¿La Virgen María murió antes de ser asunta al cielo?

La señora Licet García envió esa pregunta a la página web de El Pueblo Católico. Tú también puedes escribir tus dudas de fe a elpueblo@archden.org

En su constitución apostólica Munificentissimus Deus (“Benevolísimo Dios”), el Papa Pío XII definió en 1950 el dogma de la Asunción de Santa María al cielo.

En ese documento, el papa aseguró que “la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”.

Sin embargo, este dogma no especifica si Santa María murió y luego resucitó. Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; pero tampoco juzgó oportuno afirmar, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios.

Dentro de la Iglesia han existido dos tradiciones. Algunos teólogos han sostenido que la Virgen fue liberada de la muerte, tuvo solo una dormición y luego pasó a la gloria celeste. Otros sostienen que María sí murió, luego resucitó y después fue asunta al cielo. “Si Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario en lo que se refiere a su madre”, dijo San Juan Damasceno.

“Cristo, con su muerte venció el pecado y la muerte”, dice el papa Pío XII en la constitución Munificentissimus Deus. Lo cual demuestra que “Cristo ha sido regenerado sobrenaturalmente con el bautismo”. Por otro lado “Dios no quiere conceder a los justos el pleno efecto de esta victoria sobre la muerte sino hasta el fin de los tiempos”. Por ello los cuerpos de los justos se descomponen y solo el último día se reunirá cada uno con la propia alma gloriosa. Dios, sin embargo, eximió a la Virgen María de esta ley. “Ella por privilegio de todo singular ha vencido el pecado con su inmaculada concepción, pero no fue sujeta a la ley de reposar en la corrupción del sepulcro ni tuvo que esperar la rendición de su cuerpo hasta el fin del mundo”, dijo Pio XII.

Pero ¿qué es resucitar? No es volver de nuevo a esta vida terrenal. La muerte es la consecuencia del pecado. Alma y cuerpo se separan y el cuerpo cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado.

Todas las personas resucitarán: “No se admiren de esto, porque va a llegar la hora en que todos los muertos oirán su voz y saldrán de las tumbas. Los que hicieron el bien, resucitarán para tener vida; pero los que hicieron el mal, resucitarán para ser condenados”. (Jn 5, 28-29).  Cristo resucitó con su propio cuerpo (cuerpo glorificado): “Vean mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tóquenme y miren: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo.” (Lc 24,39). María, por privilegio especial como favor de Dios, en virtud de ser la Madre del Hijo de Dios y haber sido concebida sin pecado, al ser asunta al cielo goza de los beneficios de la resurrección y entra en el cielo ya con su cuerpo glorioso. Lo que obtendremos nosotros si algún día nosotros también alcanzamos la salvación.

Para los católicos la muerte es solo el paso de esta vida temporal a la continuación en la vida eterna. La mayoría de las personas tiene un concepto equivocado de lo que es la muerte y piensan que es el fin de todo, es la ausencia de vida y la ven como algo negativo, pero a lo que nosotros llamamos muerte es la transición de esta vida temporal que tenemos aquí en la tierra a la vida que es para siempre y, como dice el prefacio I para los difuntos del Misal Romano: “para los que creen en ti Señor la vida solo se transforma, no se acaba y disuelta nuestra morada terrenal se nos prepara una mansión eterna en el cielo”.

Los católicos creemos que al final de los tiempos resucitaremos todos. Creemos que del mismo modo que Cristo ha resucitado de entre los muertos, y vive para siempre, de la misma manera los justos vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día” (Jn 6, 39-40).

“¡Y Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos!” (Mc 12,27). Jesús une la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: “Jesús le dijo entonces: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (Jn 11,25).

Próximamente: Propuesta 115: La verdad detrás del aborto tardío

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Esta vez, quiero centrarme específicamente en una parte del tema: el aborto tardío. Hago esto porque Colorado votará sobre medidas electorales para limitar estos abortos tardíos. Actualmente, somos uno de los siete estados sin límites en cuanto a la edad gestacional en la que se puede realizar un aborto. La Propuesta 115 prohíbe los abortos en Colorado después de 22 semanas, a menos que la vida de la madre esté en peligro inmediato. La medida prevé sanciones para los médicos que realicen tales abortos, pero especifica que no se podrán presentar cargos contra las mujeres que se sometan a ellos.

Creo que quizás se ha llegado el momento de echar un breve vistazo al tema.

En primer lugar, entendamos de qué estamos hablando. Un aborto después de las 22 semanas se realiza mediante un método llamado dilatación y extracción, lo que básicamente significa que el cuello uterino está dilatado y que el bebé, que pesa entre una libra y el peso completo al nacer, es “extraído” del útero y destruido. La forma en que se realiza es inquietante, por decir lo menos. (Considere esto como mi “advertencia desencadenante” para lo más delicado). El médico comienza inyectando el corazón del bebé para matarlo. Esto, según Wikipedia, se hace para “ablandar los huesos”. En una “extracción no intacta”, el médico utiliza unas pinzas para agarrar, torcer, aplastar y separar las distintas partes del bebé, hasta que el útero está vacío. Luego, el bebé se vuelve a montar en una mesa para asegurarse de que no se hayan dejado partes. En una “extracción intacta”, el bebé nace, con los pies primero, hasta que solo queda la cabeza dentro del cuerpo de su madre. Y luego el médico aplasta la cabeza del bebé o le clava unas tijeras en la parte posterior del cráneo y succiona el cerebro.

Es espantoso. Y me enferma físicamente pensar que no podemos encontrar una forma más humana de resolver los problemas de las mujeres, sean los que sean.

Entonces, ¿por qué alguien piensa que este terrible procedimiento debería ser, o seguir siendo, legal? Veamos los argumentos en contra de la Propuesta 115, extraídos directamente de BallotPedia:

“La medida no incluye excepciones por riesgos para la salud de la mujer o para una mujer que ha sido víctima de violación o incesto”.

La salud de la madre es obviamente el argumento más poderoso. Pero pensemos en esto. Este no es un embrión diminuto. Es un feto entre las 22 y las 36 semanas de desarrollo. El primer bebé prematuro que sobrevivió nació a las 21 semanas. Dejando de lado por el momento la opción de St. Gianna Molla de una madre que sacrifica su vida por su hijo, ¿no sería más compasivo dar a luz al niño y hacer todo lo posible para tratar de salvar ambas vidas? En cuanto a la violación o el incesto, me opongo a esos abortos en cualquier etapa. ¿Pero incluso un partidario del aborto encontraría la necesidad de permitirlos después de que una mujer ya haya estado embarazada de cinco a nueve meses?

“La decisión de interrumpir un embarazo es a menudo una decisión seria y difícil, y debe dejarse únicamente en manos de la mujer, en consulta con su médico y de acuerdo con sus creencias”.

¿En qué otra área de la ley o de la vida permitimos que una persona tome la vida de otra “de acuerdo con sus creencias”?

“Además, no ofrece excepciones para la detección de una anomalía fetal grave después de las 22 semanas, lo que puede obligar a las mujeres a llevar a término un embarazo no viable”.

Este es un bebé actualmente vivo, pero se espera que muera más tarde. Así que, no. No cortamos a los bebés ni les chupamos el cerebro porque tienen una esperanza de vida corta. Entiendo que es un sacrificio tremendo para una mujer tener un bebé que no se espera que sobreviva mucho después del nacimiento. Pero se sabe que esos bebés sorprenden incluso a los profesionales. Y, ya sea que vivan horas, días, semanas o meses, son creados a imagen y semejanza de Dios, amados por Él y destinados a la vida eterna en su tiempo (de Dios), no en el nuestro. Cuando terminamos prematuramente con sus vidas, nos hacemos dioses y anulamos el plan de Dios para el desarrollo de la vida de ese niño, por breve que sea.

“Después de 21 semanas, solo se inician 1.2% de los procedimientos de aborto”.

Y eso equivale a más de 8,000 incidentes por año en los EE. UU. Decir que esta brutalidad “solo” ocurre 8,000 veces al año no es un respaldo rotundo.

Particularmente triste para mí, es la cantidad obscena de dinero que se ha invertido para mantener legales estos procedimientos obscenos. Según BallotPedia, “La campaña que apoya [la Prop. 115] había recaudado $257,398 en contribuciones. Los opositores a la iniciativa habían recaudado 5.3 millones de dólares. “La gran mayoría de ese dinero proviene de varias organizaciones de Planned Parenthood.

Somos David, luchando contra Goliat.

Quiero dejar en claro que me uno a la Iglesia para oponerme al aborto en cualquier etapa, de cualquier forma que se realice. Para citar al Dr. Seuss, “una persona es una persona, no importa cuán pequeña sea”. Cada aborto detiene el latido de un corazón humano. Muchas mujeres que conozco y amo han tenido abortos. Algunas me consta, otras solo supongo. En los casos que conozco, han sufrido mucho como consecuencia. Simplemente no creo que podamos resolver los problemas de las mujeres tomando su dinero, invadiendo sus cuerpos, matando a sus bebés y enviándolas a casa.

Podemos hacer mucho más por las mujeres y sus hijos.

Sé que esta es una elección complicada, desordenada y difícil en muchos niveles. Pero les estoy pidiendo, implorándoles, que tengan en cuenta a los no nacidos al emitir sus votos.

Y vote sí en la Propuesta 115.