La Misión Miguel Pro de un sacerdote de Denver continúa con su ministerio vital de 35 años en Juárez

Escritor Invitado

Por: Roxanne King

Mucho tiempo antes de que las caravanas de migrantes y las controversiales políticas de inmigración del gobierno de Trump comenzaran a dominar los titulares, una misión católica en Ciudad Juárez, México, dirigida por un humilde sacerdote de Denver, trabajaba para prevenir la migración forzada de jóvenes pobres de quienes el Papa Francisco dijo: “son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas”.

Inspirado por el trabajo de otros, el padre Peter Urban de 89 años, fundó la misión Miguel Pro en el 2010. La organización sin fines de lucro de Colorado ofrece becas y tutoría a niños en Juárez para ayudarlos a asistir a la escuela desde el jardín hasta la universidad. Recientemente, la misión también comenzó a construir casas ecológicas y de energía eficiente.

“Mientras que la educación hace posible un futuro más brillante, la construcción de y la asistencia de reparaciones provee viviendas más seguras y dignas. Ambos esfuerzos fomentan esperanza, lo cual es el objetivo de la misión”, dijo el padre Urban.

“Cinco de nuestros estudiantes se han graduado de la universidad”, indicó el sacerdote. “Diecisiete están inscritos en la universidad. Más de treinta están en la escuela secundaria y preparatoria”.

“Las becas son vitales”, dijo el padre, “ya que la educación gratuita en México solo es hasta el sexto grado”.

“Entonces están fuera de la escuela y pueden ser tentados a escuchar a los narcos y a vender drogas para ganarse la vida”, dijo.

Los jóvenes además son vulnerables a otras actividades criminales. Algunos intentan huir de la pobreza y la violencia de la ciudad y buscar una mejor vida al cruzar la frontera.

Una vez considerada la ciudad más peligrosa fuera de una zona de guerra, la tasa de homicidios en Juárez comenzó a disminuir en el 2012 pero el año pasado reportó “1247 homicidios, una cifra comparable a la era más violenta de la ciudad desde el 2008 al 2011”, de acuerdo a El Diario de Juárez. El incremento, dijo el periódico, se atribuye a los carteles que luchan por el control de las lucrativas rutas de narcotráfico de la ciudad.

El maestro de educación física Oscar Sandoval pudo obtener su título universitario gracias a las becas de la misión Migue Pro. Hoy enseña en dos escuelas en Juárez y, con un futuro prometedor. Además, contrajo nupcias recientemente.

“Se casó por la iglesia católica por su pasado”, dijo el padre Urban refiriéndose a la experiencia de Sandoval con la misión, que lo nutrió académica y espiritualmente. “Ahora puede impartir conocimiento no solo de salud física sino también sobre su fe”.

Juárez es una ciudad fuertemente industrializada con unas 300 fábricas, cerca de un tercio de su población está compuesta de gente quien se ha mudado de otros lugares, mayormente de otras partes de México, pero también de otros países de Centroamérica.

 

“Escuchan que hay trabajo”, dijo el padre Urban. “Vienen y encuentran, piedras, cartones y algún tipo de techo y lo juntan para albergar a su familia. Trabajan largas horas en las maquiladoras, fabricas, por 20 a 40 dólares a la semana. Eso no es pobreza, es miseria”.

El año pasado, la misión construyó una casa para una mujer que criaba a sus tres hijos y luchaba contra el cáncer después de ser abandonada por su esposo. En el 2017, la misión ayudo a terminar una residencia y una capilla para las hermanas Tonantzin, mujeres consagradas quienes se asociaron con la misión y trabajaron en cuatro centros comunitarios alrededor de Juárez, donde ofrecen cuidado de niños a padres que trabajan, brindan tutoría a niños, y ofrecen catequesis y asesoramiento a familias.

El diácono Paul Zajac, quien sirve en la mesa directiva de la misión Miguel Pro y ministra en la parroquia St Antony of Padua donde reside el padre Urban, ayudo a construir las residencias.

“Fue una buena experiencia”, dijo el diácono. “El enfoque de la misión Miguel Pro es ayudar a los más necesitados de la manera que más les ayude. Vive el precepto del Evangelio de que cuando te preocupas por tu prójimo te preocupas por Cristo”.

El diácono dijo que la misión no solo eleva a las personas al ayudarlas a adquirir una educación y una vivienda adecuada, sino que las involucra en esos esfuerzos y da testimonio de que Dios los ama.

“Les ayuda saber que Dios los creó con una misión y un propósito”, dijo el diácono Zajac. “Les dice que a Dios le importan tanto que envió personas que viven a 800 millas de distancia para ayudarlos”.

“La gente tiene tal sentido de gratitud. Para ellos era importante compartir con nosotros lo que tenían a cambio. Era como estar con la comunidad de la Iglesia primitiva”.

Además de ayudar a los residentes a construir casas de adobe con eficientes en energía que incluyen inodoros secos y ecológicos, que convierten los desechos en fertilizantes (la falta de agua y suelos arenosos son problemas en Juárez), la misión alienta a las personas a ser autosuficientes al cultivar un jardín para verduras, y criar pollos y quizás una cabra, para huevos y leche.

“Si tienes eso, puedes ser pobre, pero tienes una pobreza digna”, dijo el padre Urban, comparándolo con lo que Cristo describió cuando dijo: “Bienaventurados los pobres”.

El Padre Urban se involucró con los pobres en Juárez en 1994 a través del Padre Stan Martinka, un ex capellán del Ejército de los EE. UU. que conocía a las Hermanas Tonantzin y había comenzado un apostolado 10 años antes para ayudarlos a construir centros comunitarios y brindar ayuda financiera a las familias para mantener a sus hijos en el colegio. Más tarde, el diácono Michael Howard ayudó a su trabajo de construcción de casas.

Tanto el padre Martinka como el diácono Howard murieron en 2011. El padre Urban acredita a los dos hombres y a las hermanas Tonantzin con la inspiradora misión Miguel Pro, que estableció con la ayuda de su amigo Dan Schell, luego de unos 16 años de apoyar al ministerio en Juárez y desde Denver.

Hoy en día, incluso mientras la misión explora agregar nuevas tecnologías para enseñar inglés a los niños a una edad más temprana a través de juegos de computadora educativos para ayudar a mejorar la fluidez y mejorar su capacidad para obtener empleos mejor pagados, la idea está arraigada en su objetivo fundamental: infundir esperanza para un mejor futuro.

“Nos gusta la educación más que nada”, dijo el padre Urban. “Planeamos construir dos casas más este año y muchas, muchas más en los próximos 20 años. Pero nuestro enfoque principal es la educación”.

Cuesta solo $ 0 al mes proporcionar una beca. El costo de construir una casa, también, es mínimo en alrededor de $20,000.

Las personas pueden donar en el sitio web de la misión, MiguelProMission.com. Para ser voluntario en viajes de misión de construcción de viviendas o para escribir cartas de aliento a los estudiantes, envíe un correo electrónico a: tonantzi1@prodigy.net.mx.

Además, los organizadores están planeando un gran evento para celebrar el cumpleaños número 90 del padre Urban y beneficiar a la misión en agosto, dijo Mary Ann Hand, secretaria de la junta directiva de la misión.

“Estamos entusiasmados con el trabajo que se está realizando”, dijo, “y las cosas buenas que están sucediendo a través de la misión”.

“Le da a la gente una vida digna”, dijo el diácono Zajac. “Y ellos pueden ver un futuro mejor”.

*Traducido del original en inglés por Mavi Barraza.

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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