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Intención de marzo: Que escuchemos el llamado de Jesús a arrepentirnos y creer en el Evangelio

Intención del arzobispo Samuel J. Aquila para marzo: «Para que, en esta temporada de Cuaresma, el pueblo de Dios escuche atentamente el llamado de Jesús a arrepentirse y creer en el Evangelio».

San Mateo dice: «En el juicio, el pueblo de Nínive se levantará con esta generación y la condenará, porque se arrepintió por la predicación de Jonás, y hay alguien más grande que Jonás aquí» (Mt 12,41).

En este pasaje, los escribas y fariseos hacen una petición a Jesús: «Maestro, queremos ver una señal de ti», y Jesús responde: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás» (cf. Mt 12,38-39).

En las Escrituras vemos cómo Dios envía al profeta Jonás al pueblo de Nínive para proclamar: «Cuarenta días más y Nínive será destruida». Ante este mensaje extraordinariamente fuerte enviado por Dios Padre, vemos la humilde respuesta de los ninivitas, que practicaron el ayuno, la oración y el arrepentimiento de su mala conducta, ¡Y Dios a su vez mostró misericordia!

La Cuaresma es una oportunidad maravillosa para que los fieles escuchen más atentamente la voz y la instrucción de Dios, pues “la fe viene de la escucha y lo que se oye que viene a través de la palabra de Cristo» (Rom 10,17). Qué hermosa invitación a profundizar en las Escrituras, las palabras de Dios y continuar abriendo nuestros corazones a su mensaje.

Pero ¿cuál es el mensaje de Jesús para nosotros en esta temporada de Cuaresma? Es un llamado al arrepentimiento y a creer en el Evangelio, un llamado a una nueva forma de vivir según la palabra de Dios.

Jesús declara a los escribas y fariseos: «Yo soy más grande que Jonás».  Él es el que envió a Jonás a Nínive, y quien vino a proclamar en persona: «Arrepiéntanse y crean en el Evangelio». ¡Este sigue siendo su mensaje para nosotros hoy! Jesús quiere crecer en una relación más profunda e íntima con cada uno de nosotros y colmarnos de su amor misericordioso, pero eso también requiere una respuesta activa de cada uno de nosotros.

La Iglesia católica, en la persona de Cristo, nos ofrece 40 días de ayuno, oración y penitencia. Al igual que el pueblo de Nínive, nosotros necesitamos responder al mensaje de Dios —arrepentirnos y convertirnos de nuestras malas acciones— para recibir el amor sanador y misericordioso de nuestro Padre, y para ser liberados de la destrucción del pecado. Todos somos pecadores, y este mensaje no excluye a nadie.

Unidos en oración con el arzobispo Samuel J. Aquila, oremos por la virtud de escuchar atentamente el mensaje de la Cuaresma. No tengamos miedo de confesarnos para encontrar a Jesús, que nos espera con perdón y compasión. «Un corazón contrito y humillado, oh, Dios, tú no lo despreciarás» (Sal 51,19).

Además, invitamos a los fieles a ofrecer una petición adicional por los cristianos en Tierra Santa que han estado enfrentando un mayor nivel de violencia, persecución y ataques de odio.  «¿Encuentro placer en la muerte del malvado, oráculo del Señor Dios? ¿No me regocijo cuando se apartan de su mal camino y viven?» (Ez 18,23). Dios es un Dios que ama la vida y la paz; no desea la destrucción ni la muerte. Él es un Padre que se regocija por un solo pecador que se arrepiente. Oremos también por la conversión de las personas que están en el error, que promueven el error que conduce a la destrucción de vidas humanas y la deformación de la naturaleza y la dignidad humana. Que escuchen el mensaje de la Cuaresma: un llamado al arrepentimiento y a creer en el Evangelio de Jesucristo.

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