La arquidiócesis tiene un nuevo diácono permanente hispano

El recién ordenado diácono Pedro Reyes de la parroquia St. William en Fort Lupton nunca imaginó que Dios lo fuera a llamar tan claramente al diaconado.

En un retiro del ministerio Cristo y Yo, donde servía con su esposa, Ana, Dios le mostró lo que quería para él.

“El Señor en una de las oraciones al Espíritu Santo del retiro me dio una visión donde me veía yo claramente vestido de diácono… Fue ahí donde empecé a tomar enserio el posible llamado”, dijo a El Pueblo Católico.

Y aseguró que con ayuda de los sacerdotes que han formado parte de St. William, ha descubierto que esto era lo que Dios verdaderamente tenía planeado para él y su familia.

El diácono Pedro es el único hispanohablante del grupo de 14 diáconos permanentes que fueron ordenados el pasado 22 de junio en Denver.

Nació en Los Ángeles, California, pero con orgullo dice: “Siempre digo que soy de Chihuahua, mi corazón es de México: es ahí donde crecí y donde conocí a mi esposa Ana”.

Después de casarse, él y su esposa se mudaron a Denver y ahora tienen tres hijas de 17, 15 y 12 años.

Su camino comenzó en la parroquia de St. William, donde por años él y su esposa sirvieron con el Movimiento Familiar Cristiano y después como formadores y líderes de Cristo y Yo.

“Ha sido un camino duro, pero a la vez hermoso”, afirmó.

Ahora que vuelve como diácono a la parroquia de St. William, lugar al que ha pertenecido por muchos años, dice que la gran diferencia y lo que más ama de su nuevo ministerio es “que ahora no solo voy a dar a Cristo nuestro Señor sacramentado bajo las especies del pan y vino consagrado, sino que ahora voy a dar a Cristo de una manera muy diferente… a través del evangelio. Yo presto mi voz para que Cristo hable a todos ellos”.

Asimismo, urge a todos los hombres que tengan una inquietud por el diaconado a tomarse esa inquietud enserio.

“El Señor se encargará de ponerlos donde él realmente los quiere, solo escuchen su voz”, concluyó.

Próximamente: ¿Por qué soy católico?: Por la Biblia

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La Biblia es más católica de lo que creemos. Muchas personas no saben que no fue la Iglesia la que nació de la Biblia, sino la Biblia la que nació de la Iglesia, nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué soy católico?: Por Jesús

En las primeras décadas del cristianismo, el Nuevo Testamento no existía. Los discípulos predicaban por palabra lo que habían aprendido de Jesús. No fue hasta décadas después de la resurrección que lo escribieron.

En ese tiempo había muchos evangelios y cartas que aseguraban tener inspiración divina.

¿Por qué soy católico?: Porque es la Iglesia que Cristo quiso fundar

¿Cómo es que unos sí llegaron a considerarse “divinamente inspirados” y se incluyeron en el Nuevo Testamento y otros no? ¿Quién decidió cuáles eran verdaderos y cuáles no?

Fue la Iglesia Católica, con la inspiración del Espíritu Santo y la autoridad que Jesús le dio, la que decidió la lista de 27 libros que eran divinamente inspirados del Nuevo Testamento en el año 382 d. C., bajo el Papa Dámaso.

¿Por qué soy católico?: Por el perdón de los pecados

¿Cómo lo hicieron? Los obispos y teólogos de ese tiempo investigaron cuáles evangelios y cartas tenían origen apostólico y compararon su contendido con la Tradición que habían recibido de los discípulos por medio de la palabra. Asimismo, construyeron la lista de 46 libros divinamente inspirados del Antiguo Testamento.

Esta colección de 73 libros, que llamamos “Biblia”, no es solo una colección histórica, sino que contiene el mensaje que todo humano debe saber.

Si no lees la Biblia regularmente, te invitamos a que lo hagas. En ella encontrarás la historia de amor más bella de todos los tiempos. Es como una carta de amor que está dirigida a ti personalmente. Léela si quieres conocer a Jesús y podrás decir con san Pablo: “(Cristo) me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).

¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Sabías que…

Esta lista de 73 libros se consideró divinamente inspirada por todo cristiano por más de 1,100 años, hasta que Martín Lutero y sus seguidores se deshicieron de siete libros del Antiguo Testamento en la Reforma Protestante en el siglo XVI. Los católicos aún conservan los 73 libros.