¿El día de acción de gracias tiene algún trasfondo religioso?

El Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day) es una de las tradiciones más importantes de entre las que se celebran en Estados Unidos. Se trata de una celebración familiar, con mucha comida, una cena en la que se da gracias por lo que se tiene.

Para conocer su origen hemos de remontarnos a la historia de los primeros colonos llegados a Estados Unidos procedentes de Inglaterra hace casi 400 años.

El origen de Thanksgiving es el de dar gracias por la cosecha, algo que no solo se comenzó a hacer en Estados Unidos, sino que podemos decir que, en algún momento, todas las culturas han realizado celebraciones de agradecimiento a sus correspondientes divinidades por la bendición de una cosecha abundante.

Las colonias americanas también realizaban este acto de dar gracias por la cosecha, pero en su caso se desarrolló como una tradición que ha perdurado hasta nuestros días, aunque ahora se da gracias por muchas más cosas que una abundante cosecha.

El Thanksgiving que conocemos de Estados Unidos nació como un “harvest festival”, es decir, una simple fiesta de la cosecha. Es por ello que muchos de los símbolos de la celebración tienen  que ver con el mundo de las cosechas y de los campos en general, como por ejemplo, las calabazas, las hojas de parra o los espantapájaros.

Como podemos ver, el Día de Acción de Gracias en sus orígenes no era una fiesta esencialmente religiosa pero tiene todos los elementos necesarios para que nosotros, como personas de fe, hagamos de esta fiesta una celebración en la que Dios sea el centro, y para que el motivo principal de celebrar ese día sea el agradecer a Dios su infinita generosidad que nos brinda sus abundantes bendiciones, que nos concede bienes materiales y espirituales todos los días de la vida y todo esto nos da la oportunidad de ejercitar la virtud del agradecimiento.

Yo puedo transformar esta fiesta en la expresión de mi agradecimiento a Dios porque respiro, camino, veo, hablo y porque me da el maravilloso regalo de la vida en cada nuevo día que amanece. Darle gracias a Dios por todo lo que he recibido en el pasado, por lo que me da día a día y por todo lo que está por llegar.

Un “gracias a Dios” por todo lo que ha realizado, por los momentos buenos y por los difíciles, es simplemente mirar al cielo y decir: “Gracias por todo, Dios mío”. Gracias Dios, por cuidar de mi familia, por regalarnos tanto amor y salud, gracias por guiarnos a la felicidad y prometernos la gloria. Gracias por ser mi Padre Celestial, por bendecirme con todo lo que viene de tu mano, por darme un camino que recorrer, por estar conmigo a lo largo de ese camino, gracias por estar ahí incluso sin pedírtelo, por nunca dejarme, y por el vivir con esperanza. Gracias, Señor, por cada momento que he gozado de tu divina presencia. Gracias Dios, por protegerme de lo que quería y no era bueno para mí y por bendecirme con lo que no sabía que sí necesitaba. Gracias Dios, por permitirme descansar en ti y poner en tus manos mis angustias y preocupaciones, por darme la fuerza de levantarme, trabajar y compartir.

Celebrar el Thanksgiving con un sentido religioso es una expresión de amor a Dios, reconociendo que todo viene de su generosidad, ya que la gratitud es la memoria del corazón que reconoce la grandeza y generosidad del Todopoderoso, y va dirigida a Dios porque brota del alma misma.

Porque si no estamos agradecidos por lo que ya tenemos, ¿cómo podríamos obtener lo que aspiramos?

Depende de cada uno de nosotros cómo celebrar el Día de Acción de Gracias. Te invito a trasformar esta fiesta en una expresión religiosa de fe, esperanza y amor centrada en el Dios Bendito a quien amamos, en el que creemos y a quien damos culto de adoración.

Próximamente: Hoy la Iglesia celebra la memoria de “María, Madre de la Iglesia”

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Este 1 de junio la Iglesia celebra la memoria de la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia, cuya fecha fue establecida el lunes siguiente a Pentecostés.

El Vaticano estableció la memoria a través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino firmado el 11 de febrero de 2018.

El documento sostiene que el Papa Francisco “consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.

En el decreto, la misma Congregación señala que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.

“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el texto.

En una de sus columnas semanales, el Arzobispo de Los Ángeles, Mons. José Gomez, indicó que los primeros cristianos “tenían una conciencia profunda de que la Iglesia era su ‘madre’ espiritual, que los daba a luz en el bautismo, constituyéndolos en hijos de Dios a través de los sacramentos”.

También en el Nuevo Testamento “los apóstoles a menudo se referían a los fieles como a sus hijos espirituales, reflejando así nuevamente su comprensión de que la Iglesia es nuestra madre y nuestra familia”.

“Y en esto, los primeros cristianos entendieron que María era el símbolo perfecto de la maternidad espiritual de la Iglesia”, afirmó Mons. Gomez.

Por ello, señaló que la nueva memoria que los católicos celebrarán el 21 de mayo es “un profético redescubrimiento de una antigua devoción”.

En el siglo XX, el Papa Pablo VI, dirigiéndose a los padres conciliares del Vaticano II, declaró que María Santísima era Madre de la Iglesia.

La memoria “Virgen María, Madre de la Iglesia” recuerda que ella es Madre de todos los hombres y especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación.

Así lo confirmó Jesús desde la Cruz, antes de morir, al apóstol San Juan, y el discípulo la acogió como Madre.

La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano, cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).

 

Artículo publicado originalmente en Aciprensa.

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