Centro San Juan Diego y la Universidad Anáhuac tendrán sus primeros licenciados

Mavi Barraza

(Foto referencial de la licenciatura en Ciencias Religiosas)

Desde su fundación, Centro San Juan Diego se ha distinguido por su preocupación en apoyar el desarrollo y superación de la comunidad hispana en diferentes ámbitos, pero sobre todo en la formación religiosa. Por lo tanto, en el 2009, CSJD inició un convenio con la Universidad Anáhuac de la Ciudad de México, para ofrecer una Licenciatura en Ciencias Religiosas. Dicho programa se ofrece a católicos de cualquier nacionalidad que hayan terminado los estudios de preparatoria y deseen especializarse en el área de las ciencias religiosas. Hasta ahora han terminado sus estudios dos promociones de 9 y 11 personas, los cuales recibirán el título de licenciados, tras varios meses y trámites en Estados Unidos y México. Así el 9 de diciembre se graduará la primera promoción.

La carrera está enfocada en el aprendizaje de los estudios de filosofía, teología, historia y ciencias humanas afines. Aunque esta concentración de estudios suene un tanto difícil, lo más importante para concluirla es el deseo y el compromiso por parte del estudiante interesado.

Según Alfonso Lara, director hispano de evangelización de la Arquidiócesis de Denver y coordinador del programa de estudios, “el modelo que seguimos es ‘a distancia’ y planeado para un tipo concreto de estudiantes adultos, con empleo de tiempo completo, con vida familiar y un ministerio apostólico a nivel parroquial o diocesano”.

Ya que las clases son presentadas a través de video conferencias en vivo, se requiere que los estudiantes asistan a Centro durante algunos fines de semana. “Esto se hace con el fin de formar una comunidad de estudiantes que se conozcan y puedan establecer una relación a futuro y que se conviertan en colaboradores en la evangelización de nuestra Arquidiócesis”, dijo Lara.

Según el coordinador del programa, una Licenciatura en Ciencias Religiosas puede tomarse para incrementar el crecimiento personal en el entendimiento de la fe, la Doctrina y Magisterio de la Iglesia, prepararse y poder ser empleado en un rol de liderazgo a nivel parroquial o diocesano, o para emplearse en la pastoral juvenil o pastoral catequética, e incluso como maestro de religión.

En relación con los requisitos para matricularse, Alfonso comentó que lo primero es tener el deseo y capacidad para comprometerse a un proyecto de formación a nivel superior, ya que la carrera toma aproximadamente 5 años. Además, se debe contar con una carta de recomendación de su párroco, el acta original de nacimiento y un certificado original de secundaria y preparatoria, o su equivalente, dependiendo del lugar donde se estudió; el GED puede ser aceptado bajo algunas circunstancias.

Claudia Escobedo, egresada de la carrera, comenzó sus estudios en el 2010, luego de escuchar en su parroquia que la Licenciatura en Ciencias Religiosas se estaría ofreciendo en Centro. En ese entonces, ella era catequista en la parroquia San pio X y forma parte de la Renovación Carismática. Su compromiso fue tal que durante seis años asistió a clases los sábados (cada quince días). Durante este tiempo, nacieron dos de sus cinco hijos, y en ningún momento dejó de asistir a clases. ¿De dónde sacaba el tiempo? “¡Dios provee!”, dijo entre risas esta tapatía. “Lo disfruté mucho, intensificó mi fe, me enamoré, y me siento muy contenta por el llamado de Dios, porque yo creo que esto es una misión”, añadió.

La licenciatura es válida en México y en cualquier otro país, siguiendo los estándares regulares para personas profesionales. El costo de la carrera en total, que incluye libros y costos de titulación, no alcanza los 10 mil dólares. Los cursos inician cada cuatrimestre en enero, en mayo y en septiembre. En abril del año entrante se estará graduando un grupo más que cuenta con 15 alumnos.

Para terminar la entrevista, Alfonso Lara envió un mensaje de invitación a los interesados: “Generalmente las personas son invitadas a inscribirse por nosotros o por sus párrocos porque se les nota el deseo y capacidades de servir en la Iglesia, pero quiero indicar a quien esté interesado, nada pierden con acercarse a pedir información sobre esta licenciatura, aunque nadie les haya invitado”.

En este momento se abre la invitación a los interesados que quieran inscribirse para iniciar clases en mayo del 2019.

 

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En CSJD se ofrecen clases de GED y de computación en español, y son posibles gracias a voluntarios que dan de su tiempo para enseñar. La clase de Preparación para el GED en español consiste en cuatro materias: Ciencias sociales, ciencias naturales, matemáticas y lenguaje.
El GED es equivalente al certificado de High School en los Estados Unidos y muchas personas lo toman para poder conseguir un mejor empleo o para seguir estudiando. Actualmente cuentan con 45 estudiantes.

También ofrecen clases de computación, tanto un curso básico como uno avanzado. El curso básico está diseñado para estudiantes que no saben cómo usar una computadora, desde cómo prenderla hasta cómo usar el internet y crear una cuenta de correo electrónico. Para el curso avanzado, se enseña el uso de internet para otras actividades y los programas de Microsoft: Word, Excel y PowerPoint. Estos cursos se ofrecen por lo menos 8 veces al año.

Las clases de GED y computación comienzan en enero. Si te sientes llamado a compartir tus talentos de esta forma, ¡nos gustaría conocerte!

Comunícate con Laura Becerra al (303) 282-3370. ¡Te esperamos!”

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla