Era una exitosa estrella de baloncesto, pero prefirió convertirse en monja enclaustrada

Equipo de Denver Catholic

Por, Makena Clawson.

Shelly Pennefather, llevó a al equipo femenil de baloncesto de la preparatoria Bishop Machebeuf a la victoria en cada partido en el que jugaba.  Sus compañeros y amigos no se sorprendieron al enterarse de que ella jugaría en el equipo universitario para Villanova y luego profesionalmente en Japón.  Tampoco fue sorprendente enterarse de la vocación religiosa de Shelly, lo sorprendente fue la orden que eligió.

En 1991, Shelly condujo a Alexandria, Virginia, donde ingresó al Monasterio de las Clarisas.  Ahí se convirtió en una monja enclaustrada y comenzó una vida radical que incluía salir descalza como penitencia y pobreza, y rezar todas las horas del Oficio Divino, incluyendo en horas de la madrugada.  Esto también significaba que no vería a su familia durante 25 años hasta después de su profesión, excepto dos veces al año detrás de una pantalla transparente donde no podía tener contacto físico con ellos.

“Me sorprendió que eligiera una orden de claustro… No me sorprendió en lo absoluto que eligiera una vocación”, dijo Annie McBournie, compañera de clase y amiga de Pennefather.

La historia de Shelly apareció recientemente en la cadena ESPN, donde se relató cómo Pennefather dejó de ser la jugadora de baloncesto femenina mejor pagada del mundo en 1991, para vivir una vida al servicio del Señor, como una Clarisa pobre.  Pennefather tomó el nombre de hermana Rose Marie de la Reina de los Ángeles. 

El pasado mes de junio, la hermana Rose Marie celebró su 25 aniversario de profesión solemne, un momento muy esperado en el que pudo saludar a su familia fuera de la pantalla, algo que no volverá a suceder dentro de otros 25 años.

Compañeros del equipo de Villanova, amigos, compañeros de clase y familiares se hicieron presentes.  Finalmente pudo abrazar a su madre de 78 años, probablemente por última vez.

Su amiga McBournie no pudo asistir, pero dijo que visitará a la hermana Rose Marie este otoño.  Ambas se han mantenido al día a través de cartas, por lo que tiene permitido visitarla en el monasterio.

Pennefather asistió a la escuela preparatoria Bishop Machebeuf en Denver de 1980 a 1983, antes de transferirse su último año debido al trabajo militar de su padre. Ella dejó la escuela con un récord de 70-0, mientras jugó baloncesto. “Durante toda su carrera de preparatoria, nunca perdió un partido” dijo McBournie.

Shelly Pennefather, en esta foto de los archivos de la Arquidiócesis de Denver. (Cortesía: James Baca)

McBournie era una porrista y amiga de la hermana Rose Marie durante sus años en preparatoria, pero una amistad más profunda comenzó 10 años después de graduarse.  El hermano de Rose Marie, Dick, llamó a McBournie antes de la Jornada Mundial de la Juventud en Denver en 1993, cuando McBournie se encontraba en el área.  La hermana Rose Marie se acababa de unir a las Clarisas y ellos se habían reunido para hablar sobre un proceso de duelo que atravesaba la familia. Dick le mencionó que podían escribirle a la hermana Rose Marie tantas cartas como quisieran y que un día al año, en la Fiesta de la Epifanía, ella les respondería.

“A partir de ese momento, le he estado escribiendo todos los años”, dijo McBournie.  Ella le envía a la hermana Rose Marie actualizaciones sobre la vida, fotos de sus reuniones de secundaria y solicitudes de oraciones.

“He sido testigo de su viaje a través de estas cartas”, agregó.  Cuando el padre de la hermana Rose Marie murió, poco tiempo después de ingresar al monasterio, no pudo salir para ir al funeral.  McBournie vio lo difícil que fueron esos sacrificios para ella, especialmente en los primeros años de su vocación.  Pero ahora las cartas muestran la alegría de la hermana Rose Marie.

“En los últimos 5 a 10 años, la veo diciendo: ‘Soy muy bendecida de poder hacer esto’”, dijo McBournie, “Está muy alegre”.

Un compañero de clase de Machebeuf le pidió a McBournie la dirección de la hermana Rose Marie para divertirse un poco.  Le envió un billete de $20 con una nota que decía que podría usarlo en fumar y una botella de vino.  La hermana Rose Marie no perdió el sentido del humor en su carta anual y respondió que “compré incienso y bebí del cáliz”, contó McBournie.

Pero la carta también provocó el comienzo de una amistad.  Este compañero de clase continuó escribiéndole e incluso asistió al 25 aniversario.

La hermana Rose Marie celebró recientemente el 25 aniversario de su profesión de votos con las Clarisas. Pudo abrazar a sus amigos y familiares por primera vez en 25 años. ESPN estuvo allí para cubrir la ocasión. (Cortesía: Mary Beth Bonacci)

“Sus cartas siguen siendo muy graciosas y aún muy sarcásticas”, expresó McBournie.  También recuerda que la hermana Rose Marie era reservada y tranquila en la preparatoria, se centró más en la escuela y el baloncesto que en cualquier otra cosa.  Su padre estaba en el ejercito y la familia era muy disciplinada, pero tenían un buen sentido del humor e ingenio rápido, según su amiga.

“Su espiritualidad impregnaba su existencia desde que era joven”, expresó.

David Domínguez, estaba unos años por delante de la hermana Rose Marie en Machebeuf, pero recuerda lo disciplinada que era y el talento que tenía.  Él se denominó a sí mismo como el porrista de la hermana. “Si el puntaje era muy cerrado comenzábamos a gritar ‘¡Shelly! ¡Shelly!’”, dijo Domínguez.  “Era una de mis porras favoritas”.

Shelly Pennefather (# 15) tuvo un récord de 70-0 jugando baloncesto para la escuela Machebeuf en la década de 1980. Luego jugó para Villanova y después profesionalmente en Japón. (Cortesía: Villanova Athletics)

Domínguez hacía ejercicio en el gimnasio de la base de la Fuerza Aérea, donde la hermana Rose Marie entrenaba y jugaba baloncesto con su padre y su hermano. “Sabía que tenía habilidades increíbles… era algo mágico”, dijo.

También sabía que Shelly era diferente.

“Ella vivía por un propósito diferente a los demás”, expresó.

Pese a que ha cambiado su camiseta de baloncesto por el hábito, la devoción y personalidad de la hermana Rose Marie se han permanecido igual.

Aunque la hermana Rose Marie solo puede escribir una carta al año y rara vez puede recibir visitas, su amistad e influencia van mucho más allá de los muros del monasterio.  McBournie dijo que sus cartas anuales las han acercado más que en la escuela preparatoria.

“Espero su carta todos los años”, finalizó.

 

Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.

Próximamente: 5 santos latinoamericanos que quizás no conocías

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Durante los últimos cinco siglos, el continente americano, ha contado con grandes santos. San Juan Diego, Santa Rosa de Lima o San Martin de Porres, son solo algunos de los santos que gozan de una gran devoción popular por parte de la comunidad latinoamericana.

No obstante, este septiembre, Mes de la Herencia Hispana, nos invita a reflexionar más a fondo sobre la vida de los santos menos conocidos que han impactado profundamente diferentes países latinoamericanos a través de su fe y trabajo, y cuyo ejemplo tiene el poder de impactar a personas en cualquier parte del mundo.  Te presentamos algunos santos que quizás no conocías.

 

Santo Toribio de Mogrovejo
1538-1606
Perú

Nacido en Valladolid, España, Toribio era un joven piadoso y un destacado estudiante de derecho.  Como profesor, su gran reputación llegó hasta los oídos del rey Felipe II, quien finalmente lo nominó para la Arquidiócesis vacante de Lima, Perú, a pesar de que Toribio ni siquiera era un sacerdote.  El Papa aceptó la solicitud del rey a pesar de las protestas del futuro santo. Antes del anuncio oficial, fue ordenado sacerdote, y unos meses después, obispo.  Pasó por su arquidiócesis evangelizando a los nativos y se dice que bautizó a casi medio millón de personas, incluyendo a Santa Rosa de Lima y San Martin de Porres.  Aprendió los dialectos locales, produjo un catecismo trilingüe, luchó por los derechos de los nativos e hizo de la evangelización un tema principal de su episcopado.  Además, trabajó devotamente para una reforma arquidiocesana después de darse cuenta de que los sacerdotes diocesanos estaban involucrados en impurezas y escándalos.  Santo Toribio de Mogrovejo predijo la fecha y hora de su muerte, y sus retos están enterrados en la catedral de Lima, Perú.

 

Santa Mariana de Jesús Paredes
1618-1645
Ecuador

Mariana nació en Quito, y no solo se convirtió en la primera santa de ese país, sino que también fue declarada heroína nacional por la Republica del Ecuador.  Cuando era niña, Mariana mostró un profundo amor por Dios y se sometía a largas horas de oración y sacrificio.  Intentó integrarse a una orden religiosa en dos ocasiones, pero varias circunstancias no lo permitieron.  Esto llevó a Mariana a darse cuenta de que Dios la estaba llamando a la santidad en el mundo.  Construyó una habitación al lado de la casa de su hermana y se dedicó a la oración y a la penitencia, viviendo milagrosamente solo de la Eucaristía.  Era conocida por poseer los dones de consejo y profecía.  En 1645, los terremotos y las epidemias estallaron en Quito, por lo que ella ofreció su vida y sufrimientos para ponerles fin.  Terminaron luego de que ella hizo su ofrenda.  El día de su muerte, se dice que un lirio brotó de la sangre que se extrajo y se vertió en una maceta, lo que le dio el nombre de La “Azucena de Quito”.

 

 

Santa Teresa de Los Andes
1900-1920
Chile

Santa Teresa de Jesús de los Andes fue la primera santa de Chile y la primera carmelita descalza en ser canonizada fuera de Europa. Nacida como Juana, cuando era niña la futura santa era conocida por su fuerte temperamento. Era orgullosa, egoísta y terca. A los seis años se sintió profundamente atraída por Dios, y su extraordinaria inteligencia le permitió comprender la seriedad de recibir la Primera Comunión. Juana cambió su vida y se convirtió en una persona completamente diferente a los 10 años, practicando el sacrificio y la oración profunda. A los 14 años, decidió convertirse en Carmelita Descalza y recibió el nombre de Teresa de Jesús. Profundamente enamorada de Cristo, la joven y humilde religiosa le dijo a su confesor que Jesús le dijo que moriría pronto, algo que aceptó con alegría y fe. Poco después, Teresa contrajo tifus y murió a la edad de 19 años. Aunque le faltaban 6 meses para terminar su noviciado, pudo profesar votos “en peligro de muerte”.  Alrededor de 100,000 peregrinos visitan su santuario en los Andes anualmente.

 

Santa Laura Montoya
1874-1949
Colombia

Luego de que su padre muriera en la guerra cuando ella era solo una niña, Laura se vio obligada a vivir con diferentes miembros de la familia en la pobreza. Esta realidad le impidió recibir educación formal durante su infancia. Lo que nadie esperaba es que un día se convirtiera en la primera santa de Colombia. Su tía la inscribió en una escuela a la edad de 16 años, para que se convirtiera en maestra y se ganara la vida en ese oficio. Ella aprendió rápidamente y se convirtió en una gran escritora, educadora y líder. Era una mujer piadosa y deseaba dedicarse a la evangelización de los nativos. Mientras se preparaba para pedirle ayuda al Papa Pío X, recibió la nueva Encíclica Lacrymabili Statu del Papa, sobre la condición deplorable de los indios. Laura lo vio como una confirmación de Dios y fundó los Misioneros del Inmaculado Corazón y Santa Catalina de Siena, trabajando para la evangelización de los nativos y luchando en su nombre para que fueran vistos como hijos de Dios.

 

San Manuel Morales
1898-1926
México

Manuel fue un laico y uno de los muchos mártires de la Guerra Cristera de México en la década de 1920. Se unió al seminario cuando era adolescente, pero tuvo que abandonar este sueño para poder mantener económicamente a su familia. Se convirtió en panadero, se casó y tuvo tres hijos. Sin embargo, este cambio no le impidió dar testimonio de la fe públicamente. Se convirtió en presidente de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, que estaba siendo amenazada por la administración del presidente Plutarco Elías Calles. Morales y otros dos líderes de la organización fueron tomados prisioneros mientras discutían cómo liberar a un amigo sacerdote del encarcelamiento por medios legales. Fueron golpeados, torturados y luego asesinados por no renunciar a su fe. Antes del ser fusilado, el sacerdote rogó a los soldados que perdonaran a Morales porque tenía una familia. Morales respondió: “Me muero por Dios, y Dios cuidará de mis hijos”. Sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!”