Conoce a los nuevos sacerdotes de Denver

El próximo 25 de mayo serán ordenados cinco nuevos sacerdotes para la Arquidiócesis de Denver, uno de ellos de origen hispano. 

Julio Cesar Amezcua: Originario de Madrid, España, asistió a una escuela católica. A los 21 años se mudó a Denver donde estudió psicología en la Metropolitan State University. Allí conoció al padre Ángel Pérez-López, quien le ayudó a crecer en la fe. En 2009 Comenzó a asistir a una de las comunidades del Camino Neocatecumenal. Después sintió que Dios lo llamaba a ingresar al seminario Redemptoris Mater. Sirvió como misionero en Boston por un año donde se enfrentó con una intensa secularización. “Esto me abrió los ojos a las dificultades que enfrentamos si es que no evangelizamos”, dijo.

Adam Bradshaw: Nació en Austin y creció en Houston, Texas. En el año 2005 su familia se mudó a Golden, Colorado. Estuvo en un programa de RCIA (iniciación a la fe católica) cuando sintió por primera vez el llamado al sacerdocio. Cultivo su fe en la paroquia San Joseph en Golden. Después de entrar en comunión plena con la Iglesia, decidió ingresar al seminario. Asegura que lo que más le alegra de su próxima ordenación es “traer a Cristo a las vidas de todos estos hijos (de Dios) y administrarles los sacramentos”.

Witold Kaczmarzyk: Original de Polonia, estudió física en Varsovia, donde comenzó a profundizar más en su fe y a preguntarse sobre su vocación. Después de trabajar como tutor de ciencias, de ser empleado de ventas y de estar enamorado de una chica, Kaczmarzyk sintió que Dios lo llamaba a ingresar al seminario. Primero estuvo en su diócesis (Kalisz, Polonia) y luego fue transferido al seminario Sts. Cyril and Methodius en Detroit, el cual busca formar a seminaristas polacos para servir en los Estados Unidos. Lo que más le entusiasma de ser sacerdote es “amar, servir y caminar” con las personas de la Arquidiócesis de Denver.

Mateusz Ratajczak: Nació en Pila, Polonia y es el mayor de seis hijos. Se sintió atraído por el sacerdocio cuando tenía ocho años y comenzó sirviendo como acólito, pero cuando era adolescente se reveló contra su familia y contra la fe. Sin embargo, a los 18 años el Señor lo llamó de regreso a la Iglesia a través del Camino Neocatecumenal e ingresó al seminario Redemptoris Mater de Denver. Estuvo tres años como misionero en las islas del Océano Pacífico, donde dice “experimenté la providencia de Dios diariamente”. Asegura que como sacerdote quisiera “compartir con otros la inmensa misericordia de Dios que he experimentado en mi vida”.

Thomas Scherer: Original de Denver, comenzó a considerar el llamado al sacerdocio cuando estaba en la universidad. Y fue en una ordenación sacerdotal en el año 2011 a la que asistió que, mientras que aquellos hombres estaban postrados en el suelo y pidiendo la intercesión de los santos, él sintió que Dios le decía “eso es lo que quiero para ti”. Realizó sus estudios en el Norteamerican College en Roma y dice que lo más hermoso de vivir en la Ciudad Eterna ha sido “estar cerca de los santos, rezar en sus tumbas, ser formado por su testimonio de fe y caridad” así como “aprender más de la universalidad de la Iglesia con compañeros provenientes de todas partes del mundo”.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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