el Comité de Supervisión del Programa Independiente de Reparación y Reconciliación publicó un resumen provisional de la labor del programa, que incluye información estadística y las opiniones de los miembros del Comité sobre la eficacia del proceso.

Cuando las tres diócesis de Colorado anunciaron este programa en 2019, nuestra más sincera esperanza era que cualquier sobreviviente de abuso que no se hubiera presentado anteriormente lo hiciera, y que cualquier sobreviviente de abuso que no hubiera recibido previamente una compensación de la Arquidiócesis tuviera esa oportunidad a través de un proceso sencillo y no contencioso.

Como parte de lo informado hoy por el Comité de Supervisión, el programa recibió 66 reclamos relacionados con acusaciones de abuso por parte de sacerdotes arquidiocesanos, de los cuales 56 fueron considerados elegibles por los administradores del programa. 52 de esos sobrevivientes han aceptado las reparaciones ofrecidas por los administradores y han recibido el pago por parte de la Arquidiócesis. Hasta la fecha, ninguna víctima ha rechazado la oferta del programa. Quedan pendientes cuatro ofertas. De los 56 sobrevivientes considerados elegibles por los administradores, aproximadamente la mitad se presentó por primera vez.

A todos los sobrevivientes de abuso que se acercaron y participaron en el programa: me he reunido con todos ustedes que solicitaron una reunión en la que pude ofrecerles una disculpa en persona, y me reuniré con cualquier otra persona si así lo desean. Sé que otros han elegido un camino diferente para su sanación y, por supuesto, respeto sus deseos. Por favor, sepan, en mi nombre y en el de la Iglesia, que lamento profundamente el dolor y el daño que causó el abuso que sufrieron. Sigo firmemente comprometido a reunirme con cualquier sobreviviente que desee reunirse conmigo y hacer todo lo posible para que los problemas del pasado nunca se repitan. Sé que el dinero no puede curar completamente las heridas que sufrieron, pero espero que quienes se presentaron se hayan sentido escuchados, reconocidos, y que las reparaciones ofrezcan una medida de justicia y acceso a recursos.

Para aquellos sobrevivientes que aún no se han presentado: si bien el período de reclamos para buscar ayuda a través del programa de reparaciones ahora está cerrado, la posibilidad de buscar ayuda y apoyo de la Arquidiócesis permanece abierta. Los animo a que se presenten y denuncien su abuso a las autoridades policiales y luego a nuestra Oficina de Protección de Niños y Jóvenes. Incluso si no desean recibir asistencia de la Arquidiócesis, podemos ayudarlos a encontrar otros recursos que les brindarán la asistencia que necesitan.

Es importante destacar que todas las acusaciones hechas por las víctimas como parte del programa tuvieron que ser reportadas a las autoridades locales, y la información también fue entregada al Fiscal General (Phil Weiser) y al Magistrado Especial (Robert Troyer), quienes con el apoyo de la Iglesia y participación activa,  previamente estudiaron y emitieron un informe en 2019 sobre el abuso sexual de menores dentro de la Iglesia Católica en Colorado. Sabemos que algunas acusaciones fundamentadas en el Programa se hicieron contra sacerdotes no identificados previamente en el informe anterior. Desde el comienzo de nuestra cooperación con el Fiscal General, he prometido transparencia, y siempre se anticipó que sería necesario un suplemento al informe del Magistrado Especial para capturar la información que se presentó como resultado del Programa. De acuerdo con mi compromiso de transparencia, la identidad de los sacerdotes que fueron acusados ​​de actos indebidos, en el proceso del programa donde esas acusaciones se consideraron fundamentadas, según lo determinado por el Magistrado Especial y el Fiscal General, se incluirá en un anexo preparado por el Magistrado Especial que se prevé actualmente para noviembre.

Ninguno de los sobrevivientes que participaron en el programa informó abuso en los últimos 20 años, lo que significa que el abuso alegado en el programa, como el que se establece en el informe original del Magistrado Especial, involucra incidentes que ocurrieron hace décadas.

A medida que el programa está finalizando, me gustaría agradecer nuevamente al senador Hank Brown, la honorable Jeanne Smith, el juez jubilado David Crockenberg, la defensora de víctimas Nancy Feldman y la líder comunitaria Laura Morales por su tiempo y esfuerzo en supervisar este programa. También me gustaría agradecer a los administradores del programa Kenneth Feinberg y Camille Biros y su equipo por su trabajo con los sobrevivientes de abuso, especialmente en medio de una pandemia. Al igual que el Comité, nos complace que este acercamiento a los sobrevivientes haya podido llegar a tantos sobrevivientes en un período de tiempo tan corto y sin la adversidad y las presiones que nuestro sistema de justicia civil ejerce sobre los sobrevivientes.

También quiero reiterar las promesas que les he hecho a todos en nuestra Arquidiócesis. Este programa independiente y la revisión independiente realizada por las diócesis de Colorado en cooperación con el Fiscal General han puesto de relieve un capítulo espantoso en nuestra historia, pero también ha demostrado que los pasos que hemos tomado durante los últimos 30 años –incluyendo nuestra capacitación y el empoderamiento de miles de fieles feligreses y voluntarios en toda la Arquidiócesis– han sido efectivos. Sobre todo, nos ha enseñado a ser abiertos y a cuidar a las víctimas de abuso como mejor les parezca, y a estar siempre atentos para asegurarnos de que la Iglesia sea un lugar seguro.

Hoy estoy seguro de que el trabajo y el compromiso de nuestros sacerdotes, diáconos, empleados y voluntarios están haciendo que nuestras iglesias y escuelas se encuentren entre los lugares más seguros de nuestro estado para los niños. Sin embargo, este proceso continúa recordándonos que nunca podemos ser complacientes, que el mal acecha en todos los rincones de nuestra sociedad y que siempre debemos trabajar para detener a aquellos que desean hacer daño y violar la confianza de nuestros hijos. Sin duda, este trabajo ha reafirmado nuestra determinación de hacer todo lo posible para proteger a los niños en nuestra Iglesia y más allá. Únase a mí para orar por todos los sobrevivientes de abuso y por la sanación continua para ellos, sus familias y nuestra Iglesia.

En Cristo,

Arzobispo Samuel J. Aquila

Próximamente: ¿Qué es lo que está mal con el mundo? Yo

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Por qué estoy aquí?”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el Dr. Jared R. Staudt

Una vez, el editor del periódico The Times le preguntó al reconocido católico G.K. Chesterton: “¿Qué es lo que está mal con el mundo?”. Chesterton, el gran maestro del sentido común y el ingenio, respondió: “Estimado señor: Yo. Atentamente, G.K. Chesterton”.

“Yo”. Hay honestidad y humildad en reconocer que los problemas del mundo yacen en el corazón y no en ninguna fuerza social, política o económica externa. El problema que existe en el corazón es lo que causa los conflictos exteriores. Ciertamente, hay estructuras pecaminosas en el mundo, estructuras que surgen del pecado y lo alientan, como el comunismo, aunque estas solo tienen poder porque aprovechan la oscuridad que ya está en nosotros. El mundo está roto porque nosotros estamos rotos.

 

EL PECADO ORIGINAL: ¿ALGO VERDADERO?

Chesterton de nuevo apunta a la obvia realidad de nuestro estado quebrantado. Reconoce que “ciertos nuevos teólogos ponen en duda el pecado original, aunque es la única parte de la teología cristiana que realmente se puede comprobar”. Solo hace falta mirar alrededor para darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído. Debido a la caída, que surge con el pecado de Adán y Eva, cada ser humano después de ellos ha nacido al mundo sin los dones que Dios originalmente había destinado para nosotros. Él quería que viviéramos sin el mal y el sufrimiento, refugiados dentro de la protección del jardín, pero nosotros teníamos otros planes.

El Catecismo habla del efecto que el pecado original tiene en nosotros: “Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada ‘concupiscencia’)” (CIC 405). El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás.

 

VÍCTIMAS O CÓMPLICES

El pecado original apunta a la falta de la relación con Dios como el centro de lo que está mal con el mundo. Es un problema que todos enfrentamos, aunque queremos acusar a otros. De hecho, el no reconocer nuestro propio estado quebrantado y nuestro pecado ha sido un problema desde el principio.

Cuando Dios le pregunta a Adán por qué comió del fruto, Adán acusa a Eva, la compañera que Dios le había dado (acusando a Dios de manera implícita). Cuando Dios se dirigió a Eva, ella culpó a la serpiente por haberla engañado. Hay verdad en el hecho de que no pecamos aislados de otros. El problema viene del querer culpar los problemas del mundo en los demás, mientras actuamos como si nosotros fuéramos simples víctimas de fuerzas fuera de nuestro control.

Aun si reconociéramos que el origen del mal surge de nuestro corazón, todavía tenemos que enfrentarnos con la otra pregunta de por qué el mal existe en el mundo. Como Adán, muchas veces culpamos a Dios por permitir el sufrimiento en nuestra vida. Si estamos enfermos, perdemos el trabajo o un ser querido muere, inmediatamente le reclamamos a Dios cómo pudo haber permitido semejante cosa.

“El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás”.

 

DIOS ACTÚA EN EL SUFRIMIENTO

Dios no tenía la intención de que este mal formara parte de su plan original, ya que el sufrimiento entró al mundo por el pecado. El pecado es lo que se debe culpar por el mal físico y la muerte, no Dios. Como resultado de la caída, Dios permite que el mal físico ocurra en el mundo, aun cuando lo utiliza para hacer surgir un bien más grande.

A través de las dificultades físicas, Dios nos muestra que este mundo no es nuestro verdadero hogar (y ya no está destinado a ser un paraíso terrenal) y que fuimos hechos para algo más. No podemos estar demasiado cómodos aquí en la tierra. El sufrimiento nos recuerda esto y también la necesidad de confiar en Dios. Pero, aun peor que el mal físico, también existe el mal moral, que proviene completamente de nuestra libre elección. El sufrimiento que experimentamos puede incluso hacernos darnos cuenta del mal moral que existe escondido en nuestra vida, llamándonos a la conversión.

El sufrimiento y nuestro estado quebrantado nos llevan a nuestra propia limitación y necesidad de Dios. Aceptar este estado nos da libertad para poder enfrentarlo y abrazar la sanación en Cristo.

 

DIGO: “ESTOY BIEN”, PERO NO LO ESTOY

Esto me recuerda a una canción que muestra la reacción típica a nuestra propia rotura: “Estoy bien”. Con palabras hacia Dios, la canción refleja con precisión cómo intentamos ignorar lo que realmente está sucediendo dentro de nosotros.

“Digo: ‘Estoy bien, sí, estoy bien, oh, estoy bien, oye, estoy bien’, pero no lo estoy. Estoy roto. Y cuando está fuera de control, digo: ‘Está bajo control’, pero no lo está, y lo sabes. No sé por qué es tan difícil admitirlo, cuando ser honesto es la única forma de solucionarlo. No hay fracaso, no hay caída, no hay pecado que ya tú no conozcas. Entonces, deja que salga la verdad”.  Matthew West, “Truth be told”

El individualismo moderno nos dice que estaremos bien si simplemente confiamos en nosotros mismos, que podemos manejarlo y que somos débiles si buscamos ayuda en los demás. La fe cristiana se opone firmemente a esto, porque no podemos ignorar la rotura dentro de nosotros, dejarla sin resolver y ocultarla para que luego salga en forma de venganza. Tenemos que ser sinceros sobre quiénes somos. Somos personas quebrantadas y pecadoras que podemos experimentar la sanación y la gracia si enfrentamos la verdad y la dejamos salir a la luz.

 

QUE LA VERDAD SALGA A LA LUZ

¿Cómo dejamos que esta verdad salga a la luz? Durante la cuaresma, la Iglesia nos llama a la conversión, a través de la oración y la penitencia, y nos pide que confesemos nuestros pecados. Dejamos “que salga la verdad” cuando nos presentamos ante Dios, reconocemos nuestros pecados y le pedimos perdón. Aceptar nuestra debilidad nos lleva a acudir a Dios en busca de ayuda, permitiéndole quitar la oscuridad dentro de nosotros y llenarnos con su propia vida y luz.

 

DIOS SANA “UN CORAZÓN A LA VEZ”

Dios no simplemente elimina todos los problemas del mundo. Más bien, él entra en ellos, primero, asumiéndolos y haciéndose hombre en Jesús, y luego entrando en el centro de la rotura dentro de nosotros. Dios no está ausente del mundo que sufre, aun si no se muestra visiblemente para que todos vean y para así resolver dramáticamente las cosas de manera política. Dios arregla el mundo un corazón  a la vez, de manera más poderosa que el ruido que nos rodea, preparándonos para enfrentarlo y hacer nuestra parte en él.

 

LA SOLUCIÓN: ACUDIR A LA FUENTE DE SANACIÓN

Si soy yo lo que está mal en el mundo, entonces la solución también comienza conmigo. Mi estado interior quebrantado puede ser sanado por Dios (aunque no sea de manera perfecta en esta vida) para que yo pueda ser parte de la solución al problema del mundo. Puedo llevar a otros a Cristo para sanarlos, invitarlos a la Iglesia y específicamente a la confesión. Aunque las personas a menudo tienen miedo de confesar sus pecados, en realidad es un gran alivio y una fuente de sanación. Es un regalo poder compartir este alivio y sanación con otros. Y entre más personas hayan recibido este regalo, más grande será su impacto en el mundo. En esta cuaresma, tenemos la oportunidad de abrazar la solución de Dios, la sanación, que comienza con la raíz del problema: yo…

 

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