Colorado quiere abolir la pena de muerte

Arzobispo Aquila y senadores demócratas y republicanos comparten su opinión

Vladimir Mauricio-Perez

“Colorado no debería perpetuar el ciclo de violencia tomando más vidas” dijo el arzobispo de Denver Samuel J. Aquila a El Pueblo Católico en respuesta al proyecto de ley introducido por el Senado Estatal para revocar la pena de muerte el pasado 4 de marzo.

El Pueblo Católico contactó también a dos senadores, un demócrata y un republicano, que esperan abolir la medida presente con el proyecto de ley SB 17-095: la senadora Angela Williams, D-Denver, principal patrocinadora del proyecto y feligrés de la parroquia Cure D’Ars en Denver; y el senador Kevin Priola, copatrocinador inicial de la propuesta y feligrés de la parroquia St. Augustine en Brighton.

El Pueblo Católico: ¿Por qué deberíamos revocar la pena de muerte en Colorado?

Arzobispo Aquila: Porque la vida humana es intrínsecamente buena, aunque una persona elija cometer un crimen horrible. En el pasado, la pena de muerte tenía sentido en ciertas circunstancias, ya que a la sociedad le costaba protegerse de los asesinos. Sin embargo, nuestro sistema penitenciario ha mejorado hasta el punto de que podemos proteger la dignidad de la vida humana y la sociedad. Por ello, Colorado no debería perpetuar el ciclo de violencia tomando más vidas, especialmente cuando la efectividad de la pena de muerte como medida para disuadir el crimen ha sido puesta en duda.

Senadora Williams: Creo que hay varias razones. Primero, sabemos que la pena de muerte no se ha utilizado en Colorado desde 1997. Segundo, sabemos que la petición a la pena de muerte ha sido aplicada de manera desigual, y tenemos muchos informes y estudios que lo comprueban. Las tres personas que en el presente se encuentran condenados a muerte son tres hombres afroamericanos, todos del condado de Arapahoe, todos fueron a la misma preparatoria y todos fueron juzgados en el mismo distrito judicial. También sabemos que alrededor de $3.5 millones se emplean en casos de pena de muerte sin incluir el proceso de apelación, frente a solo alrededor de $150,000 que se emplean en casos de cadena perpetua sin derecho a libertad.

Además, desde mi fe católica creo en la inviolabilidad de la vida, que fue Dios quien nos creó en su imagen, que es él quien la da desde la concepción hasta la muerte natural. Y simplemente no creo que deberíamos usar la pena de muerte y tomar la vida de las personas. No es nuestra decisión, es la del Creador.

Senador Priola: Desde el punto de vista de la fe, creo y estoy de acuerdo con lo que enseña la Iglesia. Creo que al quitarle la vida a alguien se le roba la oportunidad de arrepentirse de lo que ha hecho. También ha habido casos en los que personas inocentes han sido ejecutadas.

Desde el punto de vista práctico y desde todo lo que pasa en Colorado, los prisioneros que están condenados a muerte tienen que esperar décadas, lo que cuesta decenas de millones de dólares. En la era moderna ya tenemos la habilidad de encarcelar a prisioneros de por vida.

EPC: ¿Cuáles son las probabilidades de que Colorado anule la pena de muerte?

SW: Creo que tenemos una gran probabilidad de abolirla este año. Los demócratas tenemos el control de la Oficina del Gobernador, el Senado y la Cámara de Representantes. Me siento optimista de que el proyecto se aprobará; además, el gobernador dijo que la firmaría si llegaba a sus manos.

SP: Muy probable. Tiene el apoyo de ambos bandos de la política y creo que hay suficientes personas que están de acuerdo para aprobar la propuesta.

EPC: ¿Cómo ha influido su fe católica a la hora de abordar este tema?

AA: Creemos, como mucha gente de fe, que Dios creó a cada persona en su imagen y semejanza. Este hecho debería ser el cimiento de nuestras leyes. El hecho de ser un bebé no nacido, una persona con alguna discapacidad o un criminal no cambia la dignidad innata. Es posible que nuestro pecado desfigure esa semejanza, pero nuestra identidad subyacente no es algo que se pueda perder.

Cuando el estado participa innecesariamente tomando la vida de alguien, aunque sea la vida de un culpable, perpetra más violencia y roba al criminal la oportunidad de arrepentirse.

SW: Nací y me crié en una familia que ha sido católica desde mis antepasados, así que estamos firmemente arraigados en la Iglesia y sus enseñanzas. Hemos visto al Papa Francisco, al Papa Benedicto XVI y al Papa Juan Pablo II pronunciarse en contra de la pena de muerte por la enseñanza de la Iglesia y la inviolabilidad de la vida. Creo que la vida es muy valiosa, y también me preocupo por cómo a través de nuestra fe podemos ayudar a los presos a obtener algún tipo de redención.

SP: He leído muchas de las encíclicas de los papas, he leído el Catecismo sobre este tema y asistí a la Catholic Biblical School por tres años antes de postularme como candidato. Así que creo que tengo una buena comprensión de lo que la Iglesia enseña y creo que sus razonamientos son completamente válidos.

EPC: ¿Qué les diría a otros legisladores católicos, sean demócratas o republicanos, si están indecisos sobre este tema?

SW: Diría que moralmente, nosotros como católicos, no deberíamos decidir cuándo se debe tomar una vida. Y si ellos están comprometidos con la doctrina y enseñanzas de la Iglesia, entonces espero que también se basen en eso… Creo, igualmente, que a largo plazo debemos enfocarnos en reformar el sistema penitencial. Además, es necesario aceptar que hemos estado muy cerca de ejecutar a personas inocentes.

SP: Les diría que hablaran con otros católicos y personas que creen que es hora de deshacernos de la pena de muerte sobre los motivos filosóficos y espirituales del porqué. Me sentaría con ellos y repasaría los pros y contras de revocarla: el presupuesto estatal y la ley y prácticas vigentes.

EPC: ¿Le gustaría agregar alguna otra cosa?

SW: Solo diría que si nosotros, como Estado de Colorado, podemos esforzarnos para reparar un sistema disfuncional, implementando una justicia reparadora para las víctimas y los delincuentes… sí podemos reformarlo.

SP: Creo que la pena de muerte forma parte de un diálogo que nosotros los legisladores debemos tener sobre la inviolabilidad de la vida, ya sea respecto a la reducción de daño por abuso de drogas, cuestiones pro vida que tratan con la concepción de niños no nacidos e incluso la eutanasia.

EPC: ¿De qué manera sirve la Iglesia en Colorado a los presos, y qué frutos se han visto de estos ministerios?

AA: La arquidiócesis sirve a más de 40 establecimientos de detención en el norte de Colorado. A los reclusos que están dispuestos a recibir visitas se les da un rosario, una Biblia, los sacramentos e incluso guía espiritual personalizada.

Lo frutos de nuestros esfuerzos para llevar a Cristo a los presos son alentadores. Nuestros sacerdotes y diáconos cuentan haber visto muchas conversiones, incluyendo a hombres y mujeres que han sido condenados a cadena perpetua. Hemos visto que en el periodo de varios años estos hombres y mujeres han encontrado a Cristo y eso ha cambiado su semblante, cómo se relacionan con sus compañeros reclusos y hasta su reverencia en la participación de los sacramentos.

Aunque algunas de estas personas saben que nunca saldrán de prisión, han sido transformadas por su encuentro con Cristo. Deberíamos estar preocupados por la salvación de cada persona, incluso la de los prisioneros; y la cadena perpetua les ofrece esta oportunidad.

Próximamente: Santos fuertes para nuestros tiempos de duda

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla