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domingo, septiembre 25, 2022
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El futuro del movimiento provida en Colorado

La decisión del caso Roe vs. Wade en 1973 supuso un punto de inflexión en la forma en que nuestro país trata a los niños inocentes y vulnerables en el vientre materno. De la misma manera, la reciente decisión en el caso Dobbs vs.Mississippi es un punto de inflexión en la dirección opuesta. Como católicos que creemos en la dignidad irrevocable que Dios otorga a cada persona desde la concepción hasta la muerte natural, estamos llamados a responder a este nuevo momento con fe, esperanza y caridad en un ambiente desafiante.

La última edición de El Pueblo Católico se enfoca en los temas de la vida y los esfuerzos de la Iglesia para construir una cultura de vida en nuestro estado. El fundamento de dicha cultura es la verdad de que no hay nadie que esté excluido de la misericordia y el amor de Dios, y de que no existe ninguna condición que elimine la dignidad de una persona. Dios, y no el Estado, es quien concede el derecho a la vida, cuyo comienzo se da en la concepción. Como cristianos, reconocemos que la creación es buena y que es un don. Esto es especialmente verdadero para el ser humano, pues es único e irrepetible. Es cierto que puede ser difícil aceptar la llegada de un nuevo ser humano, así como las pruebas de la vida cotidiana, pero las luchas son también una de las maneras en que Dios forma nuestros corazones y pule nuestras almas para que reflejen su imagen con mayor claridad. La vida terrena es la forma en que Dios nos prepara para la vida eterna con él.

Cultura de vida

A medida que intentamos vivir la fe en este mundo, es preciso buscar las formas en que Dios nos pide establecer su reino con mayor firmeza, como, por ejemplo, fomentando una cultura de vida. A lo largo de los más de 45 años desde que Roe vs. Wade permitió el aborto legal, muchos católicos de la arquidiócesis y de todo el país se han dedicado a conseguir su revocación. Por tanto, su reciente derogación debería ser un motivo de alegría. Roe fue un fallo injusto que permitía matar legalmente a millones de niños en el vientre materno.

Al mismo tiempo, con la decisión de la Corte Suprema de EE. UU. de restablecer la regulación del aborto al nivel estatal, la Iglesia de Colorado y nuestros aliados provida tienen una ardua batalla por delante. Aunque podemos alegrarnos de que muchos estados vecinos probablemente promulguen límites al aborto, la aprobación de la Ley de Equidad en la Salud Reproductiva en Colorado permite el aborto por cualquier motivo hasta el nacimiento. Además, establece que ningún embrión o feto tiene derechos antes del nacimiento. Esto es un claro rechazo de la verdad, la bondad y la belleza de la vida humana. El objetivo de esta ley, según algunos de sus partidarios, es convertir a Colorado en un «destino abortista».

Esta realidad nos plantea un nuevo reto. Debemos prepararnos para acoger y apoyar a más mujeres que se encuentran en un estado vulnerable para elegir el aborto. Podemos hacerlo a través de nuestras oraciones y nuestro amor y amistad, sin dejar de ofrecer una excelente atención médica y de salud mental, y ayudarles a cubrir sus necesidades fundamentales, como la de un hogar digno.

Respuesta católica y provida a los ataques

Después de que se filtrara el borrador del dictamen sobre el caso Dobbs, algunas de nuestras iglesias y centros provida, tanto católicos como no católicos, han sido atacados. No debería sorprendernos que esto ocurra. De hecho, los ataques hablan de la eficacia de nuestro testimonio por la vida. Como dijo Jesús a los discípulos: «Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como si fueran suyos […]. Recuerden la palabra que les he dicho […]. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes…» (Jn 15,18-20).

Entonces, ¿cómo debemos responder cuando nos atacan y agravian? Jesús nos dijo que no nos sorprendiéramos ante la persecución, porque el evangelio expone los pecados, expone al «padre de la mentira». Y cuando el pecado se expone a la luz, puede llevar al arrepentimiento o al endurecimiento de corazón y el odio. Esta es una tentación tanto para los que están lejos de Dios como para los que viven la fe y son blancos del mal. Debemos estar en guardia para no permitir que el mal nos lleve al odio. Por el contrario, debemos pedir a Dios la gracia de amar a nuestros enemigos y rezar por los que nos persiguen (cf. Mt 5,44).

Podemos inspirarnos en esta lucha sobrenatural mirando a las generaciones anteriores de cristianos perseguidos y a los que hoy sufren por la fe. Hace poco leí sobre nuestros hermanos y hermanas en Nigeria, que cargan habitualmente con la pesada cruz de los brutales atentados que han cobrado la vida de decenas de personas, entre ellos ancianos y niños. Hace apenas unas semanas, 50 feligreses fueron bombardeados y asesinados a tiros mientras celebraban la fiesta de Pentecostés en la iglesia de San Francisco Javier en la ciudad de Owo.

En el funeral de muchas de las víctimas, se animó a la afligida parroquia a no dejar que la tragedia los aplastara. «Pueblo de Dios», dijo el obispo Emmanuel Badejo, «la tragedia y el dolor, pequeños o grandes, tienen la capacidad de golpearnos y aplastarnos solo si sucumbimos a ellos… Hoy, por difícil que sea, optemos más por dar gracias a Dios por haber dado a nuestros hermanos difuntos la vida, la fe y el privilegio de pertenecer a él y de volver a él incluso de esta manera incomprensible».

Cuando sufrimos por proteger a los niños en el vientre materno, por creer que Dios nos hizo hombre y mujer, por defender la santidad del matrimonio, por insistir en la dignidad de los migrantes, por luchar contra el racismo o contra cualquier ataque a la imagen y semejanza de Dios, tratemos de imitar a nuestros hermanos en la fe que acuden al Señor en busca de fuerza y perseverancia. Tratemos de imitar también a los apóstoles, que fueron azotados por predicar sobre Jesús y se alegraron cuando fueron considerados dignos de sufrir por él (Hc 5,41).

Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de los no nacidos y madre de Jesús, ruega por nosotros y protégenos.

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada «Desde el comienzo». Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

Arzobispo Samuel J. Aquila
Mons. Samuel J. Aquila es el octavo obispo de Denver y el quinto arzobispo. Su lema es "Haced lo que él les diga" (Jn 2,5).
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