Conozca los siete nuevos santos de la Iglesia Católica

El Papa Francisco canonizará a siete nuevos santos el próximo 14 de octubre en el Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional.

La lista incluye un papa, un arzobispo, un laico, dos mujeres fundadoras y dos presbíteros. Un tema consistente entre ellos es el cuidado por los pobres y una fuerte fe en Jesús a pesar de los tiempos difíciles.

Conoce las vidas de estos casi santos y el trabajo que hicieron para construir el Reino de los Cielos aquí en la tierra.

 

Papa Pablo VI

Conocido por sus sabias enseñanzas sobre el matrimonio, la familia y la apertura a la vida, especialmente con la encíclica Humanae Vitae publicada en 1968 y por la cual él soportó duras críticas también dentro de la misma Iglesia. En su encíclica Populorum Progressio habla del desarrollo de los pueblos, el cual no puede darse sin la solidaridad entre las naciones.

Su nombre de pila es Giovanni Battista Montini. Nació en 1897 en el norte de Italia. Pese a los quebrantos de salud que sufrió, fue ordenado sacerdote en 1920. En 1954 fue nombrado arzobispo de Milán. Participó en las sesiones del Concilio Vaticano II. En 1963 San Juan XXIII (quien falleció ese mismo año) lo hizo cardenal. En cónclave de ese año fue elegido pontífice y tomó el nombre de Pablo VI. Culminó las sesiones del Concilio Vaticano II el cual concluyó en 1965. Fue el primer papa en realizar viajes internacionales y visitó diversos países en los cinco continentes. En 1965 se encontró con el patriarca de Constantinopla Atenágoras I y se levantó así la condena entre católicos y ortodoxos. Falleció el 6 de agosto de 1978 y fue beatificado por el Papa Francisco en 2014.

Nunzio Sulprizio

El mes del Sínodo sobre los Jóvenes, la fe y la Discernimiento Vocacional parece ser el tiempo perfecto para la canonización del Nunzio Sulprizio.

Nunzio era un laico que murió a los 19 años, y aunque su vida fue corta, estuvo llena de un profundo sufrimiento acompañado de una profunda fe.

Los padres de Nunzio murieron cuando él era un niño, y él quedo al cuidado de su tío, quien lo abusó y lo explotó.

Nunzio encontró fuerza en Jesús, aun después de que contrajo gangrena en una de sus piernas, lo que le causó un mayor sufrimiento. Durante este tiempo, él vivía en un hospital en Nápoles donde asistía a otros pacientes y se aferraba a su fe.

El joven finalmente murió de cáncer de huesos.

Nunzio fue beatificado en 1963 por el Papa Pablo VI, quien dijo que la vida del joven dejo la enseñanza de que los jóvenes tienen una misión más importante y significativa de lo que ellos piensan.

“Nunzio Sulprizio te dirá que el periodo de la juventud no debe ser considerado como la edad de las pasiones libres, las inevitables caídas, las crisis invencibles, de pesimismo decadente, de egoísmo dañino”.

Más bien, el papa dijo, “Nunzio muestra que ser joven es una oportunidad maravillosa”.

“Es una gracia, es una bendición ser inocente, ser puro, ser feliz, ser fuerte, estar lleno de entusiasmo y vida – así como deben ser aquellos quienes reciben el don de una existencia nueva y fresca, regenerada y santificada en el bautismo”.

 

Maria Catherine Kasper

Maria Catherine Kasper vivió una vida simple en una pequeña comunidad alemana. Mientras crecía, iba a la escuela tan frecuentemente como podía, pero los problemas de salud a menudo la mantenían en casa. Le encantaba hacer sus tareas y leer.

Cuando niña, Catherine y sus amigos visitaban el santuario Mariano local, y a corta edad se sintió atraída a la vida religiosa.

Cuando murió su padre ella tenía solo 21 años. María y su madre vivían con otra familia, y Catherine trabajo en una granja para tener un sustento.

Desde muy corta edad, Catherine disfrutaba ayudar a los pobres y los enfermos de su comunidad. Su esfuerzo inspiró a otros a involucrarse, y su dedicación finalmente llevó a Catherine y a otras cuatro mujeres a formar una comunidad religiosa llamada Siervas Pobres de Jesucristo.

El profundo amor de Catherine por la Virgen la llevó a tomar el nombre de María Catherine.

Desde su fundación, el ministerio de las Siervas Pobres de Jesucristo se ha extendido por varios países, incluyendo India, Brasil y los Estados Unidos. Ahora la orden tiene cientos de hermanas que continúan la labor inspirada por Catherine.

Catherine fue beatificada el 16 de abril de 1978.

 

Oscar Romero

Conocido como el arzobispo de San Salvador que murió mártir el 24 de marzo de 1980 y quien mostró un gran y profundo amor por los pobres y marginados.

Nació en Ciudad Barrios, San Salvador el 15 de agosto de 1917. Creció en una familia humilde y vivió una vida sencilla sin recursos como agua o electricidad. Tanto él como sus hermanos dormían en el suelo. Asistió a la escuela hasta los 12 años y luego tuvo que trabajar para ayudar al sostenimiento de su familia. Sintió el llamado al sacerdocio e ingresó al seminario a los 14 años.

El futuro santo Mons. Óscar Romero

Entrevistamos al padre Jose Anibal Chicas, salvadoreño, quien nos habló sobre el futuro santo Mons. Óscar Romero. @Sacred Heart of Jesus Catholic Church

Posted by El Pueblo Católico on Wednesday, October 10, 2018

Viajó a roma en 1937 para completar su formación sacerdotal y fue ordenado allí en 1942. Al año siguiente regresó a su país para ejercer su ministerio. Fue nombrado obispo auxiliar de San Salvador en 1970 y arzobispo en 1977. Fue un gran crítico de la estructura del gobierno de su país por alimentar la violencia y el conflicto con la guerrilla. Tras la muerte de varios sacerdotes defensores de los derechos humanos, Romero dijo en su homilía dominical el 23 de marzo de 1980: “En nombre de Dios y de este pueblo sufrido les pido, les ruego, en nombre de Dios, ¡cese la represión!”. Muchos consideraron estas palabras como su sentencia de muerte. El Arzobispo fue asesinado al día siguiente mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. Fue beatificado el 23 de mayo de 2015 y será canonizado el próximo 14 de octubre en Roma.

 

Francesco Spinelli

Durante el primer año del sacerdocio de Francesco Spinelli en 1875, visitó la Basílica de Santa Maria de la Mayor en Roma y se arrodilló frente a la cuna de Jesús.

Fue allí donde tuvo la visión de una joven mujer adorando a Jesús en el Santísimo Sacramento. La imagen era tan poderosa que lo llevó a fundar las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, una congregación religiosa dedicada a la adoración Eucarística.

Francesco nació en Milán y a muy corta edad se sintió atraído por la Eucaristía.

En una biografía que fue escrita por la orden que él fundó, dice que Francesco sufrió una lesión en la columna vertebral cuando tenía 14 años y usaba muletas para caminar después del accidente. Pero después de rezar en la iglesia frente a una estatua de María, Francesco se curó milagrosamente y salió de la iglesia sin la necesidad de usar sus las muletas.

Francesco sintió el llamado al sacerdocio y fue ordenado en 1875. Su amor por servir a los pobres durante su infancia y continuó a lo largo de su sacerdocio, tiempo en que se dedicaba a enseñar en un seminario durante el día y dirigía una escuela para feligreses desfavorecidos por la noche.

Su amor por los pobres y la devoción a la Eucaristía lo llevaron a su beatificación en 1992.

 

Vincenzo Romano

Vincenzo Romano pasó todo su sacerdocio sirviendo en Torre del Greco, una ciudad plagada por el volcán Vesubio, que hizo erupción en 1794 y causó destrucción en toda la ciudad italiana.

El daño inspiró a Vincezo a reconstruir la Santa Croce, su parroquia, con sus propias manos.

La dedicación de Vincezo de servir a sus feligreses se hizo evidente durante ese tiempo, pero también durante todo su sacerdocio en la comunidad de Torre del Greco.

Vincezo nació en 1751 y fue educado en Nápoles, donde estudió los escritos de San Alfonso María de Ligorio. Respondió al llamado al sacerdocio y fue ordenado en 1775 con solo 24 años.

El sacerdote no solo amó y guio a su comunidad, además se esforzaba por ayudar a los pobres y enfermos. Vincezo no se apartó de los problemas sociales que ocurrieron durante su vida.

Tenía un amor particular por los huérfanos, y por los candidatos al sacerdocio, y era recordado por llevar un estilo de vida simple y humilde.

La reputación de santidad de Vincezo lo ayudo a ser beatificado en 1963

Nazaria Ignazia March Mesa

Al recibir su Primera Comunión, Nazaria Ignazia March Mesa sintió un llamado a la vida religiosa.

A pesar de la indiferencia de su familia a la fe católica, y el desánimo que recibió de ellos de asistir a misa y desarrollar devociones, se unió a la Tercera Orden Franciscana después de ser confirmada.

Nazaria creció en España, pero se mudó con su familia a México, donde conoció a miembros de Hermanitas de los ancianos desamparados. Sintió el llamado a la vida religiosa e hizo sus votos perpetuos a la orden en 1915 y continuó sirviendo en Bolivia.

Durante su tiempo en la orden, trabajo como cocinera, ama de llaves y enfermera. Pero para 1920, se sintió llamada a crear una nueva congregación enfocada en trabajo misionero y evangelización. En 1925. Ella y otras seis hermanas fundaron la Cruzada Pontificia, que luego fue nombrada Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia.

El trabajo de la orden se centró en ofrecer educación religiosa a niños y adultos, así como a dirigir misiones. Aunque recibió mucha adversidad y oposición a su trabajo, Nazaria continúo sirviendo a la comunidad local y más allá.

Su trabajo la llevó a Buenos Aires, y ayudó a esparcir la orden por toda América del Sur, y partes de Europa.

Nazaria fue beatificada el 27 de septiembre de 1992.

Próximamente: Santos fuertes para nuestros tiempos de duda

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla