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lunes, diciembre 5, 2022
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Cristo encomendó la revelación a la Iglesia católica

Dios depositó la revelación en manos de la Iglesia para que ella, como Iglesia de Cristo, custodiara la integridad y la unidad de este depósito de fe. Si Dios hubiera dejado la revelación en manos de solo hombres, esta unidad se habría roto, y la integridad y verdad se habrían contaminado, tal como lo ha demostrado la historia. Es la historia misma que nos enseña que la Iglesia ha sido la defensora y quien ha conservado esa unidad e integridad de la revelación en las Sagradas Escrituras y en la celebración de los sagrados misterios en la liturgia.

Sagradas Escrituras

Dios, en su bondad, y para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas. Es a través de todas las palabras de la Sagrada Escritura que Dios dice solo una palabra, su Verbo único, en quien él se da a conocer en plenitud: Jesucristo. Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras como también siempre ha celebrado la Eucaristía, la cena del Señor, creyendo en su misterio y adorando la magnífica presencia real y total de Cristo en el pan y vino consagrados.

En las Sagradas Escrituras, la Iglesia encuentra su alimento y su fuerza, porque son realmente palabra de Dios y no meramente palabras humanas. Es a través de los libros sagrados que el Padre celestial amorosamente conversa con sus hijos. Por ello, necesariamente debe conservar su verdad y su integridad, cuya custodia está encargada solo a la Iglesia.

Al mismo tiempo, la palabra de Dios constituye sustento y vigor para la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma y fuente de vida espiritual. Por eso la Iglesia recomienda de una manera muy especial a todos los fieles la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras como alimento espiritual y como medio de encuentro personal con Cristo presente espiritualmente en ellas. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado solo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercitan, en nombre de Jesucristo, los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el papa.

La tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los libros santos. Esta lista integral es llamada “canon” de las Escrituras. (Se denomina canon bíblico a la lista de libros que son aceptados por la Iglesia como texto sagrado de inspiración divina).

Sacramentos

Por otra parte, toda la vida de la Iglesia gira en torno a la celebración de la Eucaristía y los sacramentos. Basados en la doctrina de las Sagradas Escrituras y la tradición de la Iglesia, afirmamos que los siete sacramentos fueron instituidos por Nuestro Señor Jesucristo y confiados solo a la Iglesia para que fueran administrados por ella a todos los hombres a lo largo de todas las generaciones. Los sacramentos, como fuerzas que brotan del Cuerpo de Cristo siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en la Iglesia, son las obras maestras de Dios y son confiados solo a ella.

La Iglesia a lo largo de su caminar siempre en la presencia del Espíritu Santo, y por el mismo Espíritu, reconoció poco a poco este precioso tesoro recibido directamente de Cristo y así precisó la forma de dispensarlos en las diferentes épocas.

Así como el canon de las Sagradas Escrituras fue un fruto de la tradición de la Iglesia, así la Iglesia ha precisado que son siete los sacramentos instituidos por el propio Señor. Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres. Estos requieren a la vez que el hombre se acerque con fe. Si bien nuestra fe no constituye el sacramento, sino el poder de Cristo y el Espíritu Santo, yo, como fiel, soy invitado a unirme a esa profesión de fe celebrada.

Los sacramentos celebrados correctamente y con las disposiciones requeridas por parte de quien los recibe, confieren la gracia que significan, porque es Cristo mismo quien está actuando en ellos por medio de su Iglesia y de sus ministros. Son eficaces también porque su poder mana de la fuerza salvífica de la obra de Cristo, no de quien, a título personal, los está celebrando. Así, siempre que un sacramento es celebrado según la fe de la Iglesia y conforme a su intención, el poder de Cristo actúa.

La Iglesia es depositaria de estos grandes tesoros: las Sagradas Escrituras y los sacramentos, dentro de los cuales se destaca la Eucaristía. Nosotros como miembros de la Iglesia debemos amar, defender, practicar, promover, vivir y salvaguardar estos maravillosos tesoros hasta el final de los tiempos.

 

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada «El tesoro de los Apóstoles». Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

 

Mons. Jorge de los Santos
Monseñor Jorge de los Santos es el párroco de la iglesia de Nuestra Señora Madre de la Iglesia en Commerce City, Colorado.
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