Católicos y protestantes ¿Se puede sanar esta ruptura?

El arzobispo Aquila asistirá al Quinto centenario de la reforma protestante

Este mes se conmemora el quinto centenario de la llamada Reforma Protestante. Esto nos recuerda cómo a partir de entonces el cristianismo se dividió en las miles de dominaciones que existen hoy.

Es tiempo de buscar una manera de avanzar hacia la unidad que Cristo siempre quiso para todos los cristianos. Un movimiento en el cual el Papa Francisco y también el arzobispo Aquila están haciendo esfuerzos para avanzar, aunque sea unos pasos más.

El 19 de marzo el arzobispo Aquila presidirá, junto con el obispo luterano James Gonia de Rocky Mountain Synod, un servicio para conmemorar los 500 años de reforma protestante. El servicio será dirigido por la Iglesia Luterana de Betania en Denver y será un hito muy importante en las relaciones locales ecuménicas entre católicos y luteranos.

 

Conmemoración de una tragedia

El padre Doug Grandon, vicario parroquial de Saint Vincent the Paul en Denver fue pastor evangélico y episcopaliano antes de ingresar a la Iglesia Católica y convertirse en sacerdote. Él señala que existe una distinción importante entre la celebración de la Reforma y su conmemoración.

“A diferencia de algunas iglesias protestantes, nosotros no celebramos la Reforma, más bien la recordamos como una serie de trágicos sucesos”, dijo el padre Grandon a El Pueblo Católico. “Y una mirada apropiada por el espejo retrovisor puede reconocer que la Iglesia Católica es responsable de gran parte de esa tragedia”.

El padre Grandon recordó cómo la Iglesia estaba en aquel entonces plagada de corrupción. Martín Lutero se opuso a la venta de indulgencias, lo cual provocó en parte sus famosas 95 tesis, pero también hubo otros problemas significativos como papas que fueron objeto de escándalo, sacerdotes con una pobre formación y obispos que no residían en sus respectivas diócesis.

“Esto no justifica las rupturas que había en el cristianismo, pero al menos nos hace entender cómo la gente perdió la fe en la Iglesia”, explicó el padre Grandon.

El Concilio de Trento, realizado entre los años 1545 y 1563 comenzó a implementar una dramática reforma en la Iglesia Católica que logró volver a encaminar muchos de esos puntos en los que se estaba fallando. “Fue ya demasiado tarde para volver a juntar varios de esos pedazos quebrados”, lamentó el padre Grandon.

Hoy las tres divisiones más importantes entre las dos iglesias  tienen su raíz en temas como la autoridad del Papa, la interpretación de las Escrituras y la naturaleza de la Eucaristía.

“Quinientos años después vemos esto como una real tragedia”, dice el padre Grandon, “pero vemos el Espíritu Santo actuando para darnos esperanza una vez más para que la Iglesia vuelva a ser una sola. Ha habido muchos diálogos fructíferos entre los representantes de las iglesias Católica y Luterana y ellos han hecho varias declaraciones acerca de la tragedia que ocurrió en el siglo XVI”.

En tiempos de división, medidas para la unidad

A pesar de que las iglesias todavía tienen varios puntos de discordias y desacuerdos, ha habido también en los últimos años muchos progresos para encontrar la reconciliación. En 1999 se publicó el documento titulado “Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación”, el cual estuvo firmado por la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial. Este documento indica que las dos iglesias comparten “un entendimiento común de que nuestra justificación se da por la gracia de Dios a través de la fe en Cristo”.

En 2015, católicos y luteranos reconocieron una vez más el camino hacia la unidad a través de una declaración conjunta que lleva el nombre de “Declaración sobre el camino” que resalta 32 puntos importantes que las dos iglesias comparten.

Actualmente, quizás, más que nunca, es crucial para los católicos y luteranos continuar fomentando esos puntos de acuerdo y unirnos como Cristo quiso que estuviera su Iglesia.

Scott Powell, director Aquinas Institute for Catholic Thought (Instituto Aquino para el pensamiento católico) en Boulder – Colorado, cree que esto servirá como una gran oportunidad para que los católicos y luteranos recuerden que ellos pertenecen a la misma familia y que están bajo la cabeza de Cristo, y para que vean que su familia está quebrantada.

“Cuando olvidamos que nuestra familia rota, no vemos que necesitamos reconciliarla”, dijo Powell. “Tenemos que ver la necesidad de ser solidarios unos con otros y reconocer cómo esto sucedió y cómo podemos avanzar porque somos una familia rota”.

El Papa Francisco y ahora el arzobispo Aquila le están dando a los católicos un “ejemplo muy necesario”, dijo Powell, sobre cómo hacer esto.

“Pienso que en parte la razón porque el arzobispo Aquila está haciendo esto es porque quiere que sus fieles vean a su pastor yendo, haciendo un esfuerzo y siendo un ejemplo de traer la reconciliación en algún nivel aquí”, dijo Powel. “Estamos encontrando un terreno común, no estamos disimulando las diferencias, pero al menos estamos juntos viviendo la solidaridad lo cual es muy bueno”.

Powel agregó que también es importante que la Iglesia Católica se reconcilie con la Luterana de manera particular por todas las innumerables denominaciones del cristianismo que existen ahora y que surgieron luego de la separación del luteranismo con el catolicismo.

“Es difícil traer reconciliación a menos que puedas regresar a la fuente de los hechos”, dice Powell. “La razón es que tenemos miles de dominaciones cristianas, aún en este país, es debido a la división que ocurrió en este grupo particular de personas”.

 

Una tarea de humildad

Si los católicos y luteranos se van a desfragmentar y a unificar una vez más, el padre Grandon enfatiza que en el diálogo debe ir acompañado de “el tipo más profundo de humildad”, tanto a nivel individual como corporal.

“No hay lugar en el catolicismo para una especie de triunfalismo”, dice. “Si vamos a experimentar el progreso en la reconstrucción de todas las diversas partes fragmentadas del cristianismo, tiene que haber una inmensa humildad en cada lado”.

Powell también enfatizó que cuando se establece un diálogo “tenemos que ser muy honestos acerca de los puntos de desacuerdo”. Esto también ayuda, dijo, a construir comunidades con personas de diferentes credos, que se permitan desde la libertad, discrepar sin que esto se convierta en un argumento hostil.

En su crucifixión, justo antes de entrar en la Gloria, Jesucruisto pidió al padre que está en el cielo: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.  Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno”. (J. 17, 20 – 21) La conmemoración de la Reforma es “una oportunidad para que los cristianos nos preguntemos: ¿por qué no somos uno?”, concluyó Powell.

Próximamente: El Evangelio de la Vida- La medicina de nuestros tiempos

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

Han pasado 25 años desde que San Juan Pablo II lanzó su histórica carta encíclica Evangelium Vitae – El Evangelio de la Vida – que hizo una contribución significativa a la comprensión de la Iglesia de cómo se debe valorar la dignidad humana de cada persona. A lo largo de los años desde su publicación, el mundo ha sido testigo de una erosión constante de las leyes y las creencias sociales comunes que han protegido esta dignidad dada por Dios, desde los cambios a lo que el estado reconoce como matrimonio, la forma en que tratamos a los ancianos, a la continuación destrucción del feto. El Papa Francisco ha unido su voz a esta enseñanza al enfatizar el valor propio de los no nacidos y los ancianos mientras habla fuertemente en contra de nuestra cultura de usar y tirar en todo el mundo.

Siempre he apreciado la naturaleza clara y profética de Evangelium Vitae. De hecho, la amenaza actual del virus COVID-19 será un momento decisivo en cómo nuestra sociedad trata la dignidad de cada persona. ¿“Respetaremos, protegeremos, amaremos y serviremos la vida, cada vida humana” (EV, 5) en la forma en que respondemos, o solo cuidaremos de nosotros mismos? ¿Respetaremos la vida de los ancianos tanto como de los jóvenes?

San Juan Pablo II tiene palabras de sabiduría para nosotros en esta elección: solo en la primera dirección “encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad” (EV, 5). Solo cuando los países siguen el Evangelio de la Vida, vendrá la paz verdadera y duradera.

En una entrevista para El Pueblo Católico, el padre Ángel Pérez subraya que la dignidad y el valor de cada persona tienen su origen en la imagen y semejanza de Dios. Hoy vemos la devaluación de la persona en la implementación generalizada de la creencia de que la verdad es relativa y determinada por cada persona. El Evangelium Vitae advierte que esta forma de acercarse a la vida lleva a las personas a llegar inevitablemente al punto de rechazarse unas a otras como obstáculos en el camino o como herramientas para la autosatisfacción. (Cf. EV, 20).

El padre Luis Granados aborda el aborto y la eutanasia como ideas que actualmente están de moda como principales amenazas contra la vida humana. Algunos han presentado el argumento de que el cambio climático o la inmigración son agresiones contra la vida humana que son tan moralmente graves como el aborto y la eutanasia. Pero estos problemas son cualitativa y moralmente diferentes. Entre las diferencias que resalta están el hecho de que un niño no nacido es inocente, que estos actos implican la toma directa e intencional de la vida, y que matar a los no nacidos, ancianos y discapacitados corrompe el corazón de la persona que quiere o participa en causar su muerte, de una manera que destruir el medio ambiente no lo hace.

La seriedad de estos importantes temas resalta los desafíos importantes que enfrentamos hoy en día. Como dice San Juan Pablo II, “perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida. A su vez, la violación sistemática de la ley moral, especialmente en el grave campo del respeto de la vida humana y su dignidad, produce una especie de progresiva ofuscación de la capacidad de percibir la presencia vivificante y salvadora de Dios” (EV, 21). Hemos visto crecer la obscuridad progresiva especialmente en los últimos 10 años con el suicidio asistido por un médico, la redefinición del matrimonio y algunos obispos, aún más tristemente, ya que deberían saberlo mejor, argumentando que el aborto es un tema preeminente en la votación. .

Como creyentes en la Resurrección y como personas redimidas por Jesús, somos llamados para entrar en esta oscuridad con la luz del Evangelio. En la lectura del Evangelio de Juan el pasado fin de semana, Jesús abrió los ojos del ciego, y muchos están espiritualmente ciegos hoy. Jesús desea abrir sus ojos si ponen su fe en él. Jesús nos enseña: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan. 8:12).

A medida que celebramos el 25 aniversario de Evangelium Vitae, las palabras de cierre de San Juan Pablo II resuenan aún más fuerte: “A todos los miembros de la Iglesia, las personas de la vida y para la vida, hago esta petición urgente, para que juntos podamos ofrecer a este mundo nuestras nuevas señales de esperanza y trabajar para asegurar que la justicia y la solidaridad aumenten y que se afirme una nueva cultura de la vida humana, para la construcción de una auténtica civilización de la verdad y el amor”. En este momento del coronavirus es bueno recordar esta esperanza y continuar construyendo una “civilización auténtica de la verdad y el amor”.

Que nuestra Señora de la Nueva Evangelización interceda por nosotros durante estos tiempos difíciles y nos ayude a estar atentos a la inspiración del Espíritu Santo para ver cómo podemos defender la dignidad de cada persona desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.