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domingo, septiembre 25, 2022
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El beato Michael McGivney fue una luz para los inmigrantes irlandeses en EE. UU.

A finales del siglo XIX, se hizo muy común que muchos trabajadores católicos de diferentes edades se desempolvaran la ropa sucia después de un duro día de trabajo en las minas o ferrocarriles y asistieran a algo más que una reunión: una hermandad que les había traído esperanza a su sufrimiento, aceptación al rechazo y unidad en medio de la división.

Aunque pocos podían percibir los deseos ocultos de las familias irlandesas e inmigrantes que llegaron a Estados Unidos en el siglo XIX, un joven sacerdote de un pequeño pueblo de Connecticut los vio con claridad y respondió heroicamente. Su nombre: el padre Michael McGivney; su respuesta: Los Caballeros de Colón.

El hijo de inmigrantes irlandeses, cuya beatificación se realizó el 31 de octubre, es considerado por muchos un sacerdote modelo con una visión penetrante y un deseo ardiente de llevar a su rebaño a la santidad, una visión que anticipó el Concilio Vaticano II por casi un siglo.

La orden de los Caballeros de Colón comenzó como una pequeña idea para sus feligreses, pero rápidamente se extendió por todo el país. Casi un siglo y medio después, su impacto en el mundo y en nuestro propio estado de Colorado no puede pasarse por alto.

«La visión del Padre McGivney sigue transformando la vida de las personas en todo el mundo… Su visión de 1882 se ha expandido enormemente y hoy hay más de dos millones de hombres que pertenecen a esta organización en todo el mundo», dijo Christopher Foley, Delegado de Estado de Colorado de los Caballeros de Colón. “Es asombroso pensar en el rápido crecimiento [de la organización]. Originalmente, el padre McGivney tenía la intención de este programa para su parroquia, pero rápidamente otros sacerdotes reconocieron el valor de lo que había creado, y otros comités comenzaron a crecer fuera del área de Connecticut, [llegando a] Colorado en 1900″.

Para comprender a Los Caballeros de Colón y su fundador, uno debe entender el contexto y la vida de los inmigrantes católicos de esa época.

«El entorno social en Connecticut cuando él era niño era abiertamente hostil hacia los católicos», dijo Foley.

Los inmigrantes católicos estaban en la parte más baja de la escala social y enfrentaban una discriminación constante por su falta de educación, su pobreza y por el estigma de tener una mayor lealtad al Papa que al presidente. A los ojos de la gente, no podían ser católicos y estadounidenses a la vez.

Al crecer en este entorno y ser el primero de 13 hijos, McGivney se fue al seminario a la edad de 16 años, pero la muerte de su padre pronto lo obligó a regresar a casa para mantener a su familia. Sin embargo, el tiempo que pasó trabajando, dejó una profunda huella en el joven que más tarde daría sus frutos en su ministerio sacerdotal.

“Las experiencias de ser parte de una gran familia y su trabajo lo prepararon para ser un hombre muy compasivo y comprensivo. Lo prepararon con una perspectiva única que ayudó a su sacerdocio”, aseguró Foley. «Él conocía la diversidad de personalidades y las necesidades del tiempo de las personas mientras intentaban alcanzar sus metas».

Desde sus primeros años como sacerdote, el padre McGivney buscó hacer de la iglesia el centro de la vida comunitaria para las familias. Organizaba salidas para jóvenes y juegos de béisbol. También visitaba a los presos y era muy querido por los guardias.

El contacto tan cercano con sus feligreses lo ayudó a comprender mejor los desafíos constantes que enfrentaban a diario. Una de esas dificultades surgía cuando moría el hombre de la familia, que a menudo era el único proveedor, un hecho común debido a la naturaleza del arduo trabajo manual de los inmigrantes.

La familia lo perdía todo y, a menos que la viuda pudiera demostrar que tenía suficientes recursos económicos, el estado se llevaba a sus hijos y los colocaba en hogares institucionales.

Así es como el cuidado de las viudas se convirtió en una parte esencial de los Caballeros de Colón.

Sin embargo, la idea del padre McGivney de fundar una comunidad de hermanos laicos también tuvo mucho que ver con la popularidad de numerosas sociedades secretas que eran principalmente anticatólicas y atraían a los hombres de fe.

“Los católicos jóvenes y de mediana edad también buscaban sociedades a las cuales pertenecer que les dieran una hermandad común”, dijo Foley. “El Padre McGivney construyó una organización que tenía el aspecto fraterno, pero sin la discriminación y el secretismo común en otras sociedades”.

Cuando el joven sacerdote fundó los Caballeros de Colón en 1882, imaginó una hermandad que llevaría a sus miembros a Cristo y los ayudaría a mantener a sus familias espiritual y materialmente. Quería que las familias siguieran siendo católicas.

Como se explica en el documental “Father McGivney: An American Blessed”, la organización “recibió su nombre de [Cristóbal] Colón, la figura católica más célebre en ese momento, y cuyo nombre ayudaría a argumentar que los católicos también podían ser buenos ciudadanos estadounidenses».

Así, los cuatro principios de los Caballeros se convirtieron en caridad, unidad, fraternidad y más tarde el patriotismo.

Los Caballeros de Colón entregan abrigos a las personas sin hogar en Lincoln Park frente al edificio del Capitolio de Colorado el 20 de noviembre de 2019, en Denver, Colorado. (Foto de Daniel Petty / Denver Catholic)

El camino del padre McGivney terminaría a la temprana edad de 38 años, luego de un caso grave de neumonía durante la pandemia de 1889 y 1890, pero su legado perduraría y la orden llegaría a Colorado 18 años después de su fundación.

Fundado en 1900, el Comité de Denver es el consejo más antiguo de la parte oeste del país. Gracias al ferviente caballero John H. Reddin, la orden se extendió rápidamente a Pueblo, Colorado Springs y las Montañas Rocosas, llegando a Grand Junction y luego al norte hasta Fort Collins.

“No puedo decir qué fue exactamente lo que lo llevó a algunos de esos lugares en Colorado, pero estoy seguro de que había sacerdotes buscándolo y queriendo algo para que sus hombres volvieran a estar activos en la Iglesia y tuvieran una organización que estuviera disponible para cuidar de los sobrevivientes”, dijo Foley.

Actualmente, hay 150 unidades activas en varias parroquias de todo el estado. Solo en 2019, los Caballeros de Colorado recaudaron y donaron $2.2 millones a organizaciones y causas caritativas y ofrecieron un total de 725,000 horas de servicio voluntario a las comunidades y actividades de la Iglesia.

Al cuidar de las personas en todas las etapas de la vida, los Caballeros de Colón ha trabajado arduamente para defender la santidad de la vida. Han participado en numerosos esfuerzos provida y han proporcionado 30 ultrasonidos a diferentes clínicas para respetar la vida antes del nacimiento. Durante años, han ayudado a ancianos y familias en situaciones difíciles proporcionándoles comida y abrigos en el invierno.

«Cuando salimos y hacemos estas cosas, estamos sirviendo a la gente, independientemente de su nacionalidad, religión o etnia; lo hacemos porque eso es lo que Dios quiere que hagamos», dijo Foley.

El Papa Benedicto XIV consideró al Padre McGivney «una figura clave en ‘el impresionante crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos'».

“Creo que la gente debería saber que el Padre McGivney ha tenido un impacto global. Estaba muy adelantado a su tiempo al pensar en cómo satisfacer la necesidad que veía en los hombres jóvenes”, concluyó Foley. “Dio a los hombres, para que los hombres pudieran devolver a los demás y a la Iglesia”.

Vladimir Mauricio-Pérez
Vladimir Mauricio-Pérez es el editor de El Pueblo Católico y el gerente de comunicaciones y medios de habla hispana de la arquidiócesis de Denver.
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