Diez maneras de mejorar tu asistencia a Misa

Vladimir Mauricio-Perez

¿Qué tan importantes son los gestos durante la celebración de la Misa? Muy importantes. La Eucaristía es tan importante para la vida cristiana que es considerada “la fuente y la cumbre de la vida y misión de la Iglesia”. Debe dar forma a quien somos y a cómo vivimos. Pero si no ponemos atención a las cosas pequeñas, nos arriesgamos a perder la profundidad del misterio en el que Cristo viene a nosotros.

Como dijo un sacerdote, “Estamos viendo un deterioro en la cultura católica, que se puede observar muy a menudo durante Misa”. Por esta razón, le hemos pedido a algunos sacerdotes de la arquidiócesis que nos brinden algunos consejos para ayudarnos a superar este problema y encontrarnos con Cristo en el Santo Sacrificio de la Misa.

  1. Reciba la comunión reverentemente

La Eucaristía es el cuerpo de Jesucristo mismo, lo que significa que debe ser tratado con el mayor respeto. Un sacerdote nunca debería tener que preocuparse por que se le caiga la hostia o si fue consumida o no. Aquí algunos consejos de nuestros sacerdotes para mejorar el recibimiento de la Comunión: si la recibirá en la lengua (que es preferible), “abra su boca lo más que pueda y saque la lengua lo más que pueda”. Si la recibirá en la mano, “ponga una mano por encima de la otra, con las palmas para arriba, e inmediatamente ponga la hostia en su boca” frente al ministro.

  1. La genuflexión

“Arrodillarse manifiesta la fe en la verdadera presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento”, afirmó un sacerdote. “[Sin embargo], la práctica de inclinarse desde la cintura, o una simple reverencia con la cabeza- ha remplazado una genuflexión (arrodillarse), aun entre personas que no tienen discapacidades físicas”. Los sacerdotes piden a todos los fieles que hagan una genuflexión completa cuando entren o salgan de la iglesia, si está en sus posibilidades físicas: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Filipenses, 2, 10).

  1. llegar temprano y quedarse

“Pasar de una atmósfera secular a una sagrada requiere algo de preparación”, dijo un sacerdote. Llegar por lo menos diez minutos antes de que comience la Misa ayudará a preparar el corazón y la mente para el Señor quien viene a nosotros, añadió. Y no se vaya temprano. Uno puede irse solo después de que salga el celebrante porque “él está actuando en presencia de Cristo”, enfatizó un sacerdote.

  1. Vista para Jesús

Lo que vestimos dice mucho sobre a dónde vamos. Un sacerdote recomienda vestirse “como si uno fuera a una audiencia con alguien más importante que el Papa”, que es ciertamente el caso.

Por esta razón, aconsejan a los fueles a vestir cualquier cosa que parezca como si fueran a la playa o a un evento deportivo, tanto para hombres como para mujeres. “Que tu cuerpo y tu ropa manifieste tu corazón ante Dios y tus hermanos”, dijo otro sacerdote.

  1. Respetar el silencio

El silencio sagrado es parte de la celebración de la Misa”, dijo un sacerdote. “[Nos] dirige a Dios y a hacia los demás”. Además de guardar silencio durante la celebración también debemos abstenernos de hablar antes o después, ya que este tiempo es importante para la preparación y agradecimiento, dijo otro sacerdote. Esto también incluye no aplaudir, afirmó. Como el Papa Benedicto XVI expresó, cuando los aplausos se escuchan en Misa, la esencia de la liturgia se pierde, y se reemplaza por un cierto “entretenimiento religioso”. Se convierte en algo que no es.

  1. Mire su postura

Los gestos y la postura corporal también son muy importantes. Están destinados a ayudarnos a entrar más plenamente en el Misterio, dijo un sacerdote. “Pararse significa respeto y disposición a servir. Sentarse significa atención y obediencia. Arrodillarse significa adoración. “Esto va desde arrodillarse erguido hasta sentarse apropiadamente, e incluso cantar. Cuanto mejor hagas estas cosas pequeñas, más estarás atento a lo que realmente está pasando durante la Misa”.

  1. Rece al unísono

“[Aunque] la Misa es personal, [es también] un encuentro comunitario con Jesús”, dijo un sacerdote. Es personal porque nos encontramos con Jesús. Es comunitario porque lo encontramos como Iglesia. “Cuando la gente reza a su propio ritmo, [este] sentido de orar a Dios como uno, se pierde”, agregó un sacerdote. Por lo tanto, recomiendan escuchar a quienes te rodean para orar juntos.

  1. Apague su teléfono

Dios pide al menos una hora a la semana para poner todo en sus manos. Esa hora es la Santa Misa. “Hay algo más importante pasando”, dijo un sacerdote. “[Así que, por favor], no envíe mensajes de texto, y si suena … ¡nunca se levante para contestar!” El hábito de apagarlo o ponerlo en modo avión antes de entrar a la iglesia puede marcar la diferencia.

  1. De un digno signo de paz

El signo de la paz es altamente simbólico. Tiene la intención de disponerse a recibir la comunión, significando la paz, la fraternidad y la caridad con los hermanos antes de subir al altar. “Puede y debe ser simple y digno, siempre respetando la presencia de Cristo en el altar y el carácter sagrado de la misa que aún está en progreso”, dijo un sacerdote. “No debería ser un momento para el jolgorio”.

  1. Ame a los niños (que lloran)

La mayoría de los sacerdotes estarán de acuerdo en que los niños no deben correr durante la Misa, pero también que no deben quedarse en casa. A un sacerdote le disgusta especialmente cuando la gente le hace “mala cara” a la pobre madre que intenta calmar a su bebé que llora “Si bien las soluciones en lo que a este tema se refiere están muy debatidas, otro sacerdote dijo que, “el llanto de un bebé glorifica al Señor. Es una alegría tenerlos en la Misa. Si el bebé llora demasiado, uno de los padres puede ir a la parte posterior de la Iglesia y tomarse un tiempo”.

 

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‘¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!’

En su décimo aniversario, escuela de evangelización sigue formando discípulos misioneros en Denver

Vladimir Mauricio-Perez

Durante más de diez años, la Escuela de Evangelización San Pablo de Denver no solo ha buscado que las personas tengan una experiencia bonita de Dios, sino que lo sigan con radicalidad en su vida diaria y que compartan con otros el gran don que han recibido: que se conviertan en auténticos discípulos y predicadores.

Bajo la inspiración y el patronazgo de San Pablo, la escuela ha tomado como lema su frase: “¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!” (1 Cor 9,16), expresando el celo por llevar a Dios a los demás que nace tras un encuentro con él.

“El objetivo principal de la escuela de evangelización es formar evangelizadores y formadores de evangelizadores: enseñar a enseñar,” dice Abram León, coordinador de movimientos eclesiales laicales de la Arquidiócesis de Denver y director de la Escuela de Evangelización San Pablo por los últimos diez años. “Todos los miembros han tenido un encuentro personal con Cristo que los hace tener un celo admirable para llevar a Jesús a los demás”.

La misión de la escuela ha consistido en formar escuelas de evangelización en cada parroquia para que estas impartan los propios cursos de seguimiento. Ahora hay 13 Escuelas de Evangelización San Pablo en 13 parroquias distintas, con alrededor de 17 miembros en cada una.

“Los buenos testimonios de sacerdotes al ver el impacto en las personas de su parroquia y los grandes frutos: esta es la alegría más grande de los discípulos evangelizadores que salimos de nuestra zona de confort para predicar,” dice Abram.

“El fruto mayor que yo he visto ha sido cómo las personas a las que hemos llevado la Palabra han hecho comunidad,” dice Rigo Escamilla, feligrés de la parroquia St. Anthony of Padua y de la escuela de evangelización desde hace diez años. “He visto en el transcurso de este tiempo la transformación de muchísimas personas, el encuentro con Dios de tantos que no sabían de Él. Y después he visto cómo se han ido entregando en el servicio dentro del templo, en la alabanza o en la catequesis”.

Los orígenes de este método de llevar el Evangelio se encuentran en la llamada del Papa San Juan Pablo II en los años 80 a una nueva evangelización, “Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”.

La unión de tres líderes católicos abriría el camino para un método de enseñanza kerigmático, carismático y comunitario: el padre Emiliano Tardif, el padre Ricardo Argañaraz y el laico José “Pepe” Prado. En otras palabras, se buscaba trasmitir el auténtico mensaje del Evangelio de una manera dinámica que llegara lo más profundo del corazón.

La primera escuela de evangelización llamada “San Andrés” comenzó en Guadalajara, Méx. y después se esparció a diferentes lugares de los Estados Unidos, incluyendo Denver, donde ha dado grandes frutos y radica bajo el Movimiento de Renovación Carismática con el nombre “San Pablo”.

Un fuego ardiente

“La entrega de los miembros es admirable porque lo hacen sin esperar recompensa, sino por amor a Cristo y a la Iglesia”, dice Abram.

Pero ¿de dónde nace tal entrega y ardor que los lleva a predicar a “tiempo y a destiempo”? Nace precisamente del encuentro que han tenido con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de la transformación que han experimentado en sus propias vidas al formar parte de la escuela de evangelización.

“Una de las cosas que me ha ayudado de haber ingresado a la escuela fue un cambio grande y radical en mi vida espiritual. Yo no tenía nada de conocimiento de la vida espiritual”, comparte Rigo. “Me he enamorado de la relación con Dios. He encontrado el verdadero sentido de mi vida. Para mí la escuela de evangelización ha sido una maestra que me ha formado y dado la capacidad para enfrentar mi vida diaria.”

Abram igualmente dice tenerle mucho que agradecer a la escuela: “Me ayudó a encontrarme más profundamente con Dios, a ver el magisterio de la Iglesia y los sacramentos como una fuente de vida y santificación”, comparte el líder. “En sus cursos me enamoré de la palabra, de la comunidad, conocí a Jesús como Maestro y me dio la pasión y el celo por salir a anunciar a otros que Jesús está vivo”.

“Si algo le tengo que agradecer es que me ha ayudado a ser discípulo de Cristo, a ser misionero y no tener miedo a salir de mi casa, de mi iglesia, de mi diócesis a llevar a Cristo a otros,” dice Abram.

El obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez celebró el pasado 29 de junio una misa por el X aniversario de la escuela en la que reconoció su gran esfuerzo por llevar la palabra de Dios a otras parroquias y los alentó a llevar ese mensaje en todas las áreas de su vida y a discernir el futuro de esta misión.

“Ahora les toca discernir con oración para ver por dónde los está llevando el Señor, poner todo en la misión y que crezca esta escuela de evangelización, que haya más escuelas de evangelización y que lleven su mensaje a más gente para la gloria de nuestro Señor”, concluyó el prelado.