LA VOCACIÓN FAMILIAR: Llamados a la grandeza

Vladimir Mauricio-Perez

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La familia está llamada a la santidad. Los santos no son seres que están fuera del alcance de todos, sino personas que, en sus debilidades y problemas, dejaron que Dios los transformara y guiara. La manera en que la familia se hace santa es a través del hogar. Está llamada a ser el espacio humano en el que se encuentra a Dios.

 

ESPOSOS, ALCANCEN A CRISTO

El primer nivel de santidad de la familia pasa por los esposos. De ellos dependerá si en su hogar se encuentra a Dios o a otra cosa. El matrimonio no fue hecho para que los esposos solo se miraran el uno al otro en un círculo cerrado, sino que, siendo una sola carne, miraran a Cristo. Una imagen del matrimonio puede ser el yugo del que Cristo habla en el evangelio de Mateo (11,30). El yugo es una pieza alargada de madera con dos arcos que se sujetan al cuello o la cabeza de las mulas o bueyes y les permite trasladar una carga pesada. La imagen del yugo nos permite ver que nunca llevamos la carga solos. En el caso del matrimonio, los dos esposos están unidos por el yugo y miran hacia Cristo, y a la vez es Cristo quien se une a ellos para hacer su carga ligera. La amistad que así se genera en esta meta común es la amistad más apasionante, porque consiste en construir una familia que alcance a Cristo.

SEAN “IGLESIA DOMÉSTICA”

La familia es tan importante que la Iglesia la ha llamado “iglesia doméstica”. Esto significa que el hogar es el lugar privilegiado donde se transmite la fe. Esta se puede transmitir también por medio de ministerios porque la familia necesita apoyo, pero el lugar más importante sigue siendo la familia. Los padres son los primeros educadores de sus hijos. Los hijos aprenden y experimentan su amor y el amor de Dios, no cuando van a la escuela, sino cuando el papá y la mamá les demuestran que los aman con una sonrisa, con el afecto, con el tiempo que pasan con ellos. Por eso las prácticas diarias de oración y los sacramentos son de gran importancia para los hijos. Les enseñan el camino de plenitud. Así, cuando llegan las preguntas y dudas sobre la fe en la adolescencia, al menos en el hijo se habrá despertado una apertura a Dios, que, con acompañamiento, puede fortalecer y no debilitar su fe.

SON LA ESPERANZA DE LA SOCIEDAD

La familia es la célula básica de la sociedad. Sin la familia no hay vecindario, no hay pueblo, no hay ciudad, no hay país… Es necesaria, no solo para dar vida a futuros ciudadanos, sino también para que esos ciudadanos sean buenos y aporten al bien común. La familia es la esperanza de la sociedad porque es la cuna de las virtudes civiles. En la familia aprendemos por qué es malo matar, robar, despreciar… En esa comunidad compuesta por sus hermanos y padres, el niño aprende la obediencia, el respeto del que es diferente, la convivencia, la entrega, la preocupación por el prójimo, la acción de gracias, el perdón… Sin la familia, los ciudadanos serían salvajes. Por esta razón, la desintegración familiar en nuestro tiempo es de gran preocupación. De familias inestables y rotas es común que se generen ciudadanos inestables y rotos.

En los Estados Unidos, más de 1 en 4 niños viven en hogares sin padre, un total de 19.7 millones. Investigaciones realizadas por la Oficina del Censo de EE. UU. muestran que hay una relación entre la ausencia del padre y muchos males sociales. Los resultados revelan que los hijos o hijas son:

  • Más propensos a tener problemas de comportamiento
  • 7 veces más propensas a embarazarse en la adolescencia
  • Más propensos a abusar del alcohol y las drogas
  • 2 veces más propensos a dejar la preparatoria
  • Más propensos a cometer un crimen
  • Más propensos a sufrir abuso y negligencia
  • 4 veces más propensos a vivir en la pobreza
  • Más propensos a ir a la cárcel

La familia que intenta vivir según el designio de Dios es verdaderamente una esperanza para la sociedad.

LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

“La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca de la familia y el matrimonio”. Así lo aseguró Sor Lucía, la vidente de la Virgen de Fátima. La familia está siendo atacada de numerosas maneras, por lo que es necesario que las familias cristianas sean testimonio de la belleza de su vocación. Esta nueva evangelización llama a los cristianos a evangelizar a las personas que se han alejado de la Iglesia, muchas veces nuestros propios familiares. San Juan Pablo II creía que la familia sería una parte fundamental de esta nueva evangelización. Sin embargo, no es necesario ser líder de un apostolado para llevar a cabo esta misión. Lo más importante es dejar que Dios empape la vida diaria, nuestra acciones y pensamientos, con prácticas concretas, como lo veremos más adelante.

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