Ellos fueron santos al ser padres de familia

Carmen Elena Villa

La paternidad es sin duda un camino seguro a la santidad. Ser un esposo fiel, educar a los hijos en la fe y tener a Jesús en el centro son medios concretos para vivir de acuerdo con la vocación a la vida matrimonial y a la tarea de educar los hijos y de estar insertos en el mundo para ser así una luz que pueda iluminar las realidades terrenas y llevar a Dios con el ejemplo y el testimonio a muchos rincones de la tierra. En el día del Padre resaltamos la vida de algunos hombres quienes, en medio de su vocación de padres, llegaron a la santidad.

 

San Luis Martín (1823 – 1894)

Es el padre de Santa Teresita del Niño Jesús y fue canonizado junto con su esposa por el Papa Francisco en el año 2015. Nació en Burdeos, Francia y se caracterizó por ser muy piadoso y tener un buen corazón. Su padre era militar.  De joven pensó que tenía vocación a la vida religiosa y quiso ingresar al monasterio de San Bernardo pero no fue admitido. Luego descubrió que Dios lo llamaba a santificarse en el matrimonio. A los 35 se casó con Zélie Guerin con quien tuvo nueve hijos y cuatro murieron al nacer. Las cinco hijas que quedaron vivas abrazaron la vida religiosa. En su familia se cultivaban virtudes como la misa diaria, la oración personal y comunitaria, la confesión frecuente y la participación en la vida parroquial. Eran una familia de clase media alta pero aun así llevaban una vida modesta. A Luis le gustaba peregrinar con sus hijas y también visitar a los enfermos. Su esposa contrajo cáncer y murió en 1877. Su hija mayor, Marie-Louise  con 17 años, asumió las responsabilidades de la madre. Santa Teresita tenía solo 4 años.  Sus hijas ingresaron al convento. Pauline en 1882, Marie-Louise en 1886, Teresita en 1888 con 15 años – para ello pidió una dispensa al papa León XIII – y Leonine 1899. “Es un gran honor para mí que el Señor quiera tomar a todas mis hijas”, dijo Luis en una ocasión. Tuvo un derrame cerebral en 1887 en el que perdió la memoria, la capacidad de hablar, tenía alucinaciones y deseos de abrazar de nuevo la vida monástica. Murió en septiembre de 1894 y su hija Celine, quien estuvo cuidándolo todo este tiempo, ingresó también al Carmelo.

 

Santo Tomás Moro (1478 – 1535)

Nació en Cheapside, Inglaterra. A los 13 años se fue a trabajar de mensajero en la casa del Arzobispo de Canterbury, y éste al darse cuenta de la gran inteligencia del joven, lo envió a estudiar al colegio de la Universidad de Oxford. Se graduó doctor en abogacía con solo 22 años. Pensó que tenía vocación de cartujo y se mudó a este monasterio. Cuatro años después se dio cuenta que este no era su llamado. Contrajo matrimonio en 1505 con Jane Colt con quien tuvo 4 hijos: Margaret, Elizabeth, Cecily y John. Margaret, su hija mayor era la más cercana. Sus obligaciones lo llevaron muchas veces a tener que estar lejos de su familia. Aún así él expresaba el amor a sus hijos y su constante preocupación por ellos. Su esposa murió solo seis años después de la boda. Tomás contrajo segundas nupcias con la también viuda Alice Middleton. En 1529 fue nombrado Canciller de su país. Dos años más tarde el rey Enrique VIII se divorció de su esposa y pidió a la Santa Sede que aceptaran su segundo matrimonio con Ana Bolena. Y como el Sumo Pontífice se negó a conceder este permiso, el rey se declaró Jefe Supremo de la religión de la nación.  Con ello declaró la persecución contra todo el que no aceptara esta medida. Entre quienes se oponían a ello estaba Tomás quien fue arrestado por contrariar al rey. “Tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda, y pensar en la salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer”, dijo mientras estaba en prisión. Se le dictó entonces sentencia de muerte. Murió decapitado en julio de 1535.

 

San Manuel Morales: (1898 – 1926)

Este santo es uno de los tantos mártires mexicanos de la Guerra Cristera de inicios del siglo XX, un movimiento que buscaba defender la libertad religiosa en este país y hacer frente a la ley del entonces presidente Plutarco Elías Calles que prohibía profesar la fe católica en público, y obligaba que cualquier propiedad o actividad religiosa debía ser supervisada por el Estado.

Nacido en Sombrerete, desde muy pequeño se trasladó a la ciudad de  Chalchihuites, Zacatecas. Ingresó al seminario de Durango el cual tuvo que abandonar porque debía contribuir al sostenimiento de su familia que era muy pobre. Era dueño de una panadería y contrajo matrimonio en 1921 con Consuelo Loera con quien tuvo tres hijos. Era conocido por ser “trabajador cumplido, laico comprometido en el apostolado de su parroquia y de intensa vida espiritual alimentada con la Eucaristía”, según indica su biografía publicada en vatican.va.

También se destacaba por ser respetuoso con su esposa e hijos y por vivir de acuerdo a su condición de bautizado. Pertenecía al Círculo de Obreros Católicos y también a la Acción Católica de la Juventud Mexicana. Fue el líder de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. En un discurso, Morales defendió la libertad religiosa con mucha radicalidad. Fue denunciado por ello y posteriormente su párroco el padre Luis Batis fue arrestado. Manuel, al intentar defenderlo, fue también arrestado. Los soldados le ofrecieron dejarlo en libertad si el aceptaba la ley antirreligiosa del entonces presidente Calles, a lo cual él se negó. San Manuel fue posteriormente asesinado. Al morir, dijo como muchos compatriotas suyos. “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.  Fue canonizado por San Juan Pablo II en el año 2000.

 

San Luis IX, rey de Francia (1214 –1270)

Era hijo del rey Luis VIII de Francia y de la infanta Blanca de Castilla. Su madre le inculcó el amor por la fe y el horror por el pecado. Al morir su padre, fue coronado rey en 1226 y contrajo matrimonio en 1234 con Margarita de Provenza con quien tuvo 11 hijos de los cuales nueve llegaron a la vida adulta: cinco hombres y seis mujeres. Respetaba a su esposa y con ella cultivó una vida de oración, Santa Misa y participación del Oficio Divino y confesión frecuente.

Además era muy preocupado por la educación de sus hijos a quienes les escribió una carta denominada “Testamento espiritual” en la que les decía que era mejor someterse a cualquier tipo de martirio que cometer un pecado mortal. También les aconsejó que aceptaran cualquier tribulación con gratitud, les inculcó el valor de dar toda la consolación que pudiesen a los pobres y afligidos “Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón”, escribió el santo a uno de sus hijos. Durante su reinado sancionó a aquellos ciudadanos que cobraran intereses muy elevados haciéndoles devolver el dinero que le habían quitado a los más necesitados. Como rey envió un ejército a Tierra Santa en 1247 para defenderla de la invasión mahometana. Fundó hospitales e invitaba a comer a mendigos a su casa.  Murió el 25 de agosto de 1270. Minutos antes de fallecer dijo: “Señor, estoy contento, porque iré a tu casa del cielo a adorarte y amarte para siempre”.

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‘¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!’

En su décimo aniversario, escuela de evangelización sigue formando discípulos misioneros en Denver

Vladimir Mauricio-Perez

Durante más de diez años, la Escuela de Evangelización San Pablo de Denver no solo ha buscado que las personas tengan una experiencia bonita de Dios, sino que lo sigan con radicalidad en su vida diaria y que compartan con otros el gran don que han recibido: que se conviertan en auténticos discípulos y predicadores.

Bajo la inspiración y el patronazgo de San Pablo, la escuela ha tomado como lema su frase: “¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!” (1 Cor 9,16), expresando el celo por llevar a Dios a los demás que nace tras un encuentro con él.

“El objetivo principal de la escuela de evangelización es formar evangelizadores y formadores de evangelizadores: enseñar a enseñar,” dice Abram León, coordinador de movimientos eclesiales laicales de la Arquidiócesis de Denver y director de la Escuela de Evangelización San Pablo por los últimos diez años. “Todos los miembros han tenido un encuentro personal con Cristo que los hace tener un celo admirable para llevar a Jesús a los demás”.

La misión de la escuela ha consistido en formar escuelas de evangelización en cada parroquia para que estas impartan los propios cursos de seguimiento. Ahora hay 13 Escuelas de Evangelización San Pablo en 13 parroquias distintas, con alrededor de 17 miembros en cada una.

“Los buenos testimonios de sacerdotes al ver el impacto en las personas de su parroquia y los grandes frutos: esta es la alegría más grande de los discípulos evangelizadores que salimos de nuestra zona de confort para predicar,” dice Abram.

“El fruto mayor que yo he visto ha sido cómo las personas a las que hemos llevado la Palabra han hecho comunidad,” dice Rigo Escamilla, feligrés de la parroquia St. Anthony of Padua y de la escuela de evangelización desde hace diez años. “He visto en el transcurso de este tiempo la transformación de muchísimas personas, el encuentro con Dios de tantos que no sabían de Él. Y después he visto cómo se han ido entregando en el servicio dentro del templo, en la alabanza o en la catequesis”.

Los orígenes de este método de llevar el Evangelio se encuentran en la llamada del Papa San Juan Pablo II en los años 80 a una nueva evangelización, “Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”.

La unión de tres líderes católicos abriría el camino para un método de enseñanza kerigmático, carismático y comunitario: el padre Emiliano Tardif, el padre Ricardo Argañaraz y el laico José “Pepe” Prado. En otras palabras, se buscaba trasmitir el auténtico mensaje del Evangelio de una manera dinámica que llegara lo más profundo del corazón.

La primera escuela de evangelización llamada “San Andrés” comenzó en Guadalajara, Méx. y después se esparció a diferentes lugares de los Estados Unidos, incluyendo Denver, donde ha dado grandes frutos y radica bajo el Movimiento de Renovación Carismática con el nombre “San Pablo”.

Un fuego ardiente

“La entrega de los miembros es admirable porque lo hacen sin esperar recompensa, sino por amor a Cristo y a la Iglesia”, dice Abram.

Pero ¿de dónde nace tal entrega y ardor que los lleva a predicar a “tiempo y a destiempo”? Nace precisamente del encuentro que han tenido con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de la transformación que han experimentado en sus propias vidas al formar parte de la escuela de evangelización.

“Una de las cosas que me ha ayudado de haber ingresado a la escuela fue un cambio grande y radical en mi vida espiritual. Yo no tenía nada de conocimiento de la vida espiritual”, comparte Rigo. “Me he enamorado de la relación con Dios. He encontrado el verdadero sentido de mi vida. Para mí la escuela de evangelización ha sido una maestra que me ha formado y dado la capacidad para enfrentar mi vida diaria.”

Abram igualmente dice tenerle mucho que agradecer a la escuela: “Me ayudó a encontrarme más profundamente con Dios, a ver el magisterio de la Iglesia y los sacramentos como una fuente de vida y santificación”, comparte el líder. “En sus cursos me enamoré de la palabra, de la comunidad, conocí a Jesús como Maestro y me dio la pasión y el celo por salir a anunciar a otros que Jesús está vivo”.

“Si algo le tengo que agradecer es que me ha ayudado a ser discípulo de Cristo, a ser misionero y no tener miedo a salir de mi casa, de mi iglesia, de mi diócesis a llevar a Cristo a otros,” dice Abram.

El obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez celebró el pasado 29 de junio una misa por el X aniversario de la escuela en la que reconoció su gran esfuerzo por llevar la palabra de Dios a otras parroquias y los alentó a llevar ese mensaje en todas las áreas de su vida y a discernir el futuro de esta misión.

“Ahora les toca discernir con oración para ver por dónde los está llevando el Señor, poner todo en la misión y que crezca esta escuela de evangelización, que haya más escuelas de evangelización y que lleven su mensaje a más gente para la gloria de nuestro Señor”, concluyó el prelado.