Los sacerdotes están lastimados por la crisis, pero se mantienen firmes y fieles

Aaron Lambert

Cuando estalló la noticia del arzobispo de Washington D.C, el ex cardenal Theodore McCarrick y abrió otra ola de escándalos dentro de la Iglesia, un pensamiento llego a la mente del padre Bert Chilson: “Otra vez no”.

“Cuando escuché esto, mi corazón se hundió [de dolor]”, le dijo a El Pueblo Católico el padre Chilson, párroco de St. Stephen en Glenwood Springs. El padre Chilson se ordenó sacerdote en 1978 y recuerda haber vivido los escándalos de la Iglesia que estallaron en 1992 y nuevamente en 2002.

Padre Bert Chilson.

“[Eso] realmente te deprime y te hace mirar por encima del hombro un poco, porque no sabes cómo reaccionará o responderá la gente”, compartió. Con la reciente crisis en la Iglesia, es claro que los fieles laicos están lastimados y están buscando respuestas de los líderes de la Iglesia. ¿Pero cómo se mantienen nuestros sacerdotes?

Para los sacerdotes como el padre Chison, esta situación ha cambiado como son como sacerdotes, y lo que hacen al traer a Cristo a su gente. Y lo mismo se puede decir de la mayoría de los sacerdotes. “Me podrá deprimir por uno o dos días, pero luego me reenfoco en lo que he hecho siempre”, dijo. “Quién soy como persona, quién soy como sacerdote… adelante, como dicen en español: seguir adelante, ser quien eres, ser tu yo autentico”.

Claro que eso no significa que los sacerdotes no estén lastimados por eso. El padre Mason Fraley, vicario parroquial de Immaculate Heart of Mary, y quien fue ordenado en el 2016, le dijo a El Pueblo Católico que este escándalo evoca al mismo tiempo varias reacciones diferentes en él.

“Por una parte, también soy bautizado católico, otro hijo de la Iglesia, y el ver que los sacerdotes traicionen a Cristo y a la Iglesia al traicionar su vocación, causa tristeza”, dijo el padre Farley. “Por otra parte, soy un sacerdote, y estos hombres son mis hermanos. Debo admitir que siento más rabia con respecto a esto”. “La traición a su vocación es también su traición a mi vocación. Amo mi sacerdocio, y naturalmente estoy inclinado a ver a alguien que lo avergüenza como una amenaza”.

 

Sacerdotes de la gente

Cuando los escándalos estallaron en el 2002, el padre Chilson recuerda que algunos sus hermanos sacerdotes se retiraron de la gente, dejaron de asistir a citas y hasta dejaron de abrazar a la gente en respuesta a lo que estaba pasando. En tal tiempo de inseguridad, estaban temerosos de extender el cuidado pastoral a los feligreses, por miedo a dar una impresión equivocada.

El padre Chilson dijo que no cree que su comportamiento es saludable, especialmente siendo un sacerdote. “Aun somos sacerdotes de la gente, debemos tener ese contacto con ellos y ser genuinamente auténticos”, dijo. “Aún trato de ser esa persona que se relaciona con ellos que está presente, disponible y en contacto, como se habló en la conferencia “Más de lo que crees”, [y usando] esos puntos. “Debemos estar más presentes que nunca y no tener miedo de mostrar a la gente la bondad del sacerdocio”.

Ni el padre Chilson ni el padre Fraley han experimentado comportamiento de mala voluntad hacia ellos mientras visten sus clérigos en público. También dicen que, afortunadamente, los católicos tienden a ser muy leales con su propio párroco y no han recibido más que el apoyo de sus feligreses.

 

Haciéndolo mejor

Ambos sacerdotes están de acuerdo que la crisis ha estremecido la confianza de los feligreses, y ven esto como una oportunidad de reevaluar su propio sacerdocio y ver cómo pueden ser los mejores servidores que el Señor los ha llamado a ser.

Estoy firme en mi decisión de ser un buen sacerdote, y más determinado en mantener esas disciplinas que me alejaran de irme por el mal camino”, dijo el clérigo. “Los sacerdotes somos también unos pobres pecadores, que por supuesto que también necesitamos de manera urgente de sus oraciones, penitencias y apoyo personal”.

El padre Fraley también ofreció una solicitud a los fieles para ayudar a los sacerdotes a mantenerse resistentes a las tentaciones y fieles a su llamado: “Exigir que seamos muy santos”.

“Como sacerdote, me siento muy bendecido, muy honrado, tan agradecido por mi vocación, por las oportunidades de recibir y usar todas las virtudes del Evangelio del amor, la atención y el servicio de manera descarada y sin contenerme, incluso a pesar de este golpe”, dijo Padre Chilson. “Es un momento para detenerse y volver a evaluar, mejorar y recuperar la confianza de la gente”.

 

Próximamente: Obispos de Colorado piden votar “Sí” para prohibir el aborto tardío en noviembre

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Los obispos de Colorado publicaron la siguiente carta sobre la iniciativa que podría prohibir el aborto tardío y que aparecerá en la boleta electoral de noviembre.

1 de julio del 2020

El 8 de junio, con apoyo bipartidista, los habitantes de Colorado consiguieron suficientes firmas para asegurar que la prohibición del aborto tardío (actualmente denominada “Iniciativa 120”) apareciera en la boleta electoral de noviembre.

Nosotros, los obispos de Colorado, imploramos a los habitantes de Colorado -especialmente a los fieles católicos- a votar para la prohibición del aborto tardío en la boleta electoral de noviembre. Hemos encomendado esta prohibición al patronazgo de santa Francisca Xavier Cabrini, “la Madre Cabrini”, dado su papel en la ayuda a niños e inmigrantes en Colorado.

Le pedimos a la Madre Cabrini que interceda por todas las familias y niños directamente afectados por el aborto, y por el éxito de este esfuerzo para prohibir el aborto tardío.

Colorado es uno de siete estados en Estados Unidos que no tiene restricciones para tener un aborto con respecto a la edad de gestación. Esto significa que en Colorado niños no nacidos pueden ser asesinados en cualquier momento antes del parto. La mayor parte de estados del país han puesto restricciones el aborto a partir de las 20 semanas de gestación o de la viabilidad del bebé fuera del vientre. Colorado está muy por detrás de otros estados en la protección de la vida de los no nacidos.

Terminar la protección legal del aborto es el objetivo político más importante de los católicos de Colorado porque estos niños son privados del derecho a vivir. Aunque la prohibición del aborto tardío no eliminaría el aborto por completo, sí protegería a los niños que tienen más de 22 semanas de gestación. Este es un cambio positivo del estado actual y promueve una “cultura de vida” que valora a los niños no nacidos. Es un paso en la dirección correcta.

La Iglesia enseña, y la razón humana basada en hallazgos científicos afirma, que la vida humana comienza en la concepción. La Iglesia se opone al aborto bajo el principio moral de que cada persona tiene una dignidad inherente, y por eso ha de ser tratada con el respeto debido a una persona humana. Este es el fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Nunca ha habido y nunca habrá una necesidad legítima de abortar a un bebé de 22 semanas en el vientre.

Es nuestro deber como fieles católicos y habitantes de Colorado aprovechar esta oportunidad única para abordar la ley injusta de Colorado y reducir los abortos limitándolo a las 22 semanas. Esto requiere de su participación, votando “SÍ” para prohibir el aborto tardío en la boleta electoral de noviembre.

Madre Cabrini, ruega por nosotros.

Su Exc. Revma. Samuel J. Aquila

Arzobispo de Denver

Su Exc. Revma. Jorge Rodríguez

Obispo Auxiliar de Denver

Su Exc. Revma. Stephen J. Berg

Obispo de Pueblo

Su Exc. Revma. Michael J. Sheridan

Obispo de Colorado Springs