Es momento de volver a lo más esencial: La Santa Misa

Por Jared Staudt

“Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola” (Lc 10, 41-42).

Sería fácil imaginar a Cristo diciéndonos esto ahora, alejándonos de nuestras ansiedades para sentarnos a sus pies, como María, la hermana de Marta. Jesús quiere darnos la paz que necesitamos en medio de nuestra ansiedad por “muchas cosas”. Al llamarnos a la comunión con Él, Jesús nos muestra que Él es lo único que es necesario, lo más esencial en nuestras vidas.

La ansiedad puede ser comprensible en estos momentos, pero para enfrentarla, Dios continúa recordándonos lo que en al final de cuentas es más importante. Debido a que no nos hizo para este mundo, nos ofrece una felicidad que no depende de la paz y la estabilidad de esta tierra. Incluso en el sufrimiento, “sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rom 8, 28). Por nuestra propia cuenta, caemos en la ansiedad pero con Jesús podemos afrontar cualquier dificultad: “Soy yo; no temáis” (Jn 6,20). Poseyendo lo único necesario, podemos decir con Pablo: “Todo lo puedo con Aquel que me da fuerzas”. (Filipenses 4:13).

Llamamos a la Eucaristía la fuente y cumbre de nuestra fe porque a través de la vida sobrenatural que otorga nos volvemos verdaderamente vivos. Los primeros cristianos se dieron cuenta de esto y estaban dispuestos a arriesgarlo todo solo para ir a misa. Era algo incomprensible para los romanos, lo que llevó a un fiscal a preguntarles a los cristianos en juicio en Abitinae, África del Norte, por qué lo hicieron. Uno de los mártires respondió: “Sine Domenico, non possumus”, es decir, “sin el día del Señor, no podemos vivir”. El editor que escribió el relato de su martirio comentó: “Que pregunta tan tonta, como si alguien pudiera ser cristiano sin el Día del Señor”. Hace poco escuché a alguien expresar una noción similar: “Prefiero morir con los sacramentos que vivir sin ellos”.

El cardenal Robert Sarah, escribiendo desde el Vaticano, ha llamado recientemente a toda la Iglesia, en su carta “Regresemos a la Eucaristía con alegría”, a regresar a la misa lo antes posible. Citando las propias palabras de Jesús, nos recuerda: “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él” (Jn 6, 56). Este contacto físico con el Señor es vital, indispensable, insustituible. Una vez identificadas y adoptadas las medidas concretas que se pueden tomar para reducir al mínimo la propagación del virus, es necesario que todos resuman su lugar en la asamblea de hermanos, vuelvan a descubrir la preciosidad y la belleza irreemplazables de la celebración de la liturgia, e invitar y animar de nuevo a aquellos hermanos que han estado desanimados, asustados, ausentes o sin participar durante demasiado tiempo. “Vivir sin la fuente de nuestra vida sobrenatural realmente amenaza la salud de nuestras almas y deja un agujero donde Dios debería residir en el centro de nuestras vidas”.

Ir a misa nunca ha sido una cuestión de obligación. Dios nos dio los mandamientos para guiarnos por el camino de la vida. Para ser verdaderamente felices, debemos reconocerlo como Dios (el primer mandamiento), honrarlo y respetarlo verdaderamente (el segundo mandamiento), y demostrar nuestro compromiso con Él apartando fielmente tiempo para la adoración (el tercer mandamiento). No vamos a misa simplemente por nosotros mismos. Si esto fuera cierto, fácilmente podríamos caer en una mentalidad consumista de buscar solo lo que nos agrada y nos sirve individualmente. Vamos a misa por justicia y amor: para agradecer a Dios por todo lo que nos ha dado; para honrarlo por su grandeza y bondad; y ponernos bajo su misericordia y amor por él. Al celebrar el Día del Señor, devolver un día a la semana a Dios, encontramos el resto que necesitamos para vivir en verdadera libertad al salir de la esclavitud del trabajo, la distracción y la dependencia de las cosas materiales.

Ya no podemos dar por hecho la misa; nuestros viejos hábitos ya no son suficientes. Necesitamos tomar una decisión sobre lo que consideramos más esencial. El 12 de febrero de 304, 49 hombres, mujeres y niños dieron su vida por la misa, que el Imperio Romano había considerado ilegal, en la ciudad de Abitinae, en el norte de África. Este no es un simple evento histórico, ya que proporciona un testimonio perdurable de la prioridad de Dios por encima de todo. Más recientemente, un poco más abajo de la costa mediterránea en Libia, el 15 de febrero del 2015, 21 hombres (20 de ellos de Egipto y uno de Ghana) también dieron su vida por Cristo. Hablando de la muerte de los 20 hombres de su diócesis, el metropolitano Pavnotios de Samalut relató que “lejos de ser intimidante, nos da valor. Nos muestra la valentía heroica del mártir, y el hecho de que hayan pasado sus últimos momentos vivos en oración demuestra la fuerza de su fe” (Martin Mosebach, The 21: A Journey into the Land of Coptic Martyrs, Plough, 2020).

Puede que no seamos llamados a dar nuestra vida por la misa o por nuestra fe, pero hemos descubierto que la misa requiere más esfuerzo que en el pasado. Nos llama no solo a sacrificarnos en pequeñas formas, sino a entregar nuestra vida a Cristo y aceptarlo como lo más esencial en nuestras vidas. El arzobispo Salvatore Cordileone, que se enfrenta a la “discriminación deliberada” en San Francisco, ha encabezado el cargo al mostrarnos cómo se ha deteriorado el libre ejercicio de la religión en nuestro país. Bajo el lema “Somos imprescindibles: ¡Liberen la misa!” explicó: “La ley más alta es el amor a Dios y el amor al prójimo, y esa ley tiene que tener prioridad sobre la ley del estado hecha por humanos cuando el gobierno nos pida que le demos la espalda a Dios o al prójimo necesitado”. Ciertamente, el testimonio de los mártires sigue siendo pertinente.

¿Qué es lo más esencial en tu vida? ¿Qué estás dispuesto a hacer para preservar tu derecho de adorar a Dios? Ahora todos nos enfrentamos a estas preguntas. Jesús continúa invitándonos a sentarnos a sus pies y recordándonos: “solo una cosa es necesaria”.

Próximamente: Arzobispo Aquila: Carta sobre la finalización del proceso de revisión independiente y el programa de reparación

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A los fieles de la Arquidiócesis de Denver:

En el verano del 2018, las revelaciones sobre el excardenal Theodore McCarrick y la publicación del informe del gran jurado de Pensilvania iniciaron otra observación extensa de la historia de abuso sexual de menores en la Iglesia Católica de Estados Unidos.

Sé lo desalentador que esto fue para muchos fieles católicos, porque había una sensación de que ya se había abordado este tema, y a pesar de no haber casos actuales, ¿por qué volvió a aparecer en las noticias?

La realidad es que, a pesar de que hemos pasado décadas tomando medidas para asegurarnos de que nuestros niños estén protegidos y que los sobrevivientes de abuso reciban cuidado, el proceso de sanación sigue y el trabajo continúa.

Hoy, al concluir un proceso de revisión y reparación independiente de casi dos años, quiero ofrecer mis pensamientos y reflexiones sobre lo que hemos aprendido y hacia dónde iremos de aquí en adelante.

Cuando entablamos conversaciones con la fiscal general Cynthia Coffman y luego con Phil Weiser sobre cómo juntos podríamos examinar a la Iglesia aquí en Colorado, sometí a nuestra arquidiócesis a un acuerdo estatal para lograr las siguientes tres metas:

  1. Ofrecer un relato transparente de la historia de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes en nuestras parroquias, incluyendo una revisión de cómo respondió la arquidiócesis.
  2. Brindar un medio seguro y simple para que los sobrevivientes se presenten y reciban apoyo en su sanación.
  3. Obtener una revisión y crítica exhaustivas de nuestras políticas de prevención y respuesta actuales para asegurarnos de que cumplan con los más altos estándares.

Creo que hemos logrado esos objetivos.

Transparencia

El informe complementario de hoy identificó a cinco sacerdotes diocesanos adicionales con una acusación fundamentada de abuso sexual hacia un menor. Estas acusaciones se recibieron como parte del programa de reparación independiente que invitaba a los sobrevivientes de abuso de cualquier época a presentarse y recibir una compensación de la Iglesia. Se le pidió al perito judicial Robert Troyer que revisara estas acusaciones y se le encargó redactar un informe complementario.

Los sacerdotes identificados hoy, con la fecha del primer abuso, son: P. Kenneth Funk (1959), P. David Kelleher (1962), P. James Moreno (1978), P. Gregory Smith (1971), P. Charles Woodrich (1976).

El informe complementario también identificó acusaciones adicionales contra ocho de los sacerdotes nombrados en el informe inicial para un total de 23 acusaciones fundamentadas recientemente en nuestra arquidiócesis. De ambos informes, nuestra arquidiócesis tuvo un total de 150 incidentes fundamentados cometidos por 27 sacerdotes diocesanos.

Sin embargo, cabe resaltar que las acusaciones fundamentadas adicionales van de acuerdo con el mismo patrón histórico del primer informe, específicamente, que más del 85 por ciento de los incidentes ocurrieron hace más de 40 años durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, y ninguno ocurrió en los últimos 20 años. Tampoco hay acusaciones fundamentadas contra ningún sacerdote actualmente activo en ministerio.

Sigue siendo cierto que casi la mitad de los incidentes totales fueron cometidos por un hombre, Harold White, y el 70 por ciento de los incidentes cometidos por cuatro exsacerdotes (White, Abercrombie, Holloway, Hewitt).

No ofrezco excusas por estos pecados del pasado o por la histórica falta de respuesta a las acusaciones contra Harold White y otros, pero el contexto de cuándo el abuso ocurrió es importante.

Si bien no podemos descartar por completo la posibilidad de que haya casos más recientes que no nos hayan sido informados, el incidente más reciente conocido en nuestra Arquidiócesis sigue siendo del año 1999. Aún través de una amplia cobertura de este proceso por parte de los medios, múltiples oportunidades para que los sobrevivientes se presentaran y el trabajo de investigadores independientes, no hemos descubierto ningún abuso fundamentado por parte de nuestros sacerdotes diocesanos en más de 20 años. Además, cualquier persona que participó en el programa de reparación primero tuvo que presentar su acusación a las autoridades policiales. Por lo tanto, tenemos la confianza de que no hay sacerdotes activos en ministerio con acusaciones fundamentadas en su contra.

Como he dicho muchas veces anteriormente, debemos permanecer vigilantes, pero este proceso extenso e independiente debería eliminar cualquier duda o sospecha injusta de nuestros sacerdotes actuales.

Justicia y sanación

Aunque no puedo hablar en nombre de todos los sobrevivientes de abuso, tengo la esperanza de que este proceso les haya ayudado en su proceso de sanación.

Sé que para muchas personas el tener que volver a recordar cualquier aspecto de su abuso fue profundamente doloroso, pero espero que la lista de nombres haya proporcionado una medida de reivindicación al reconocer públicamente los horribles males que fueron cometidos.

Además, espero que el programa independiente de reparación haya proporcionado recursos y compensación valiosos, con un proceso que fue diseñado para proteger la dignidad de los sobrevivientes de abuso al darles el control.

El programa fue completamente confidencial para aquellos que desearon mantenerse en privado, así como no conflictivo, sin deposiciones ni requisitos legales prolongados y realizado completamente de manera independiente de la Iglesia.

Me seguiré reuniendo con cualquier sobreviviente de abuso que lo desee, y aunque estos programas específicos han terminado, seguiremos ofreciendo apoyo a cualquier persona que se presente.

Protegiendo a los niños hoy

Finalmente, un aspecto crítico de este proceso consistió en asegurar que estamos haciendo todo lo posible para proteger a los niños bajo nuestro cuidado.

Comenzando con el arzobispo Stafford en los primeros años de la década de 1990, y continuando con el arzobispo Chaput y un servidor, hemos tomado muchos pasos en los últimos 30 años para asegurar que nuestras parroquias y escuelas sean un lugar seguro para los niños.

Hemos progresado considerablemente, como lo demuestra la disminución significativa de casos, a través de procesos de revisión mejorados, capacitaciones obligatorias sobre la responsabilidad de denuncia y prevención de abusos, y políticas de tolerancia cero en el código de conducta.

Sin embargo, recibir una revisión independiente y a fondo de nuestras políticas de ambiente seguro ha sido una experiencia invaluable.  Las recomendaciones proporcionadas por el perito judicial nos han permitido fortalecer y construir sobre décadas de trabajo, y asegurar que estamos usando las mejores prácticas y que estamos sujetos a los estándares más altos. Nuestros niños no merecen nada menos.

Seguir avanzando

La conclusión de este proceso no significa que nuestro trabajo haya concluido. Como católicos, debemos reafirmar nuestro compromiso a nunca caer en la complacencia, y como Iglesia, que seguiremos apoyando a cualquier sobreviviente que se presente.

Les sobrevivientes de abuso que se han presentado deben saber que sus voces han ayudado a asegurar que la arquidiócesis sea un lugar seguro. Nos hemos esforzado por que nuestras medidas de protección de niños formen parte del tejido de la arquidiócesis y continuaremos trabajando para ser un líder entre todas las organizaciones que sirven a los jóvenes.

Igualmente, agradecemos al fiscal general por alentar a otras organizaciones que sirven a los jóvenes a considerar la revisión y los procesos de reparación que hemos usado como un modelo para abordar asuntos similares. El abuso sexual es un problema presente en toda la sociedad, y estamos listos para compartir nuestra experiencia y asociarnos con cualquiera que busque mejorar sus propios esfuerzos en cuestión de la protección de niños y el apoyo a los sobrevivientes de abuso.

Que la atención dada a nuestro pasado sea una luz que guíe a otros adelante.

Sinceramente suyo en Cristo,

Arzobispo Samuel J. Aquila

Leer la declaración conjunta de los obispos de Colorado

Leer el informe complementario del perito judicial (inglés)

Leer el informe de reconciliación independiente y el programa de reparación de nuestro Comité de Supervisión Independiente (inglés)