Diáconos continúan sirviendo al pueblo de Dios durante la pandemia

Vladimir Mauricio-Perez

Estamos acostumbrados a ver a los hombres que asisten al sacerdote durante la liturgia, esos hombres que proclaman el Evangelio desde el púlpito, esos servidores que levantan nuestras peticiones mientras se preparan las ofrendas durante el ofertorio. Sin embargo, estos hombres que llamamos diáconos están constantemente activos más allá de sus responsabilidades parroquiales, acercándose a otros, ayudando, enseñando, consolando… Y este tiempo de pandemia solo los ha llevado a encontrar nuevas formas de servir, a ser creativos e innovar dentro de sus ministerios.

“Muchos de los ministerios que hacen los diáconos fuera de la parroquia exigen el contacto con la gente, con personas en los hospitales, el preso, la madre soltera, la viuda, los que no tienen un techo… Y el coronavirus nos ha impedido poder estar cara a cara y en contacto directo con ellos para ayudarlos en su dolor o su arrepentimiento”, dijo el diácono Joseph Donohoe, director de personal de diáconos de la Arquidiócesis de Denver. “Hemos tenido que hacer uso de la tecnología para seguir trabajando a pesar de esto y mantener la distancia. Aunque sabemos que existe algo significativo al estar cara a cara, todavía hemos podido llegar a los necesitados”.

Durante la pandemia muchos diáconos de la arquidiócesis se han dedicado a servir a los fieles organizando clases de formación, programas de RICA y sesiones de oración a través de Zoom o proporcionando recursos en sus parroquias, hogares de ancianos, cárceles, prisiones y centros de detención.

Uno de estos servicios es el ministerio de duelo que los diáconos han estado llevando a cabo con Mount Olivet, el cementerio de la arquidiócesis, como respuesta a la pandemia. El propósito es de ponerse en contacto con las personas que han perdido a un ser querido durante este momento de dificultad.

“Me ha hecho darme cuenta de cómo se manejan las diferentes muertes como resultado de la pandemia. Antes, cuando las personas experimentaban la muerte o la enfermedad, tenían la oportunidad de estar con sus familias, amigos y el clero. Ahora, si mueren de COVID, la familia no puede ver a su ser querido en absoluto. Es una experiencia muy diferente”, dijo el diácono Clarence McDavid de la parroquia Cure d’Ars, quien ha sido uno de los seis diáconos que se acercan a las personas en su proceso de duelo. “Lo que se nos invita a hacer como diáconos es llamar y reconocer que este es un momento diferente y averiguar cómo está la familia y los seres queridos. Les hacemos saber que estamos orando por ellos y sus familiares, pero lo más importante es escuchar y prestar atención a lo que tienen que decir”.

El diácono Clarence dijo que muchos de los obstáculos que las familias en duelo han tenido que soportar durante este tiempo también incluyen el no poder tener una misa fúnebre que normalmente tendrían y retrasos en el entierro o la cremación. No obstante, ha visto muchos frutos durante su ministerio, tanto en la vida de las personas como en la suya. Ha podido conocerlos en su soledad y brindarles un espacio para que expresen y reconozcan lo que están experimentando, algo por lo que muchos de ellos han estado agradecidos.

“La fe de las personas ha sido muy conmovedora. Te ayudan a saber que siempre hay crecimiento y oportunidad de experimentar a Dios más profundamente sin importa la situación. En medio de su dolor, también me han dado fuerzas”, dijo.

Los diáconos tienen un lugar especial con las intercesiones: lloran lágrimas en su alma por amor a la gente”.

Los diáconos también han llevado a cabo su ministerio creando espacios virtuales de oración y comunidad para los feligreses.

El diácono Dan Cook de St. Mary en Breckenridge y Our Lady of Peace en Silverthorne nunca imaginó que cuando él y su esposa decidieron organizar las Estaciones de la Cruz en vivo a través de Zoom, ese espacio virtual se convertiría más tarde en una oportunidad para la oración y el compañerismo apreciado por muchos feligreses.

Esta práctica no solo atrajo a feligreses de ambas iglesias que nunca se habían conocido, sino que también llevó a las personas a comenzar a compartir sus intenciones personales de oración y a orar unos por otros.

“Hemos tenido varios feligreses que se han sometido a cirugías y nuestras oraciones por ellos han sido respondidas. También hemos visto es que los feligreses que eran asistentes regulares pero no muy fuertes en su fe realmente han llegado a fortalecer su fe al hacer estas oraciones diarias”, dijo el diácono Dan.

Algunos feligreses decidieron dar un paso más adelante, organizando reuniones a través de Zoom todos los lunes para rezar el Rosario. El diácono Dan y los feligreses incluso han considerado hacer que estas prácticas sean permanentes.

Uno de los muchos apostolados que llevan a cabo nuestros diáconos en la arquidiócesis y que también ha necesitado ser innovado durante esta pandemia es el ministerio a las personas en prisiones, cárceles y centros de detención.

A diferencia de muchos otros, los reclusos o detenidos no tienen acceso a teléfonos, computadoras o Wi-Fi, lo que significa que las interacciones cara a cara que solían tener en confesión, dirección espiritual o estudio bíblico no pueden ser reemplazadas por una reunión de Zoom.

Esto llevó al diácono Hal Goldwire, director del Ministerio de Cárceles y Prisiones de la arquidiócesis, a encontrar una manera de llegar a ellos incluso cuando no se les permitía estar en contacto cara a cara.

“Estábamos haciendo estudios bíblicos, clases de RICA, misa, confesiones, servicios de comunión, visitándolos y acompañándolos en la cárcel, escuchando sus historias y haciéndoles saber que no han sido olvidados solo porque están detrás de una pared. Pero cuando llegó el COVID, todo se detuvo”, dijo el diácono Hal.

El diácono Hal se ha estado comunicando con diferentes instalaciones para proporcionar rosarios, libros, Biblias y folletos de la Coronilla de la Divina Misericordia. También se ha comunicado con otros ministerios penitenciarios de todo el país para intercambiar ideas sobre cómo servir mejor a los reclusos y detenidos durante este tiempo.

Además, ha trabajado con la Comisión Internacional de Atención Pastoral Penitenciaria Católica en nombre de la arquidiócesis para proporcionar 1,000 protectores faciales para el personal y la población encarcelada del Departamento del Alguacil del condado de Denver y el Centro de Detención del centro de la ciudad.

“Ciertamente, como diáconos extrañamos ver a la gente cara a cara, pero todavía estamos aquí para llegar a cualquiera que necesite apoyo o ayuda en una amplia variedad de ministerios, y estamos ansiosos por ayudar”, concluyó el diácono Joseph. “Como nos dijo un sacerdote en nuestro último retiro, ‘Los diáconos tienen un lugar especial con las intercesiones: lloran lágrimas en el alma por amor a la gente’”.

Próximamente: El Consulado General del Perú en Denver ha salido al encuentro de los necesitados durante el COVID-19

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