¿Está desapareciendo la libertad religiosa?

Arzobispo Aquila

Si han estado siguiendo los recientes debates políticos y los fallos en nuestros tribunales, se darán cuenta de que estamos en un momento crucial en cuanto al lugar de los creyentes en nuestra sociedad.  Cada vez más, las creencias religiosas están siendo tratadas igual que las creencias que no dependen de la razón, sino de la voluntad de uno.

Como su pastor, los insto a que se hagan la pregunta: ¿Cómo responderé si me veo obligado a elegir entre mi conciencia y mi sustento de vida?, y si somos penalizados por vivir de acuerdo con nuestra fe, también es prudente preguntarnos cómo nos vamos a preparar para este nuevo entorno.

Últimamente, he pensado más en el tema de la libertad religiosa porque me uní a nueve de mis compañeros líderes religiosos para firmar la Carta de Williamsburg, en la Conferencia de Conservadores del Oeste.

Invariablemente, cuando el sistema político de un país no permite a sus ciudadanos elegir lo que creen, exige que le den al estado la devoción y la obediencia que se le debe a Dios”.

La “libertad religiosa”, dice el segundo principio de los estatutos, “se basa en la dignidad inviolable de una persona.  No se basa en la ciencia o la utilidad social y no depende de los cambios de humor de las mayorías y los gobiernos”.  En otras palabras, la libertad religiosa proviene de la naturaleza, de cómo fuimos creados.

Solo basta ver los horrores del holocausto, los millones de creyentes asesinados en la Rusia estalinista, o la represión de los creyentes religiosos en China, India o Corea del Norte modernas para ver lo que sucede cuando la libertad religiosa es negada.

Invariablemente, cuando el sistema político de un país no permite a sus ciudadanos elegir lo que creen, exige que le den al estado la devoción y la obediencia que se le debe a Dios.

Las Hermanitas de los Pobres y su lucha por la libertad religiosa

En los Estados Unidos, esto se desarrolla de una manera poco diferente.  A medida que los legisladores aceptan y consagran protecciones en nuestras leyes para la moral sexual que está en conflicto con las creencias de muchas personas de fe, están favoreciendo un conjunto de creencias sobre otro.  Esto ocurre a pesar de la primera enmienda, la cual establece que el gobierno no hará ninguna ley que establezca una religión, y que en este caso toma la forma de una ideología pseudorreligiosa. El fervor con el que los defensores de las relaciones entre personas del mismo sexo, el transgénero y el aborto legal, impulsan su visión de la sexualidad sin tener en cuenta lo que los datos científicos dicen o no dicen, demuestra que su visión del mundo está basada en creencias, no en hechos.

San Juan Pablo II describió la relación entre la fe auténtica y la razón en su encíclica “Fides et Ratio”. Él escribió: “No hay, pues, motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización” (#17).

El fervor con el que los defensores de las relaciones entre personas del mismo sexo, el transgénero y el aborto legal, impulsan su visión de la sexualidad sin tener en cuenta lo que los datos científicos dicen o no dicen, demuestra que su visión del mundo está basada en creencias, no en hechos”.

Lo que estamos enfrentando el día de hoy, es la fe sin razón.

La indignación por creyentes como Jack Phillips, que se han negado a usara sus habilidades para respaldar una visión de la sexualidad que no creen, es evidencia de que se está abandonando la razón.  Si esto fuera un desacuerdo sobre hechos, sería mucho más pacífico.  Pero es una disputa sobre las creencias.  Para obtener mas evidencia, podemos ver la difusión de los planes de estudio de educación sexual o los esfuerzos de los medios que promueven el género de las personas como algo que se puede elegir.  No hay datos científicos que indiquen que el género puede cambiar sin manipulación externa.  Es una creencia, una que tiene inmensos impactos espirituales y sociales, que se comercializa como algo más saludable y más libre.

Victoria de panadero, ¿discriminación o libertad religiosa?

A diferencia de los defensores de la moral sexual moderna que esperan que todos adopten sus valores, la fe cristiana nos enseña a respetar el libre albedrio de los demás y reconocer que la vida de cada persona impacta el bien común.  Como dice el sexto principio de la Carta de Williamsburg: “la cláusula de ejercicio libre garantiza el derecho a alcanzar, sostener, ejercer o cambiar creencias libremente.  Permite a todos los ciudadanos que lo deseen dar forma a sus vidas, ya sean privadas o públicas, sobre la base de creencias personales y comunitarias”.

La libertad religiosa ha servido como un principio fundamental de los Estados Unidos, pero a menos de que trabajemos para defender nuestro lugar en la plaza pública, formar personas con fe y razón, apoyar la vida familiar devota, y alentar la evangelización creativa y caritativa, continuará estando en peligro.

Que dios nos dé la sabiduría, la fuerza y la alegría que necesitamos para servirle como testigos de la belleza de la fe unida a la razón.

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“Yo siempre he recibido a todos, sin importar su orientación sexual o su raza”, asegura Jack Phillips, el dueño de la panadería Masterpiece Cakeshop, en diálogo con el Denver Catholic después de que la Corte Suprema fallara a su favor el 4 de junio por rehusar escribir un mensaje contradictorio a sus creencias cristianas sobre el matrimonio homosexual en un pastel.

“Ese día yo le dije a los dos caballeros que les podía vender cualquier otra cosa en mi negocio. Ese es el mensaje que no pude transmitir”, añade.

Entre el tumulto de las acusaciones recibidas tras el veredicto, un abundante número de críticos lo han llamado “intolerante”, comparándolo con racistas y esclavistas.

Y es precisamente esta la cuestión que aún abunda en la mente de muchas personas: ¿Abrirá esta decisión la puerta al racismo o discriminación? ¿Es el mismo caso o hay un factor distinto?

Jeremy Tedesco, abogado del panadero, dice que la Corte Suprema enfatizó que el caso de Jack es “totalmente distinto” a un caso de racismo o discriminación.

“Es importante que la gente sepa que nos enfrentamos a este argumento todo el tiempo, en la Corte Suprema y en los tribunales menores”, aclara Jeremy. “Y el hecho que la Corte Suprema haya fallado a favor de Jack, a pesar de la constante comparación de su caso al del racismo y discriminación por parte del lado contrario, envía un mensaje importante.

“[La Corte Suprema] dijo que comparar a Jack con racistas y esclavistas era ofensivo y denigrante a sus creencias religiosas”.

La decisión de la corte ‘un beneficio para todos’

La hostilidad contra las creencias cristianas de Jack presente en los tribunales menores de Colorado influyó en la decisión de la Corte Suprema a su favor, asegura el abogado, afirmando que la decisión tiene el propósito de proteger no solo a los creyentes, sino a todos los ciudadanos de un gobierno que intenta dictar qué grupos pueden o no ejercer sus derechos.

Dice que un gran problema con la División de Derechos Civiles de Colorado es el “tener favoritos” al momento de decidir quién puede practicar el derecho de rehusar crear algo que va en contra de sus creencias personales.

“El gobierno no debería forzar a un artista a crear arte que es inconsistente con sus creencias. El gobierno no tiene derecho a dictar el contenido de la expresión de un artista. Esta es una libertad que beneficia a todos, no solo a las personas con creencias religiosas”, reafirma el defensor de Jack.

Un precedente ocurrido en el año 2015 también influenció la decisión de la Corte Suprema a favor de Jack. En dicho caso, le División de Derechos Civiles de Colorado falló a favor de otro panadero, diciendo que este no estaba discriminando a un hombre por negarse a hacerle un pastel con un mensaje “antigay”, sino que tenía el derecho de hacerlo.

“El Tribunal Supremo determinó que el trato desigual fue una de las razones por las que [las decisiones previas en contra de Jack] violaban sus derechos de libertad. Esa aplicación injusta de la ley mostraba un ataque dirigido específicamente a su religión y la hostilidad de Colorado”, explica Jeremy.

En otras palabras, se esperaba que Jack aceptara las creencias de otros, pero no que otros aceptaran las suyas.

“La corte reafirmó que la hostilidad religiosa contra personas de fe no tiene lugar en nuestra sociedad … y que personas como Jack tienen creencias honorables – como la creencia de que el matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer – que merecen tolerancia y respeto en nuestra sociedad”, dice el abogado.

¿Sigue siendo discriminación?

La decisión del Tribunal Supremo de tratar este caso de forma distinta al de discriminación no ha parado las alusiones al argumento por parte de gran parte de los medios y movimientos LGBTQ.

En respuesta a este argumento, el padre Ángel Pérez, profesor adjunto en el seminario teológico St. John Vianney de Denver, dice que es importante hacer una distinción: la diferencia entre evitar colaborar en un acto que es moralmente malo y de hecho hacer algo moralmente malo.

“Alguien que rehúsa hacer un pastel para una boda homosexual simplemente está intentando no colaborar en algo que cree que es moralmente malo” explica el sacerdote. “Mientras que negarle servicio a una persona [por su color de piel] no es colaborar con un mal, sino que es, de hecho, hacer el mal, porque estás diciendo que esa persona no tiene la misma dignidad que los demás”.

En otros términos, que una persona elija no participar en un acto que cree ser moralmente malo no viola la dignidad de la otra persona, sino que simplemente refleja que no está de cuerdo con lo que la otra persona está haciendo.

“Bajo esta luz, el caso del panadero es un caso verdadero de libertad religiosa porque hay un fundamento de verdad en lo que cree”, dice el padre Ángel. “Tiene una explicación razonable al creer que ese acto no es moralmente bueno. En cambio, en el caso de discriminación falta un fundamento de verdad. Se está atentando ante algo verdadero que es la igualdad y la dignidad de todos los ciudadanos de una nación”.

La Iglesia y las cuestiones LGBTQ

El padre Ángel afirma que el hecho que la Iglesia tenga rezones para sostener que los actos homosexuales no reflejan la dignidad de la persona humana o la verdad del amor humano, no significa que odie o no acepte a las personas que creen o actúan de acuerdo con esas inclinaciones.

“Debemos recordar algo muy importante – que la Iglesia ama a los homosexuales, que ama a las personas con crisis de identidad. Ama a todos los pecadores como madre”, recalca el presbítero. “Una madre quiere lo mejor para sus hijos y, porque los ama, los corrige y guía. La Iglesia nos ama y precisamente porque nos ama nos muestra la verdad, lo que sabe que es mejor para nosotros.

“Eso no significa que sea exclusiva. Las puertas están abiertas a todos. De hecho, todos somo pecadores, incluido el padre Ángel”.

Aun así, el sacerdote reitera que el amor y la misericordia verdaderas requieren de la verdad: “La misericordia es solo una falsa compasión si no contiene la verdad. La misericordia que es verdadera nos saca de la miseria. Por tanto, la misericordia tiene que decirnos la verdad para sacarnos de esa miseria que es el pecado y llamarnos a la conversión, como lo hizo Jesucristo”.