La Misa 4: Aprende el significado del Padre Nuestro

Rocio Madera

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Qué sucede en la Misa?” Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

El Padre Nuestro forma parte de las oraciones que nos preparan justo antes de recibir la Sagrada Comunión. Es la oración que Jesús enseñó a sus discípulos (Mt. 6,9-13 y Lc. 11, 1-4), y debe salir de lo más profundo de nuestro corazón. Tradicionalmente se divide en siete oraciones: la primeras tres están centradas en Dios y las otras cuatro en nuestras necesidades.

PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN EL CIELO…

Comenzamos de una manera humilde, reconociendo quién es Dios. La palabra “nuestro” muestra la profunda unidad que tenemos al tener el mismo Padre celestial: todos los que estamos unidos en Cristo somos hermanos en él.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE…

Aquí reconocemos la grandeza y santidad de Dios, y oramos para que él y su nombre puedan ser reconocidos y tratados como sagrados.

VENGA A NOSOTROS TU REINO…

En esta petición oramos para que el reino de Dios sea aceptado en todo el mundo, en el corazón de las personas, pero sobre todo comenzando en nuestro propio corazón.

HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO…

Oramos para que la voluntad de Dios se cumpla en nuestra vida y en la vida de los demás, porque tenemos la certeza de que su voluntad es lo mejor para nuestra vida y para toda la humanidad.

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA…

Aquí le pedimos a Dios suplir nuestras necesidades diarias y a la vez que nos dé el Pan de Vida que vamos a recibir en la Sagrada Comunión.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN…

Reconocemos una vez más nuestros pecados. Pero esta oración nos recuerda a la parábola del hombre que fue perdonado y no quiso perdonar (Mt 18, 23-35). Si no hemos podido perdonar a alguien, aún la debemos rezar, mostrando nuestro deseo y pidiéndole a Dios la gracia para poder hacerlo.

NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN…

Aunque humanamente somos débiles, Dios no nos deja solos en nuestra lucha frente a las tentaciones y el mal. Él está con nosotros y es más poderoso que el maligno.

LÍBRANOS DEL MAL…

El mal se refiere a Satanás, quien se opone a la voluntad de Dios y quiere que hagamos lo mismo. Por lo tanto, estamos pidiendo al Padre que nos libre de sus mentiras, obras y trampas.

La celebración eucarística alcanza su punto culminante con la Eucaristía: la demostración del amor eterno que Dios tiene hacia nosotros. Dios nos invita a este banquete de bodas para expresarnos su amor. Conmemoramos y nos hacemos presentes en su sacrificio en la cruz y en el misterio de la resurrección cuando participamos de la Eucaristía. La comunión eucarística es el encuentro espiritual más amoroso y profundo que podemos tener con Cristo en la tierra. Esta realidad llevó a san Maximiliano Kolbe a decir:

“Si los ángeles pudieran estar celosos de los hombres, lo estarían por una razón: la Sagrada Comunión”. SAN MAXIMILIANO KOLBE

 

El signo de la paz

Luego de rezar el padre nuestro, el sacerdote continúa haciendo énfasis en la última petición y orando por la paz que Dios desea darnos: “Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días…”. Todo el pueblo responde a la oración alabando a Dios: “Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor”.

Estas palabras se remontan al Antiguo Testamento, cuando al final de su reinado el Rey David humildemente reconoce que todo el poder, la gloria y el reino que poseía no eran suyos, sino de Dios (1 Cró 29,10-11).

Después el sacerdote se dirige al pueblo recordando las palabras de Jesús a los apóstoles durante la Última Cena: “Mi paz les dejo, mi paz les doy” (Jn. 14,27). Luego, intercambiamos el signo de la paz, la comunión y la caridad, signo de que solo Cristo nos ofrece una paz profunda y duradera en nuestro corazón y en nuestras relaciones.

Cordero de Dios

Terminado el signo de la paz, nos dirigimos a Jesús, recitando el “Cordero de Dios”, donde reconocemos a Jesús como el nuevo cordero pascual que fue sacrificado por nosotros.

Las palabras de la oración del Cordero de Dios vienen más directamente de Juan Bautista, quien así se refiere a Jesús: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1,29).

El Cordero de Dios también incluye la petición “ten piedad de nosotros”, una petición que nos enlaza al signo de la paz que acaba de ser dado, anticipa la unidad que se forjará en la Eucaristía y subraya la grandeza que recibiremos a pesar de ser pecadores.

Fracción del Pan

En la siguiente parte de la Misa, el sacerdote realiza la fracción del pan, lo que simboliza a Cristo que se parte para que todos puedan recibirlo, mismo gesto que realizó Jesús durante la Última Cena con sus apóstoles. Después de partir la hostia, el sacerdote introduce un pequeño trozo del pan consagrando en el cáliz, un ritual conocido como “mezclando”, que significa que el pan y el vino consagrados son la presencia verdadera y real de Jesús entero.

La consagración por separado del pan y el vino durante la Misa simbolizan la separación del Cuerpo y la Sangre de Cristo en su muerte, mientras que el Rito de Mezclando expresa la unión del Cuerpo y la Sangre de Cristo resucitado.

 

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