De una figura de espuma de San Miguel de Arcángel a una “Plaza de los Ángeles”

Rocio Madera

El año pasado, el padre Rocco Porter de la iglesia St. John XXII en Fort Collins, presentó la campaña capital “Undeniable Presence” un proyecto de cinco años que dará forma al futuro de un sinnúmero de estudiantes de la Universidad CSU.

Se trata de la construcción de una nueva iglesia que estará situada justo al frente del extremo oeste de la universidad. Durante los últimos anos, el aumento en la participación de estudiantes en la parroquia St. John XXIII ha creado una falta de espacio para poder evangelizar a los estudiantes a través de los distintos ministerios que se ofrecen, por lo que la nueva iglesia no solo creará una presencia indiscutible de Dios en el campus universitario, sino que ayudará a ofrecer mejores recursos para la evangelización de los estudiantes.

La nueva iglesia de St. John XXIII será construida en un estilo románico tradicional y la propiedad también contará con viviendas para estudiantes católicos de la universidad. La belleza de la nueva iglesia será clave en la misión de atraer a los estudiantes.

En el exterior de la iglesia se construirá una amplia plaza con una fuente de agua en donde será colocada una estatua de bronce de San Miguel de Arcángel, el santo a quien el padre Rocco decidió dedicarle el éxito de este proyecto y quien los ha guiado desde el primer día.

Cuando el padre Rocco decidió colocar una estatua de San Miguel de Arcángel en la plaza de la nueva iglesia, nunca se imaginó que iba a ser testigo de un maravilloso testimonio. Tras una búsqueda de la escultura correcta que iría en la iglesia y varias conversaciones con gente de su comunidad, el padre Rocco dio con la pieza clave para su iglesia. Fue así como supo de Herb Mignery, artista y creador de la obra de arte.

“Pude haber elegido la estatua de cualquier otro lugar del mundo y probablemente hubiese tenido que viajar a algún lugar para buscarla y luego encontrarme con la escultura, pero Dios me llevó a la que estaba aquí en Fort Collins, todo este tiempo esperando ser vista y para ser utilizada en este proyecto”. Dijo el padre Rocco.

La estatua de San Miguel Arcángel que se colocará en la plaza de la nueva Parroquia de St. John XXIII en Ft. Collins. (Foto proporcionada)

En 1997, la iglesia St. Michael’s Catholic Church en Nebraska, le encargó a Mignery construir una figura de San Miguel de Arcángel que sería colocada en esa iglesia. Según Mignery, luego de pasar días formando y construyendo la pieza preliminar de San Miguel sacando a los demonios del cielo, sintió que talvez podría ser demasiado violento para las personas que asisten a la iglesia, por lo que consideró la idea de construir a San Miguel simplemente de pie e inofensivo con su espada a un lado. Sin embargo, un hecho insólito hizo que Mignery continuara con su idea inicial.

Por lo regular, Mignery forma el interior de sus esculturas con piezas de styrofoam (espuma de poliestireno) que se pegan al expandirse una espuma que sale de una lata. La espuma se expande y se convierte en un material firme con el que se pueden crear distintas figuras para luego aplicar el barro en las superficies. Esta espuma es un material muy común que Mignery solía dejar en su área de trabajo, donde menciona que en algunas ocasiones la lata escurría un poco de espuma pero no más grande que una pelota de golf.

Mientras el artista decidía en la escultura de San Miguel de Arcángel, una mañana encontró en su mesa de trabajo lo que jamás se imaginó. La espuma había explotado y formado la imagen de San Miguel de Arcángel.

“Una mañana que llegué encontré una lata que había sido colocada en la base de la escultura y que había escurrido una imagen de aproximadamente 12”x 12”… Sin embargo, la verdadera sorpresa fue cuando de repente me di cuenta de que era una imagen espeluznante de mi escultura de San Miguel de Arcángel en acción”, expresó Mignery.

Fue en ese momento que el artista decidió volver a su idea original, y retomó su proyecto de San Miguel de Arcángel espantando a los demonios. Mientras tanto ese mismo año en Colorado, el padre Rocco se ordenaba como sacerdote.

La forma de espuma que se asemeja al diseño original de Mignery para el St. Michael, está en exhibición en una vitrina en St. John XXIII. (Foto proporcionada)

Una vez finalizada la escultura, fue guardada durante años de un lugar a otro hasta llegar a St. Elizabeth Ann Seaton Parish en Fort Collins, donde Luke Hecker, director de la Campaña Capital y el padre Rocco encontraron la pieza que faltaba para su nueva iglesia. Poco después de encontrar la escultura, el padre Rocco logró contactar a Mignery, y luego de juntar las piezas decidieron que la obra de arte debería estar en la plaza de la nueva iglesia de St. John XXIII. Mignery no solo estuvo de acuerdo en que su obra de arte pertenecía a St. John XXIII, también le regaló la pieza de styrofoam al padre Rocco y a su parroquia.

Para Luke, la escultura de San Miguel representa más que un simple adorno para la iglesia, es una luz en medio de la oscuridad que está presente para derrotar el mal.

“Cuando miro esta escultura, es Dios diciéndonos que la luz vence a la oscuridad. Y en esta imagen de San Miguel Arcángel, él está demostrando lo fácil que es. Si miras el rostro de San Miguel, él es solo un niño, una pieza sutil. Y si miras las caras de los demonios, reconoces que están completamente derrotados”, dijo Luke.

Un mensaje de esperanza que tanto Luke como el padre Rocco quieren transmitir a los estudiantes que entren a la iglesia a través de la “Piazza of Angels” o “Plaza de los ángeles”. Un refugio de Dios donde estarán protegidos y donde el mal no tiene lugar.

“Que cuando los estudiantes entren por las puertas y van a San Miguel, sientan su presencia, que reconozcan que esta es tierra es santa y que está divinamente protegida por Dios y que están a salvo aquí. Esta es una comunidad católica donde Dios puede formar sus almas a su imagen y semejanza, y pueden entablar una amistad genuina y real con otros, hombres y mujeres jóvenes de su edad y disfrutar de esta amistad sacramental”, expresó Luke.

Por otro lado, para Mignery esto es simplemente un trabajo de Dios, quien lo eligió como instrumento para darle un mensaje muy claro que él debe llevar a los demás.

“Mi nombre debería ser removido porque esto no tiene ningún reflejo en mí personalmente ni en mi carrera profesional. Es estrictamente San Miguel manifestándose, así que siento que Dios y San Miguel dijeron ‘Oye, necesitamos algo para mostrarle a la gente en forma física que estamos allí, estamos aquí, frente a ti, estamos aquí contigo y estamos mirando” agregó Mignery.

Próximamente: Cómo responder a la violencia y confusión en el Capitolio

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En estos tiempos turbulentos, todos se están haciendo la misma pregunta: “¿Cuál es la verdad?”. Según se conteste esta pregunta, y dado el relativismo de nuestro día, nos dividimos en bandos. La división se hizo totalmente manifiesta cuando un grupo de personas irrumpió en el Capitolio en Washington D.C. el pasado 6 de enero. En ese momento, vimos estallar claramente la ira y la violencia, generados por sentimientos de supresión de derechos, justo como lo habíamos visto los meses anteriores en muchas de nuestras ciudades más grandes. Tanto la derecha como la izquierda han recurrido a la violencia, lo cual es inaceptable en una sociedad civil y democrática.

¿Cuál es la raíz de esta agitación? Nuestro país está sufriendo de la descomposición de la integridad moral común y las verdades que la constituyen y que nos han permanecido unidos por unos 245 años. Ahora, cuando las personas buscan la verdad sobre casi cualquier tema, no encuentran una sola respuesta. En cambio, se encuentran con una multitud de voces contrapuestas, cada una con su propia agenda. Cada vez es más difícil encontrar una persona o una organización que busque el bien común.

Pero ¿qué debería un católico hacer durante este tiempo? ¿Cómo deberíamos responder a los constantes ataques a nuestros valores nacionales y religiosos y el deterioro de la buena intención hacia nuestro prójimo?

La única solución que reparará la debilitada integridad moral de la sociedad es la búsqueda de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Recuerdo ahora mismo ese verso del salmista que dice “Aunque braman las naciones y tiemblan los reinos, él lanza su voz y la tierra se deshace. El Señor de los Ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob” (Sal 46,7-8). Él es el único que puede penetrar nuestra postura y retórica y disipar la tiniebla de la confusión. Jesús, la Palabra de Dios, nos revela a nosotros mismos y nos muestra el camino a la felicidad verdadera, como individuos y como sociedad.

Para permitir que Dios haga esto, debemos redescubrir el valor del silencio y pasar tiempo con él en su Palabra y los sacramentos. Tal como Dios se mostró a Elías en el monte Horeb, no estaba en el gran viento, en el terremoto o en el fuego; estaba en “el susurro de una brisa suave” (cf. 1 Reyes 19,9-12). Esto significa que debemos poner nuestra confianza de salvación en Cristo y buscar su sabiduría sobre cómo vivir, en vez de convertirnos en comentaristas, políticos o partidos políticos. Ellos pueden promover legislaciones o dar discursos que contienen verdad, y eso es loable y debe apoyarse cuando suceda. Pero no debemos olvidar que estamos hechos para el cielo y estamos llamados a construir el reino de Dios, no una utopía en la tierra. Jesús nos recuerda que primero debemos buscar “el reino de Dios” y “la voluntad del Padre”. San Pablo les recordó a los romanos, y hoy nos recuerda a nosotros, “No os acomodéis a la forma de pensar del mundo presente; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2).

Esto significa ver tanto a nuestros amigos como a nuestros enemigos como hijos e hijas del Padre, sin importar sus creencias, etnias o afiliación política. Esto implica adoptar la visión de la Madre Teresa, de San Francisco o de Julia Greeley. Vieron a otros como Jesús lo hace.

Cuando Jesús se encontró con la mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, sino que la llamó al arrepentimiento. Tanto San Francisco como la Madre Teresa experimentaron un llamado a cuidar de los despreciados, lo que ciertamente aplica a nuestro ambiente sobrepartidista. En vez de los leprosos o enfermos abandonados a su muerte en los desagües que San Francisco y la Madre Teresa cuidaron, se nos está pidiendo a cada uno de nosotros que veamos a nuestros vecinos, familiares, amigos o enemigos con los ojos de Jesús. San Francisco se conmovió y besó a un leproso y después se dedicó a cuidarlos. La Madre Teresa fue llamada a recoger a los enfermos y moribundos y defender a los no nacidos. Nosotros estamos llamados a hacer las mismas obras de misericordia, pero también a amar a otros como Cristo no ha amado. No podremos hacer esto al menos que recibamos el amor de Dios y reconozcamos que él es real.

Que nuestra Santa Madre, Reina de la Paz, interceda por nosotros y nuestro país, para que nos arraigamos más completamente a la Verdad, que nuestra mente se convierta en la mente de Cristo, y que nuestro corazón sea más como el Sagrado Corazón de Jesús.