¿Facebook o Gran Hermano?

Carmen Elena Villa

Un test de análisis de personalidad aparentemente sencillo que apareció en Facebook se convirtió en el medio para atrapar a cerca de 270 mil usuarios. Y a los amigos de sus amigos y poder tener así los perfiles psicológicos de unos 50 millones de habitantes de Estados Unidos.

Así se creó una red que le suministrara los datos a la empresa Cambridge Analytica para diseñar una estrategia de microfocalización que permitiera persuadir al usuario a votar por Donald Trump para que ganara la presidencia en los Estados Unidos el 8 de noviembre de 2016. También se valieron de esta estrategia para que los ingleses eligieran que su país abandonara la Unión Europea en junio del mismo año.

Esta es quizás la concretización del personaje Gran Hermano, presente en la novela de utopía negativa 1984 de George Orwell. Se trata del gobernante de Oceanía que busca controlar la vida y los más mínimos movimientos de los ciudadanos que están a su cargo ¿Será este el cumplimiento de aquello que pudo vislumbrar Orwell cuando escribió esta célebre novela?

Las redes sociales nos observan, nos controlan, nos analizan. Y mientras tanto nosotros podemos pasar horas en ellas buscando inocentemente seguir la vida de nuestros amigos, tener permanente comunicación con ellos y sin ser conscientes, cada “me gusta” o comentario que hagamos puede ser usado en contra de nuestra privacidad. Y de la manipulación de nuestra psicología.

Todos los datos que ponemos en nuestro perfil – desde la fecha en que nacimos hasta nuestra filiación política- no solo puede estar a la vista de nuestros “amigos” – yo mejor los llamaría contactos – sino de un gran monopolio que se vale de estos datos para observar mi comportamiento, conocerme más que mis amigos más íntimos y diseñar las mejores estrategias para que yo sea una presa fácil que me deje manipular por una publicidad que se adecúa a mi personalidad, gustos y configuración psicológica. Suena macabro pero es lo que sucedió la semana pasada con el escándalo de Cambridge Anatlytica y Facebook. Y esta patraña hizo que el valor de Facebook cayera en 58 millones de dólares en pocos días. Miles de usuarios están cerrando sus cuentas con la campaña #DeleteFacebook alegando la falta de privacidad y los grandes riesgos que corren solo por poner un post o dar “me gusta” (ahora también en forma de sonrisita y corazoncito) a las fotos, memes o comentarios que ponen sus amigos. Decenas de anunciantes y accionistas han retirado su apoyo a esta gigante red social.
Y aunque la solución no necesariamente tiene que ser salirse de Facebook, creo que sería saludable que cada vez que entremos a nuestro muro pesemos en qué haría si en este momento el “gran hermano” me estuviera vigilando y quisiera sacar la información que yo le suministro para avanzar en su estrategia de publicidad subliminal microfocalizada. Y si lo que quiero es mantener la comunicación con mis amigos, mejor será llamarlos para que tengamos un encuentro cara a cara, algo mucho más valioso que la comunicación despersonalizada de esta red social.

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‘¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!’

En su décimo aniversario, escuela de evangelización sigue formando discípulos misioneros en Denver

Vladimir Mauricio-Perez

Durante más de diez años, la Escuela de Evangelización San Pablo de Denver no solo ha buscado que las personas tengan una experiencia bonita de Dios, sino que lo sigan con radicalidad en su vida diaria y que compartan con otros el gran don que han recibido: que se conviertan en auténticos discípulos y predicadores.

Bajo la inspiración y el patronazgo de San Pablo, la escuela ha tomado como lema su frase: “¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!” (1 Cor 9,16), expresando el celo por llevar a Dios a los demás que nace tras un encuentro con él.

“El objetivo principal de la escuela de evangelización es formar evangelizadores y formadores de evangelizadores: enseñar a enseñar,” dice Abram León, coordinador de movimientos eclesiales laicales de la Arquidiócesis de Denver y director de la Escuela de Evangelización San Pablo por los últimos diez años. “Todos los miembros han tenido un encuentro personal con Cristo que los hace tener un celo admirable para llevar a Jesús a los demás”.

La misión de la escuela ha consistido en formar escuelas de evangelización en cada parroquia para que estas impartan los propios cursos de seguimiento. Ahora hay 13 Escuelas de Evangelización San Pablo en 13 parroquias distintas, con alrededor de 17 miembros en cada una.

“Los buenos testimonios de sacerdotes al ver el impacto en las personas de su parroquia y los grandes frutos: esta es la alegría más grande de los discípulos evangelizadores que salimos de nuestra zona de confort para predicar,” dice Abram.

“El fruto mayor que yo he visto ha sido cómo las personas a las que hemos llevado la Palabra han hecho comunidad,” dice Rigo Escamilla, feligrés de la parroquia St. Anthony of Padua y de la escuela de evangelización desde hace diez años. “He visto en el transcurso de este tiempo la transformación de muchísimas personas, el encuentro con Dios de tantos que no sabían de Él. Y después he visto cómo se han ido entregando en el servicio dentro del templo, en la alabanza o en la catequesis”.

Los orígenes de este método de llevar el Evangelio se encuentran en la llamada del Papa San Juan Pablo II en los años 80 a una nueva evangelización, “Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”.

La unión de tres líderes católicos abriría el camino para un método de enseñanza kerigmático, carismático y comunitario: el padre Emiliano Tardif, el padre Ricardo Argañaraz y el laico José “Pepe” Prado. En otras palabras, se buscaba trasmitir el auténtico mensaje del Evangelio de una manera dinámica que llegara lo más profundo del corazón.

La primera escuela de evangelización llamada “San Andrés” comenzó en Guadalajara, Méx. y después se esparció a diferentes lugares de los Estados Unidos, incluyendo Denver, donde ha dado grandes frutos y radica bajo el Movimiento de Renovación Carismática con el nombre “San Pablo”.

Un fuego ardiente

“La entrega de los miembros es admirable porque lo hacen sin esperar recompensa, sino por amor a Cristo y a la Iglesia”, dice Abram.

Pero ¿de dónde nace tal entrega y ardor que los lleva a predicar a “tiempo y a destiempo”? Nace precisamente del encuentro que han tenido con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de la transformación que han experimentado en sus propias vidas al formar parte de la escuela de evangelización.

“Una de las cosas que me ha ayudado de haber ingresado a la escuela fue un cambio grande y radical en mi vida espiritual. Yo no tenía nada de conocimiento de la vida espiritual”, comparte Rigo. “Me he enamorado de la relación con Dios. He encontrado el verdadero sentido de mi vida. Para mí la escuela de evangelización ha sido una maestra que me ha formado y dado la capacidad para enfrentar mi vida diaria.”

Abram igualmente dice tenerle mucho que agradecer a la escuela: “Me ayudó a encontrarme más profundamente con Dios, a ver el magisterio de la Iglesia y los sacramentos como una fuente de vida y santificación”, comparte el líder. “En sus cursos me enamoré de la palabra, de la comunidad, conocí a Jesús como Maestro y me dio la pasión y el celo por salir a anunciar a otros que Jesús está vivo”.

“Si algo le tengo que agradecer es que me ha ayudado a ser discípulo de Cristo, a ser misionero y no tener miedo a salir de mi casa, de mi iglesia, de mi diócesis a llevar a Cristo a otros,” dice Abram.

El obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez celebró el pasado 29 de junio una misa por el X aniversario de la escuela en la que reconoció su gran esfuerzo por llevar la palabra de Dios a otras parroquias y los alentó a llevar ese mensaje en todas las áreas de su vida y a discernir el futuro de esta misión.

“Ahora les toca discernir con oración para ver por dónde los está llevando el Señor, poner todo en la misión y que crezca esta escuela de evangelización, que haya más escuelas de evangelización y que lleven su mensaje a más gente para la gloria de nuestro Señor”, concluyó el prelado.