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La belleza y la bondad de María nos llevan a la verdad

«Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada, en donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto. Lo daré a las gentes, en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación», le dijo Nuestra Señora de Guadalupe a san Juan Diego cuando se le apareció por primera vez.

El único milagro de Nuestra Señora de Guadalupe al aparecerse a san Juan Diego no fue solo que dejó una imagen en su manto, conocido como la tilma, que aún no muestra signos de deterioro, sino también que ella lo reconoció a él y a todas las personas como sus hijos.

“Juanito, Juan Dieguito, ¿adónde vas?”, María le dijo a san Juan Diego la primera vez que la conoció.

María, atraída por su amor maternal por un humilde campesino indígena y por todo el pueblo, se acercó a él para cambiar la historia de México y llevar a millones de personas a su hijo. Nuestra Señora de Guadalupe hoy nos llama a cada uno por nuestro nombre y quiere llevarnos a Jesús, porque ella es nuestra madre.

En el 2013, durante el Año de la Fe, tuve el privilegio de guiar a 160 personas de la arquidiócesis en peregrinación al lugar donde la Virgen María se apareció a san Juan Diego en 1531.

El viaje fue una experiencia llena de gracia. Cuando Dios puso la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en la tilma de san Juan Diego, nos dejó una señal del amor presente y continuo tanto de él como de María por nosotros. El milagro continúa ocurriendo hoy, porque 492 años después de que la imagen de María apareciera por primera vez cuando san Juan Diego desplegó su manto para mostrarle al obispo Zumárraga las rosas castellanas de la Virgen, la imagen no ha decaído con el paso del tiempo.

Esto demuestra el amor continuo de María por nosotros, y dado que esto no podría ocurrir sin el consentimiento de la Santísima Trinidad, también muestra el amor de Dios por nosotros.

Nunca olvidaré el momento en que me paré por primera vez frente a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en 1996. Mientras estaba allí y contemplaba la imagen, quedé asombrado y maravillado al darme cuenta de la presencia real de María tanto en mi vida como en la vida de la Iglesia. Experimenté su amor por mí de una manera muy personal y tierna.

La peregrinación a México del 2013 fue nuestra peregrinación arquidiocesana para el Año de la Fe, y existe una conexión profunda entre Nuestra Señora y la fe. Sin su fe en Dios y su “sí” a ser madre de Jesús, nuestra salvación no hubiera sido posible.

Cuando el papa Benedicto XVI inauguró el Año de la Fe en octubre de 2012, lo describió como “un momento de gracia” y un tiempo para comprometernos a “una conversión más completa a Dios, para fortalecer nuestra fe en él y anunciarlo con alegría al pueblo de nuestro tiempo”.

Aunque el Año de la Fe eventualmente llegó a su fin, el desafío sigue siendo el nuestro hoy, especialmente ahora que el 2023 llega a su fin. No dejemos que este año termine sin haber profundizado en la fe, para luego, con fe renovada, evangelizar como Cristo nos ordenó, especialmente en la plaza pública.

La peregrinación a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe fue una ocasión para un crecimiento más profundo en la fe, una experiencia del cuidado maternal de María por todos nosotros y un recordatorio de la poderosa historia de su intervención en la historia que llevó a la conversión de nueve millones de indígenas en nueve años. Estoy muy emocionado de regresar a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe el próximo mes mientras dirijo otra peregrinación a México, donde oraremos en la Basílica y en varios otros lugares sagrados asociados con Nuestra Señora de Guadalupe. Te invito a que en oración consideres unirte a esta peregrinación, si es posible, ya que será una experiencia profunda y fructífera. (Puede encontrar más información sobre la peregrinación aquí).

Sin embargo, incluso si no pueden acompañarme el próximo mes, los invito a ver a Nuestra Señora de Guadalupe como modelo para compartir nuestra fe con alegría y confianza en Dios.

La forma en que Nuestra Señora de Guadalupe se presentó a san Juan Diego y la imagen milagrosa que dejó al mundo nos muestran de qué manera llevó a Jesús a la sociedad de los aztecas: primero con la belleza, luego con la bondad y finalmente con la verdad.

Nota del editor: Esta columna se publicó originalmente en septiembre del 2013 y fue actualizada en diciembre del 2023.

Arzobispo Samuel J. Aquila
Arzobispo Samuel J. Aquila
Mons. Samuel J. Aquila es el octavo obispo de Denver y el quinto arzobispo. Su lema es "Haced lo que él les diga" (Jn 2,5).
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