La Misa 6: ¿Qué pasa después de Misa?

Rocio Madera

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Un envió, una misión

Una vez concluido el Rito de Comunión, nos ponemos de pie para comenzar los Ritos de Conclusión, que son similares al inicio de la Misa, y hacemos la señal de la cruz mientras el sacerdote bendice a la congragación en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Las palabras de conclusión por parte del sacerdote usualmente son “La Misa ha terminado, pueden ir en paz”. La palabra “Misa” se remonta hasta el cuarto siglo cuando los primeros cristianos usaban las palabras en latín “Ite Missa” para concluir la celebración eucarística, que significa “despedida” o “envío”. Por lo tanto, cuando la Misa concluye, en realidad estamos siendo enviados al mundo a compartir la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

La conclusión de la Misa es verdaderamente un comienzo. De esta palabra se deriva en español la palabra “misión”. Dios nos envía a llevar a Cristo al mundo y a vivir nuestra vida diaria centrada en él. El mismo Catecismo nos indica que “la liturgia en la que se realiza el ministerio de salivación se termina con el envío de los fieles, a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana” (CIC 1332).

De esta manera la Santa Misa se convierte en la hora más importante de nuestra semana, en su comienzo y final. No olvidemos entonces que es el punto central de nuestra semana y día, y que estamos llamados a vivir nuestra vida diaria siempre con el corazón anclado en Cristo y aguardando ese momento en que venga a nosotros en la Eucaristía. ¿La vivirás de la misma manera?

“La liturgia en la que se realiza el ministerio de salivación se termina con el envío de los fieles, a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana” CIC 1332

 

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Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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