Hagamos que el cambio de gobierno sea llevadero

Therese Bussen

El 20 de enero, Donald Trump será nombrado el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Es un hecho.

Creo que es seguro decir que a muchos católicos de mi edad no nos gusta Trump; había muchos candidatos que nos agradaban más. Entonces, entiendo tu sentimiento al decir, “Él no es mi presidente”, o tu preocupación por como tratará a las minorías o sobre si realmente hará lo que dice que va a hacer.

Pero llego el momento de enfrentar la realidad. Es momento de serle fiel a nuestro país. Aun si no nos gusta el hombre que se sienta en la oficina oval.

Porque él es nuestro presidente. La mitad del país voto por él. Y nos guste esa persona o no, tenemos que respetar la institución presidencial y aceptar lo que está pasando. Aceptar que esto es lo que tenemos para trabajar, y luego trabajar con él.

No ayuda en absoluto seguir echando combustible al fuego de la división que está envolviendo nuestro país. Más de lo que el nuevo presidente podría potencialmente hacer (o no hacer), esta división es lo que asusta.

Una cosa es elevar nuestras voces en contra de algo verdaderamente injusto, pero otra es quejarse de un proceso de votación justo que nuestro país siempre ha utilizado. (Véase el punto 3).

Dejemos de quejarnos del gobierno y quién es o quién no es presidente. Si quieres ver un cambio, ayuda y se parte del cambio.

¿Qué puedes hacer?

  1. Orar por el país.
    La oración no debe ser subestimada cuando se trata de los sufrimientos de nuestro país. Primero y, ante todo, como católicos, nuestro trabajo es orar por las personas, los lugares y los sistemas que se nos han dado. Ora por el presidente, por su gabinete, por los senadores y representantes de la Cámara de Representantes, y por los que forman parte de la Corte Suprema.
  2. Ama y escucha a todos los que te rodean, sin importar su posición política o por quién votaron.
    Nuestro país está tan dividido, y necesitamos sanidad. Vamos a ser esa curación amando a todos a nuestro alrededor, en casa, en la iglesia, en la escuela, y sí, en las redes sociales. Los comentarios juiciosos no ayudan a nada ni a nadie
  3. Lee acerca de nuestros procesos políticos y sistemas de votación. Infórmate sobre el gobierno. Y después de haber leído, lee un poco más.
  4. Has que tu voz sea escuchada a nivel local.
    Asiste a las reuniones de la ciudad, ofrécete como voluntario para ayudar con las campañas y, especialmente, comunícate con los oficiales electos locales a través de cartas, correos electrónicos o llamadas telefónicas. Encuentra su información en http://USA.gov. También puedes inscribirte para recibir alertas de la Conferencia Católica de Colorado para que te ayuden a recordar cuándo debes llamar a tus legisladores. Visita el sitio http://cocatholicconference.org.
  5. Postulate para cargos politicos.

¡Tú puedes postularte! Piensa en involucrarte en la política a nivel local. Y si ya has hecho los puntos del 1-4, realmente te necesitamos.

Próximamente: El contexto para cubrir la crisis de la Iglesia

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Por: Mark Haas

La Iglesia católica ha reducido el número de supuestas acusaciones de abuso sexual de menores en un 95 por ciento.

Si solo algo se te queda de este artículo, que sea que desde la peor década de la Iglesia en 1970, los datos reportados muestran un descenso en las acusaciones de un 95 por ciento en la década del 2000, y 98 por ciento en la del 2010 (fuente: : CARA/Georgetown).

Ahora, obviamente, incluso una nueva instancia ya es demasiado, pero en base a mi experiencia como director de relaciones públicas de la Arquidiócesis de Denver, he visto cómo la cobertura en los medios pueden llevar a la gente a creer que las condiciones actuales de la Iglesia católica no han cambiado. Como periodista, se cómo a los medios de comunicación les gusta enfatizar “nuevos detalles”, o “nuevo reporte”, o “nuevas acusaciones”, que pueden ser verdad, pero los últimos meses ha sido mayormente “nueva información “sobre casos de hace 25 o 50 años.

Entonces, ¿cómo separamos el pasado del presente? No deseamos cerrar la puerta al pasado, pero también queremos que la gente sepa que pueden tener confianza en la Arquidiócesis de Denver en el 2018.

Uno de los desafíos al que nos enfrentamos al asegurarnos que nuestra historia sea entendida correctamente es que muchas personas ven las noticias de una manera muy superficial.

Una encuesta reciente realizada por Colorado Media Project encontró que el 59 por ciento de las personas solo lee los titulares o los resúmenes de la cobertura de noticias. (Por eso por lo que me aseguré de poner la información más importante en la primera línea de este articulo).

Lo que he visto es que cuando los medios de comunicación aquí en Denver sacan una historia: “Ex – sacerdote de Colorado implicado en el reporte de abuso a menores de Pennsylvania”, muchas de las personas que ven el titular en las redes sociales no se dan cuenta que el sacerdote estuvo aquí solo por siete meses en 1983 y que la Arquidiócesis de Denver no ha tenido reportes de mala conducta antes, durante o después de su corta visita. Todo lo que ven es un informe negativa de la Iglesia católica.

Hablando del reporte del Gran Jurado de Pennsylvania, creo que la mayoría de las personas han visto o escuchado que contiene “300 sacerdotes y 1.000 víctimas”, pero ¿cuántas de las cadenas noticiosas se tomaron el tiempo para mencionar que solo el 3 por ciento de esos supuestos incidentes ocurrieron desde el 2002? Si estás preocupado por saber si la Iglesia católica es un lugar seguro para tus hijos en el 2018, sería interesante para ti saber que más maestros de las escuelas de Pennsylvania perdieron sus licencias en el 2017 por conductas sexuales indebidas (42), que el total de las acusaciones en la Iglesia católica de los Estados Unidos entre el 2015 y el 2017 (22). Son 42 maestros en un estado en un año, en comparación a 22 acusaciones en todo el país en tres años. Voy a detenerme aquí y reconocer que no todo es perfecto en la Iglesia católica. Aún hay casos de abuso sexual a menores que desconocemos, y aún tenemos esas pocas acusaciones nuevas. Si bien hemos hecho grandes mejoras, debemos continuar buscando formas de ser mejores, más responsables y más transparentes, para que los mismos problemas no se repitan.

También debemos mostrar la mayor compasión por los sobrevivientes y continuar ofreciendo nuestra ayuda en su recuperación continua.

Sabiendo que estos eventos han sido experiencias devastadoras para las personas, es difícil tener una discusión que analice el tema en términos de estadísticas, patrones y análisis de datos. Tampoco es correcto argumentar que esto es solo un problema de la sociedad, y que otros son mucho peores que nosotros. Admito que he hecho ambas cosas en esta columna, porque en última instancia creo que el contexto es importante.

Debemos mostrar como Iglesia a cualquier víctima y a sus familias nuestro compromiso continuo en abordar el problema. Y creo que se lo debo a muchos sacerdotes maravillosos de nuestra arquidiócesis, para defenderlos, para que no sean presentados como parte de los problemas del pasado.

Piénselo de esta manera: si tomáramos otra crisis que está plagando a Estados Unidos (violencia con armas de fuego, adicción a los opioides, obesidad) y alguien encontró la manera de reducir uno de estos problemas en un 95 por ciento, ¿no valdría la pena hablar de eso?

De hecho, ¿no sería ese el titular que vería el 59 por ciento de los lectores de titulares?

 Traducido del original en ingles por Mavi Barraza