¿Es tóxica la masculinidad?

Me gusta la masculinidad. Pienso que es una de las creaciones más maravillosas de Dios. Me gusta la fortaleza del hombre. Me gusta la protección de los hombres. Me gusta la diferencia que hay con mi persona y con la feminidad en general. Me gusta la manera en que los dos juegan uno con el otro. Me gusta la manera en que los hombres aman profundamente y, aún así, el suyo sigue siendo un amor claramente masculino.

No creo que los hombres tengan que ser lo que la sociedad (o la “idea patriarcal masculina”) decreta que sean. Pienso que los hombres deben ser lo que son. Los hombres son fuertes, protectores. Los hombres son, sí, algunas veces agresivos. Nada de estas cosas están socialmente condicionadas. La masculinidad y la feminidad brotan de la forma en que fuimos creados, de nuestra naturaleza física y neurológica. Los cuerpos de los hombres tienen, en general, un mayor porcentaje de músculo que los cuerpos de las mujeres. Así como el cerebro de las mujeres tiene más interconectividad entre los hemisferios. Estas y muchas otras diferencias en nuestra fisiología nos hacen a hombres y mujeres diferentes – y complementarios con nuestros propios dones -.  Estas son tendencias, no estereotipos. La masculinidad no es John Wayne cabalgando a la puesta del sol, como tampoco la feminidad, son las mujeres débiles dejando caer pañuelos y desmayándose.

Nuestro millaje individual varía. Hay muchas expresiones únicas de masculinidad tanto como hombres hay en el mundo. Algunos hombres son más fuertes y/o más sensibles y/o más protectores que otros. Los mismo las mujeres. Pero nuestros cuerpos y nuestros cerebros son fundamentalmente diferentes.

Yo no creo que la masculinidad sea “tóxica”. La masculinidad es materia prima, así como la feminidad. Los hombres pueden usar sus dones para bien o para mal, así como las mujeres. (Pero intenta usar el término “feminidad tóxica” en una compañía educada y ve lo que sucede). Por milenios, el objetivo de la sociedad ha sido canalizar esos instintos, no reprimirlos. ¿Dónde estaríamos sin la fuerza de la masculinidad y la agresividad canalizada hacia la protección de la sociedad?

Pero hoy, parece haber un movimiento para neutralizar la masculinidad por completo. He dicho durante mucho tiempo que el feminismo, aunque loable e importante de muchas maneras, cometió un error fundamental al asumir que “es mejor ser hombre”

Las mujeres somos a menudo consideradas “iguales” a medida que usurpamos las características y nos destacamos en dominios tradicionalmente masculinos. Hace sentido que el siguiente paso sea decir que los hombres mismos no son buenos para ser hombres y que necesitan hacerse más como la mujer.

Hemos recorrido un gran camino.

Claro, nadie quiere ver a los hombres usando mal sus dones para abusar de las mujeres. Pero no pienso que la respuesta sea neutralizar o erradicar la masculinidad. La fuerza del hombre puesta para un propósito noble (perdonen la expresión) es una mirada verdaderamente hermosa.

La respuesta más profunda es la transformación. Es la santidad. El mensaje de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II. Es simplemente que nuestra naturaleza masculina y femenina son fundamentalmente buenas, y que solo siendo transformados por la gracia de Jesucristo podremos cada uno ser la increíble y hermosa fuerza que Dios pretendió que fuéramos.

La santidad es comúnmente percibida como estrictamente femenina. No lo es. La santidad masculina es fuerte. Es masculina. Nunca me han gustado las imágenes de Jesús como una clase de hippie sensible del primer siglo. Él era un hombre fuerte, un carpintero. El derribó mesas y expulsó a los mercaderes con látigos.

San José, su padre adoptivo, el hombre que formó su naturaleza masculina, era también un verdadero hombre. El protegió a María de un embarazo propenso a ser socialmente sancionado, y al niño Jesús de un rey asesino. A menudo me dirijo a él como protector también (a José, no al rey asesino). Pero un mundo que no entiende la santidad aparentemente no tiene idea de qué hacer con la masculinidad. O con la feminidad.

San Juan Pablo II escribió sobre el Nuevo Feminismo. Nunca entendí porque no introdujo también una “nueva masculinidad”. Creo que alguien necesita continuar donde él se quedó. Y pronto.

 

Próximamente: Obispos de Colorado piden votar “Sí” para prohibir el aborto tardío en noviembre

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Los obispos de Colorado publicaron la siguiente carta sobre la iniciativa que podría prohibir el aborto tardío y que aparecerá en la boleta electoral de noviembre.

1 de julio del 2020

El 8 de junio, con apoyo bipartidista, los habitantes de Colorado consiguieron suficientes firmas para asegurar que la prohibición del aborto tardío (actualmente denominada “Iniciativa 120”) apareciera en la boleta electoral de noviembre.

Nosotros, los obispos de Colorado, imploramos a los habitantes de Colorado -especialmente a los fieles católicos- a votar para la prohibición del aborto tardío en la boleta electoral de noviembre. Hemos encomendado esta prohibición al patronazgo de santa Francisca Xavier Cabrini, “la Madre Cabrini”, dado su papel en la ayuda a niños e inmigrantes en Colorado.

Le pedimos a la Madre Cabrini que interceda por todas las familias y niños directamente afectados por el aborto, y por el éxito de este esfuerzo para prohibir el aborto tardío.

Colorado es uno de siete estados en Estados Unidos que no tiene restricciones para tener un aborto con respecto a la edad de gestación. Esto significa que en Colorado niños no nacidos pueden ser asesinados en cualquier momento antes del parto. La mayor parte de estados del país han puesto restricciones el aborto a partir de las 20 semanas de gestación o de la viabilidad del bebé fuera del vientre. Colorado está muy por detrás de otros estados en la protección de la vida de los no nacidos.

Terminar la protección legal del aborto es el objetivo político más importante de los católicos de Colorado porque estos niños son privados del derecho a vivir. Aunque la prohibición del aborto tardío no eliminaría el aborto por completo, sí protegería a los niños que tienen más de 22 semanas de gestación. Este es un cambio positivo del estado actual y promueve una “cultura de vida” que valora a los niños no nacidos. Es un paso en la dirección correcta.

La Iglesia enseña, y la razón humana basada en hallazgos científicos afirma, que la vida humana comienza en la concepción. La Iglesia se opone al aborto bajo el principio moral de que cada persona tiene una dignidad inherente, y por eso ha de ser tratada con el respeto debido a una persona humana. Este es el fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Nunca ha habido y nunca habrá una necesidad legítima de abortar a un bebé de 22 semanas en el vientre.

Es nuestro deber como fieles católicos y habitantes de Colorado aprovechar esta oportunidad única para abordar la ley injusta de Colorado y reducir los abortos limitándolo a las 22 semanas. Esto requiere de su participación, votando “SÍ” para prohibir el aborto tardío en la boleta electoral de noviembre.

Madre Cabrini, ruega por nosotros.

Su Exc. Revma. Samuel J. Aquila

Arzobispo de Denver

Su Exc. Revma. Jorge Rodríguez

Obispo Auxiliar de Denver

Su Exc. Revma. Stephen J. Berg

Obispo de Pueblo

Su Exc. Revma. Michael J. Sheridan

Obispo de Colorado Springs