Denver Catholic recibe doce premios de periodismo y dos menciones honrosas

El periódico Denver Catholic en sus versiones en inglés y español (esta última se llamó hasta el pasado mes de marzo El Pueblo Católico) fueron galardonados con doce premios otorgados por la Catholic Press Association, dentro de la Catholic Press Conference que se realizó en Quebec, Canadá del 20 al 23 de junio.

 

Estos fueron los premios recibidos:

Primer puesto:

Mejor reportaje gráfico: “Cathedral Ordination” de Andrew Wright.

Mejor fotografía: “Bishops” de Andrew Wright.  El CPA reconoció la “perspectiva única y el uso del color y de su estilo”.

Mejor rediseño: Para Karna Swanson, Andrew Wright, Joshua Karabinos, Michael O’ Neill, Filippo Piccone y Aaron Lambert. El rediseño del Denver Catholic, “ofrece una nueva forma del periódico y una manera de enganchar mejor al lector”.

Mejor cubrimiento de la canonización de la Madre Teresa.  Con el artículo “Little Spirit, Giant Woman”, y el trabajo en equipo realizado por Karna Swanson, Andrew Wright, Aaron Lambert, Filippo Piccone y Carmen Villa.

Mejor reportaje de celebración de sacramentos.  Con el artículo “Be Simple. Be One”, de Karna Swanson. “La autora ha hecho un gran trabajo tratando el mensaje del papa a las parejas locales” y lo calificó como “interesante y fácil de leer”.

Segundo puesto:

Mejor reportaje sobre las familias: Con el artículo “Consejos del Papa a las mamás” de Carmen Elena Villa, el cual fue catalogado como “una corta y franca presentación sobre la Amoris Laetitia y sobre las posiciones del Papa con respecto a las familias”.

Mejor cobertura al viaje del Papa Francisco a México:  Con el artículo: “Cruzarán la frontera para ver al Papa” de Carmen Elena Villa, el cual destaca los esfuerzos de algunos fieles que viajaron por tierra desde Colorado hasta Ciudad Juarez para participar de las actividades presididas por el Papa Francisco. Según la CPA el artículo “captura maravillosamente la emoción del momento”.

Mejor cobertura a la Jornada Mundial de la Juventud en Carcovia: El CPA elogió el trabajo realizado por el arzobispo de Denver Samuel Aquila, Lara Montoya y Carmen Elena Villa, el cual incluyó una columna, un artículo de entrevistas a los peregrinos que viajaron desde Denver y un artículo de análisis sobre las palabras del Papa Francisco a los jóvenes.

 

Tercer puesto:

Mejor cobertura a las elecciones: Con el artículo “Voting in Good Faith” y la cobertura y análisis realizados por el arzobispo Samuel Aquila, Karna Swanson, Andrew Wright, Aaron Lambert, Filippo Piccone y Roxanne King.

Mejor cobertura al año de la Misericordia: Con el artículo “Lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe” de Carmen Elena Villa y Mavi Barraza, sobre la historia de 13 parejas que vivían en unión de hecho y decidieron casarse por la Iglesia en el Año de la Misericordia.

Mejor reportaje sobre deportes: “Atletas olímpicos que manifestaron su fe cristiana” de Clemente Carballo, el cual destaca “el gran esfuerzo investigativo que va más allá de Estados Unidos”.

Mejor tratamiento a la vocación sacerdotal: Para el artículo “Un sacerdote es lo que es por Jesucristo” de Carmen Elena Villa, el cual presenta un “perfil excepcional del obispo Jorge Rodriguez” que provee una mirada “desde las etapas tempranas de su vida, con citas inspiradoras acerca de la fe y el servicio”.

El periódico Denver Catholic recibió además una mención honrosa en la categoría “Periódico del año” por el trabajo que realiza su equipo para informar y ofrecer artículos de calidad a los lectores del norte de Colorado y otra más con el reportaje “Millennial Catholics: Here to Stay” por Karna Swanson, Andrew Wright, Melissa Keating y Filippo Piccone.

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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