Clínica Bella busca la salud de la mujer

Escritor Invitado

Por: Roxanne King

Hace cuatro años la enfermera Dede Chism y su hija Abbey Sinnet abrieron la clínica Bella Natural Women’s Care ofreciendo a la mujer un cuidado natural, científico y holístico. Cuando la abrieron, el 8 de diciembre de 2014, no tenía pacientes, pero ellas tenían sus corazones llenos de fe y esperanza. Ahora se llama Bella Natural Women’s Care and Family Wellness (Bella, cuidado natural para la mujer y el bienestar de la familia n.d.t)

Cuenta con 7.000 pacientes y registros, unos 200 nuevos cada mes y sus oficinas están localizadas en 180 E Hampden Ave en Englewood. Debido a la alta demanda, Bella agregó el servicio de medicina familiar en 2016. Esta práctica ha crecido tanto que Bella ahora está expandiendo su clínica, originalmente con 4.000 pies cuadrados a 1.200 pies cuadrados, principalmente para la medicina familiar. Bella ahora dirige dos clínicas satélites en asociación con las oficinas de Marisol Health y de Caridades Católicas. Y el modelo de Bella está siendo replicado en diferentes lugares del país.

“El éxito de nuestra oficina es porque Jesús está en la casa”, dijo Chism a El Pueblo Católico, durante un recorrido que nos hizo por Bella y que inició en la capilla, la cual es esencial para que los iniciadores de este proyecto siempre recuerden la inspiración en el Espíritu Santo.

“Mi hija y yo justo vinimos hace poco de una misión médica en los Andes del Perú donde encontramos que había muchas rupturas en las personas”, dijo Dede. “Y le dije a ella: ´Creo que nuestro Señor nos está pidiendo traer esto a casa´. Abbey me contestó: ´Yo creo exactamente lo mismo´”. Al regresar a Colorado, ellas encontraron apoyo en el arzobispo Samuel Aquila, quien estuvo en la bendición de Bella, dos años después, cuando finalmente este dúo de madre – hija lograron abrir este centro de salud.

Desde el año 2014, Bella ha crecido de un equipo de seis personas a 34. El equipo médico incluye tres doctoras, una enfermera obstetra y cinco enfermeras más. Recientemente contrataron a la doctora Dr. Kathleen McGlynn un discípulo de Dr. Thomas Hilgers, fundador del instituto y pionero del método de Planificación Natural Familiar y de la regulación de la fertilidad, aprobado por la Iglesia Católica.

Armado con un fondo en ciencia de vanguardia que aborda la infertilidad y los problemas ginecológicos y obstétricos, McGlynn ingresó a Bella en marzo. “Encontramos nuestros métodos para restaurar el cuerpo y las hormonas como ellas lo necesitan. Esto es tan efectivo – sino más efectivo (que la fertilización in vitro), dijo Dede.

Bella se siente orgullosa de sí misma de acoger la dignidad de la persona humana usando los más altos estándares de prácticas ginecológicas, obstetras, de fertilidad, nutrición y salud de la familia. Siguiendo las políticas de defensa de la vida, ellos también ofrecen revertir el aborto.

Bella acepta seguro de salud, o pago individual. Los pacientes no son rechazados y cerca de la tercera parte de ellos no pueden pagar la tarifa completa de las citas, según afirma Dede. Por ello Bella recibe también donaciones.

“Estamos entusiasmados de lo que pasa y de cómo el Señor puede hacer cosas que serían imposibles para el hombre”, dice. “Pensamos que la gente del norte de Colorado puede sentir esperanza de lo que el Señor ha hecho con el sí pronunciado por este dúo de chicas”.

 

 

Próximamente: Santos fuertes para nuestros tiempos de duda

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla