La Arquidiócesis está del lado de los inmigrantes

Obispo Jorge Rodríguez

Todos hemos visto en las noticias y leído sobre los eventos en Charlottesville. Ellos nos han abierto los ojos y nos han confirmado algo que quizá ya presentíamos: que todavía hoy sobrevive el racismo en los Estados Unidos. Esta ola de mal llega también a nuestra comunidad inmigrante. El problema de los inmigrantes, el famoso “muro”, las deportaciones y las numerosas leyes que se están produciendo en varios estados, no favorecen un clima de paz en nuestras comunidades inmigrantes.

Es importante que la comunidad inmigrante sepa que la Conferencia de los Obispos de Estados Unidos ha estado luchando fuertemente y en primera fila por defender sus derechos. La Conferencia Episcopal y algunos obispos han dado declaraciones abiertamente en favor del DACA, de los niños inmigrantes no acompañados, y de la necesidad de mantener a las familias unidas. La Conferencia Episcopal ha denunciado las deportaciones indiscriminadas y la construcción del muro, haciendo notar que ésa no es la solución del problema.

En Denver el Arzobispo ha creado un equipo de personas para que lo mantengan informado y lo asesoren en las medidas que hay que ir tomando para salir en ayuda de nuestros hermanos inmigrantes. El equipo está formado por mí, Obispo Auxiliar de Denver; por Msgr. Jorge de los Santos (párroco de Our Lady Mother of the Church); el P. Benito Hernández (Párroco de Our Lady of Guadalupe); el P. Jason Wunsch (vice-párroco de la parroquia Ascention); Cheryl Martínez-Gloria (abogada de inmigración de Caridades Católicas); Luis Alvarez (Director del Centro San Juan Diego); Jennifer Kraska (Directora del Colorado Catholic Conference); David Uebbing (Canciller de la Arquidiócesis); y Karna Swanson (Directora de Comunicaciones de la Arquidiócesis). La idea es afrontar cada reto que se vaya presentando de modo ágil y eficaz. El equipo es interdisciplinar para afrontar las situaciones desde la perspectiva pastoral, política, legal, arquidiocesana, así como desde los medios de comunicación y la comunidad inmigrante misma.

Evidentemente nos guía el Evangelio del amor al prójimo, el respeto de la ley, y el bien del Pueblo de Dios. Yo quiero que ustedes sepan que el Arzobispo y la Arquidiócesis están del lado de la comunidad inmigrante, documentada o indocumentada, porque a los ojos de Dios lo que cuenta son sus hijos e hijas, no la posesión de un documento. Sin embargo, la ley debe ser respetada y por eso abogamos por buscar soluciones al problema planteado por la presencia de un número grande de personas indocumentadas -que infringieron la ley-, sin necesidad de romper las familias, destruir el futuro de quienes fueron traídos de niños sin culpa suya, y sin considerar la historia y motivaciones de las diversas situaciones personales y familiares. Los obispos desde el principio han pedido una reforma inmigratoria comprensiva.

La Arquidiócesis, como ustedes bien saben, a través de Centro San Juan Diego y de Caridades Católicas ha estado ayudando a la comunidad inmigrante en un modo muy efectivo, sobre todo teniendo en cuenta los recursos limitados con que se cuenta, sea desde el punto de vista del personal como de los fondos a disposición. Ciertamente esto no sale en los periódicos o noticieros porque algunos de los medios de comunicación no tienen gran interés en mostrar la bondad de la Iglesia Católica. Ustedes seguramente han visto en los periódicos y han oído de las “iglesias santuario” donde algunos hermanos con orden de deportación buscan refugio. Nosotros preferimos trabajar por soluciones más definitivas. Sobre este tema, espero poder escribir en el futuro en una de mis aportaciones al Denver Catholic en español. Creo que es algo que nos interesa a todos.

En su discurso a los obispos americanos en Washington el 23 de septiembre de 2015, el Papa Francisco dijo: “Sigo con atención el enorme esfuerzo que realizan para acoger e integrar a los inmigrantes que siguen llegando a los Estados Unidos con la mirada de los peregrinos que se embarcan en busca de sus prometedores recursos de libertad y prosperidad. Admiro los esfuerzos que dedican a la misión educativa en sus escuelas a todos los niveles y a la caridad en sus numerosas instituciones… Conozco bien la valentía con que han afrontado momentos oscuros en su itinerario eclesial sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones y sacrificios… Así que les animo a hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo. En el fondo de cada uno de ellos está siempre la vida como don y responsabilidad. El futuro de la libertad y la dignidad de nuestra sociedad dependen del modo en que sepamos responder a estos desafíos… No es lícito por tanto eludir dichas cuestiones o silenciarlas.

Así pues, el Papa, la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, el Arzobispo de Denver, un servidor y sus párrocos y diáconos, estamos enfrentando y enfrentaremos juntos con la comunidad inmigrante los desafíos del problema inmigratorio. Pero lo más importante, Jesucristo y su Santísima Madre, Maria de Guadalupe, están con nosotros.

Que Dios los bendiga,

+ Jorge Rodriguez

Obispo Auxiliar de Denver

Próximamente: Las 10 enfermedades del espíritu que afectan tu matrimonio

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No hay peor enfermedad para los matrimonios que las enfermedades del espíritu. Así lo asegura el Padre Ángel Espinoza de los Monteros, sacerdote especializado en temas de matrimonio y familia, quien ha ayudado a muchas parejas a salvar su matrimonio a través de sus conferencias de revitalización de matrimonios y vida familiar.

El padre Ángel, compartió las 10 enfermedades del espíritu que pueden debilitar la unión matrimonial, y al mismo tiempo nos invita a reflexionar con ello para así lograr dar al amor de pareja una dimensión espiritual.

Los ciegos: No quieren ver todo el mal que hacen con su forma de comportarse. No ven todo lo bueno que podrían hacer si cambiaran un poco su carácter. No se dan cuenta cómo tratan a los demás: su marido, su mujer, sus hijos o personas que los rodean. Los ciegos pueden ver lo que hay afuera pero no lo que hay adentro de sí mismos y es por eso que creen que están bien. Juzgan a los demás. No alcanzan la felicidad porque no ven todo lo que tienen.

Los sordos: No saben o no quieren escuchar. Un consejo para los hombres: Escuchen a su mujer. Cuando estén con ella tengan estas frases preparadas ¡No me digas!; ¿Qué más?; ¡Qué barbaridad! o pueden salir con otra frase mejor: … ¡No puede ser!

Y es que no vale la pena discutir. Ábrete a la posibilidad de que él o ella tengan la razón. Pierde todas las discusiones tontas y te ganarás el corazón de tu marido o tu mujer.

Los mudos: No se quieren comunicar. No hablan. Hablan de más, pero no de lo importante. Le hacen daño al matrimonio quienes no logran transmitir sus sentimientos. Dile a tu mujer o a tu marido: “¡Te quiero!, ¡te amo!, ¡te necesito!”. Otro consejo para los maridos: dile a tu mujer “¡qué guapa estas”, ¡aunque luego te confieses!

Déficit de atención: Concentrarse en todo menos en la familia. Ningún éxito profesional justifica fracasar en la familia.

Estar manco: No saber servir y no saber dar cariño. Jubilarse de la intimidad sin avisar. ¿Qué han hecho del cariño que se tenían antes de que se casaran?

Tetraplejia: Quisiera…pero nunca hacen nada. Hay que hablarse con respeto.

Depresión: A la que le pusimos el nombre bonito y llamamos “Depre”… pariente de la flojera. La vida es un ciclo, existen etapas…como las estaciones del año. Aprende a ver lo bueno de cada momento. Pide ayuda cuando necesites y estés pasando por un momento en el que creas que no puedes más.

Esclerosis múltiple: La dureza de trato, de palabra, de juicio.

El Alzheimer selectivo. Se nos olvidan los detalles. Se nos olvidan las cosas pequeñas. Se nos olvidan las promesas del matrimonio. Se nos olvida que estamos casados.

Esposa Zeta. Solo habla para amenazar o pedir dinero.

Según el padre Espinoza, ser fiel es el principio para cuidar el matrimonio. “Amar y hacer feliz a una persona es un proyecto de vida.

“Una cura para las enfermedades espirituales es el amor”, señaló el conferencista “y el médico es Jesús”. Recen unidos. Acérquense a Dios y háganse estas preguntas: ¿Te estoy haciendo feliz? ¿Qué más tengo que hacer para hacerte feliz? Y recuerden “vivir en amor… ¡El anillo es para siempre!”, concluyó el sacerdote.