Diácono y experto en virología contesta tus dudas sobre el coronavirus

El diacono Rob Lanciotti de la iglesia St. Elizabeth Ann Seton en Fort Collins, tiene un doctorado en microbiología y trabajó durante 29 años como virólogo para los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en ingles). El diacono Lanciotti tuvo la amabilidad de cooperar con El Pueblo Católico y contestar estas preguntas sobre el coronavirus y como los católicos pueden mantenerse saludables.

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Nota: esta información fue actualizada por última vez el 28 de febrero, 2020.

 

¿Debería preocuparme por el coronavirus (COVID-19)?

El virus aún no ha provocado una epidemia en los Estados Unidos […] sin embargo, debemos estar preparados para una posible epidemia. Algunas prácticas de prevención que funcionan son lo que todos deberíamos estar haciendo todos los días, ya que estamos en medio de la temporada anual de la gripe. También debemos prepararnos mentalmente para cualquier cambio en nuestro estilo de vida que pueda ocurrir en caso de una epidemia. Por ejemplo, podría haber cierre de escuelas, o algunas iglesias pueden optar por descontinuar la distribución del signo de la paz y/o el cáliz en las misas.

 

Mencionó el virus de la influenza ¿Qué diferencia tiene del coronavirus?

Los dos virus son genéticamente de familias completamente diferentes, sin embargo, su modo de transmisión de una persona a otra es muy similar, por lo que los buenos métodos de prevención de la gripe (y los 200 virus diferentes del resfriado común) también funcionarán con el nuevo coronavirus. Estos virus pueden transmitirse cuando una persona infectada (generalmente con síntomas, pero no siempre) expulsa partículas de virus al toser, estornudar o incluso respirar. Estas gotitas en aerosol pueden entrar directamente en el tracto respiratorio de otra persona adyacente al inhalarlas directamente o al aterrizar en la nariz o la boca, seguido de la ingestión. Alternativamente, estas gotas pueden caer sobre superficies ambientales, donde es posible que otra persona adquiera el virus por tacto. Cuando esta persona posteriormente se toca la boca, la nariz o los ojos, se puede ingerir el virus y provocar una infección. Bajo temperatura y humedad típicas, estos virus pueden permanecer viables durante 5-10 días en una superficie sin limpiar. De nuevo, muchos factores influyen en esto.

 

¿Puede el coronavirus provocar enfermedades más serias y la muerte?

En general, es muy pronto para saber con seguridad. Sin embargo, hay datos preliminares que sugieren que el coronavirus esta asociado con enfermedades más graves y la muerte que la cepa de gripe típica. Para ponerlo en perspectiva, cada año hay aproximadamente 30 millones de casos de gripe en los Estados Unidos y aproximadamente 30,000 muertes; por lo tanto, la tasa de mortalidad es de 0.1 por ciento. Por supuesto que estos números varían cada año, pero los números que seleccioné hacen la matemática fácil. Estimaciones tempranas sugieren una tasa de mortalidad del 1 al 2 por ciento para el nuevo coronavirus, sin embargo, es demasiado pronto para saberlo con certeza.

 

¿Cuáles son los “buenos métodos de prevención” que menciona?

Tenga en cuenta que estos están bien establecidos y documentados para ser efectivos después de muchos años de estudiar la gripe y otros virus con perfiles de transmisión idénticos. También se enumeran en orden de prioridad, con especial consideración de asistir a los servicios de la Iglesia. Finalmente, estos deben practicarse cada temporada de gripe (de septiembre a marzo) independientemente de lo que ocurra con el nuevo coronavirus.

Si experimenta alguno de los siguientes síntomas: goteo nasal, tos, estornudos, dolores musculares, fiebre, etc., se deben aplicar los siguientes métodos con buen criterio en función de la gravedad de los síntomas:

– Evite el contacto cercano con otros. Use la buena lógica y el sentido común acerca de asistir a la Iglesia; por ejemplo, puede ser aconsejable quedarse en casa (Catecismo 2181). Si asiste a la iglesia, limite/evite el contacto con otros. Quizás pararse detrás de la Iglesia o sentarse aparte; irse inmediatamente después de la bendición final; no participe en el signo de la paz, de la comunión del cáliz, ni se desempeñe especialmente como ministro extraordinario. Nuevamente, use el sentido común.

– Lávese las manos con frecuencia usando jabón y agua caliente o desinfectante para manos. Sin embargo, esta no es una “varita mágica” que le permitirá funcionar normalmente en un entorno de la Iglesia si está enfermo. Este también es un buen método de prevención cuando está sano y viene a la iglesia donde otros pueden estar enfermos.

– Cubra su boca con un pañuelo de papel o su manga (¡no su mano!) cuando tosa y estornude. Toser o estornudar en su mano transmitirá el virus a su mano, y luego potencialmente transmitirá el virus a otra persona cuando le dé la mano. Incluso puede considerar usar una máscara quirúrgica, tanto para evitar contagiar a otros cuando está enfermo, como para prevenir su propia infección por parte de otros.

– Limpie las superficies ambientales a menudo. Este es un recordatorio para que los empleados de la Iglesia sean especialmente diligentes durante la temporada de gripe para limpiar el entorno; especialmente los lugares de cuidado infantil. Cualquier limpiador típico usado adecuadamente matará estos virus.

 

¿Puedo infectarme de cualquiera de estos virus a través del cáliz?

Aunque parezca increíble, ha habido algunos estudios científicos controlados para determinar el potencial de infecciones de una copa de comunión compartida. La conclusión de estos estudios es que existe un riesgo muy bajo de infección en general. Curiosamente, los estudios indican que el modo de infección en esta práctica es más comúnmente al tocar la copa con las manos infectadas (o por toser, estornudar, etc.) seguido por la transmisión a otra persona, en lugar de la saliva. Aquí el mensaje es evitar recibir el cáliz cuando está enfermo. Recuerde que, teológicamente hablando, recibir cualquiera de las formas de la Eucaristía es recibir la plenitud de Jesús en el sacramento.

 

Con respecto a la gripe, ¿debo vacunarme contra la gripe? ¡Conozco a alguien que recibió la vacuna y aún se enfermó!

Esto se ha convertido en una controversia e intentaré ofrecer algunos puntos simples para su consideración; al final, debe hablar con su médico. Tenga en cuenta que no existe una vacuna perfecta; siempre hay algunas reacciones adversas no intencionadas a las vacunas que ocurren en frecuencias muy bajas, ninguna agencia de salud pública afirmaría lo contrario. Sin embargo, no hay conspiración entre el gobierno o los productores de vacunas; estos han circulado y desafortunadamente están privando al ciudadano promedio de tomar una decisión informada.

En primer lugar, muchos de los que han recibido la vacuna contra la gripe y aun así se enfermaron, no estaban realmente infectados por la gripe sino por una de las 200 cepas de los virus del resfriado común. Sin embargo, hay muchos casos documentados de enfermedad de la gripe entre los receptores de vacunas. De hecho, el CDC publica esta información todos los años. La efectividad de la vacuna oscila entre 40 y 60 por ciento cada año. Desde un punto de vista individualista, esto puede no parecer una buena probabilidad: “¡Si me vacuno, todavía tengo un 50 por ciento de posibilidades de contraer la gripe!”. Sin embargo, recibir la vacuna, incluso a una tasa efectiva del 50 por ciento, tendrá un beneficio de prevención en toda la comunidad; menos personas infectadas significa menos transmisiones y menos casos nuevos, etc. Se estima que esta vacuna previene más de 20,000 muertes cada año, a pesar de que muchas personas todavía se enferman.

Próximamente: ¿Qué es lo que está mal con el mundo? Yo

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Por qué estoy aquí?”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el Dr. Jared R. Staudt

Una vez, el editor del periódico The Times le preguntó al reconocido católico G.K. Chesterton: “¿Qué es lo que está mal con el mundo?”. Chesterton, el gran maestro del sentido común y el ingenio, respondió: “Estimado señor: Yo. Atentamente, G.K. Chesterton”.

“Yo”. Hay honestidad y humildad en reconocer que los problemas del mundo yacen en el corazón y no en ninguna fuerza social, política o económica externa. El problema que existe en el corazón es lo que causa los conflictos exteriores. Ciertamente, hay estructuras pecaminosas en el mundo, estructuras que surgen del pecado y lo alientan, como el comunismo, aunque estas solo tienen poder porque aprovechan la oscuridad que ya está en nosotros. El mundo está roto porque nosotros estamos rotos.

 

EL PECADO ORIGINAL: ¿ALGO VERDADERO?

Chesterton de nuevo apunta a la obvia realidad de nuestro estado quebrantado. Reconoce que “ciertos nuevos teólogos ponen en duda el pecado original, aunque es la única parte de la teología cristiana que realmente se puede comprobar”. Solo hace falta mirar alrededor para darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído. Debido a la caída, que surge con el pecado de Adán y Eva, cada ser humano después de ellos ha nacido al mundo sin los dones que Dios originalmente había destinado para nosotros. Él quería que viviéramos sin el mal y el sufrimiento, refugiados dentro de la protección del jardín, pero nosotros teníamos otros planes.

El Catecismo habla del efecto que el pecado original tiene en nosotros: “Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada ‘concupiscencia’)” (CIC 405). El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás.

 

VÍCTIMAS O CÓMPLICES

El pecado original apunta a la falta de la relación con Dios como el centro de lo que está mal con el mundo. Es un problema que todos enfrentamos, aunque queremos acusar a otros. De hecho, el no reconocer nuestro propio estado quebrantado y nuestro pecado ha sido un problema desde el principio.

Cuando Dios le pregunta a Adán por qué comió del fruto, Adán acusa a Eva, la compañera que Dios le había dado (acusando a Dios de manera implícita). Cuando Dios se dirigió a Eva, ella culpó a la serpiente por haberla engañado. Hay verdad en el hecho de que no pecamos aislados de otros. El problema viene del querer culpar los problemas del mundo en los demás, mientras actuamos como si nosotros fuéramos simples víctimas de fuerzas fuera de nuestro control.

Aun si reconociéramos que el origen del mal surge de nuestro corazón, todavía tenemos que enfrentarnos con la otra pregunta de por qué el mal existe en el mundo. Como Adán, muchas veces culpamos a Dios por permitir el sufrimiento en nuestra vida. Si estamos enfermos, perdemos el trabajo o un ser querido muere, inmediatamente le reclamamos a Dios cómo pudo haber permitido semejante cosa.

“El pecado original explica por qué todos tenemos dificultad para alcanzar la felicidad y estar en paz con los demás”.

 

DIOS ACTÚA EN EL SUFRIMIENTO

Dios no tenía la intención de que este mal formara parte de su plan original, ya que el sufrimiento entró al mundo por el pecado. El pecado es lo que se debe culpar por el mal físico y la muerte, no Dios. Como resultado de la caída, Dios permite que el mal físico ocurra en el mundo, aun cuando lo utiliza para hacer surgir un bien más grande.

A través de las dificultades físicas, Dios nos muestra que este mundo no es nuestro verdadero hogar (y ya no está destinado a ser un paraíso terrenal) y que fuimos hechos para algo más. No podemos estar demasiado cómodos aquí en la tierra. El sufrimiento nos recuerda esto y también la necesidad de confiar en Dios. Pero, aun peor que el mal físico, también existe el mal moral, que proviene completamente de nuestra libre elección. El sufrimiento que experimentamos puede incluso hacernos darnos cuenta del mal moral que existe escondido en nuestra vida, llamándonos a la conversión.

El sufrimiento y nuestro estado quebrantado nos llevan a nuestra propia limitación y necesidad de Dios. Aceptar este estado nos da libertad para poder enfrentarlo y abrazar la sanación en Cristo.

 

DIGO: “ESTOY BIEN”, PERO NO LO ESTOY

Esto me recuerda a una canción que muestra la reacción típica a nuestra propia rotura: “Estoy bien”. Con palabras hacia Dios, la canción refleja con precisión cómo intentamos ignorar lo que realmente está sucediendo dentro de nosotros.

“Digo: ‘Estoy bien, sí, estoy bien, oh, estoy bien, oye, estoy bien’, pero no lo estoy. Estoy roto. Y cuando está fuera de control, digo: ‘Está bajo control’, pero no lo está, y lo sabes. No sé por qué es tan difícil admitirlo, cuando ser honesto es la única forma de solucionarlo. No hay fracaso, no hay caída, no hay pecado que ya tú no conozcas. Entonces, deja que salga la verdad”.  Matthew West, “Truth be told”

El individualismo moderno nos dice que estaremos bien si simplemente confiamos en nosotros mismos, que podemos manejarlo y que somos débiles si buscamos ayuda en los demás. La fe cristiana se opone firmemente a esto, porque no podemos ignorar la rotura dentro de nosotros, dejarla sin resolver y ocultarla para que luego salga en forma de venganza. Tenemos que ser sinceros sobre quiénes somos. Somos personas quebrantadas y pecadoras que podemos experimentar la sanación y la gracia si enfrentamos la verdad y la dejamos salir a la luz.

 

QUE LA VERDAD SALGA A LA LUZ

¿Cómo dejamos que esta verdad salga a la luz? Durante la cuaresma, la Iglesia nos llama a la conversión, a través de la oración y la penitencia, y nos pide que confesemos nuestros pecados. Dejamos “que salga la verdad” cuando nos presentamos ante Dios, reconocemos nuestros pecados y le pedimos perdón. Aceptar nuestra debilidad nos lleva a acudir a Dios en busca de ayuda, permitiéndole quitar la oscuridad dentro de nosotros y llenarnos con su propia vida y luz.

 

DIOS SANA “UN CORAZÓN A LA VEZ”

Dios no simplemente elimina todos los problemas del mundo. Más bien, él entra en ellos, primero, asumiéndolos y haciéndose hombre en Jesús, y luego entrando en el centro de la rotura dentro de nosotros. Dios no está ausente del mundo que sufre, aun si no se muestra visiblemente para que todos vean y para así resolver dramáticamente las cosas de manera política. Dios arregla el mundo un corazón  a la vez, de manera más poderosa que el ruido que nos rodea, preparándonos para enfrentarlo y hacer nuestra parte en él.

 

LA SOLUCIÓN: ACUDIR A LA FUENTE DE SANACIÓN

Si soy yo lo que está mal en el mundo, entonces la solución también comienza conmigo. Mi estado interior quebrantado puede ser sanado por Dios (aunque no sea de manera perfecta en esta vida) para que yo pueda ser parte de la solución al problema del mundo. Puedo llevar a otros a Cristo para sanarlos, invitarlos a la Iglesia y específicamente a la confesión. Aunque las personas a menudo tienen miedo de confesar sus pecados, en realidad es un gran alivio y una fuente de sanación. Es un regalo poder compartir este alivio y sanación con otros. Y entre más personas hayan recibido este regalo, más grande será su impacto en el mundo. En esta cuaresma, tenemos la oportunidad de abrazar la solución de Dios, la sanación, que comienza con la raíz del problema: yo…

 

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