María, Madre de la Iglesia. Una nueva celebración

Escritor Invitado

Padre John Nepil

Este 21 de mayo la Iglesia celebrará por primera vez una nueva fiesta mariana: María madre de la Iglesia, la cual se festejará siempre el lunes después de la solemnidad de Pentecostés. ¿Cuál es el origen de esta fiesta? ¿Qué sentido tiene esta celebración?

No se puede entender a María sin la Iglesia, ni a la Iglesia sin María. Ellas existen en una relación muy íntima y mutua. Pero, ¿qué pasa cuando las separamos? Pasa que a María se le puede elevar en exceso, puede perder humanidad y aparecer casi como la cuarta persona de la trinidad. La Iglesia, en cambio, puede quedar reducida, perdiendo así su fundación divina y apareciendo como una institución dirigida solo por hombres.

Esto dista mucho de una visión del cristianismo primitivo, donde María y la Iglesia se veían juntas como una sola realidad: la Nueva Eva. Jesucristo, el Nuevo Adán y el verdadero padre espiritual de la humanidad quien de manera oportuna eligió ser el ayudante de la Nueva Eva y de la verdadera madre espiritual de la humanidad. Esta Nueva Eva tiene dos formas: La personal, de María y la colectiva, de la Iglesia. Pero María la precede, cuando la Iglesia se encontraba en forma de semilla, antes de Pentecostés. Ella recibió una gracia singular por su Inmaculada Concepción con el fin de tomar un único papel como Madre de Dios. Ella está al pie de la cruz, como la Iglesia pero también más que la Iglesia. Ella participa de manera personal en la redención de su hijo y en la fundación de la Iglesia. En Pentecostés, la mediación maternal de María se convierte en el corazón de la Iglesia, impregnando con un personaje mariano que abarca todo. María es la madre de la Iglesia y en ella la Iglesia es madre. Por ello podemos maravillosamente decir que, a través de la maternidad divina de María, la Iglesia da a luz a Cristo, sacramentalmente en la Eucaristía y espiritualmente en las almas.

El hombre moderno ha perdido esta hermosa visión de María y la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II (1962 – 1965). Allí se restauró la antigua relación, pero luego de ello vino un trágico cambio. Luego del Concilio, María fue disuelta dentro de la Iglesia y la mariología entró en una especie de invierno post conciliar. El sentimiento católico moderno hacia María cambió: ahora nos “libramos” de la vergüenza de nuestra extraña fijación medieval. Ahora ella finalmente fue “uno de nosotros” – se puede identificar, es auténtica, verdaderamente en la Iglesia. Pero el Papa Pablo VI, con una intuición profética, vio a través de su ilusión teológica y contrarrestó esta visión al declarar que “la Santísima Virgen María es la Madre de la Iglesia”. Si María es la madre de Cristo y la Iglesia es el cuerpo de Cristo, entonces María es la madre de la Iglesia. Él supo, como lo hicieron sus sucesores, que la defensa de la dignidad de María está íntimamente ligada a la preservación de la integridad de la fe.

Así el Papa Francisco declaró un nuevo memorial litúrgico. Con esto la Iglesia no solo está alentando la piedad mariana, sino que nos invita a ver más profundamente el carácter mariano de la maternidad de la Iglesia.

“El cumpleaños de la cabeza es el cumpleaños del cuerpo”, dijo hace 15 siglos el Papa San León Magno.  Y el nacimiento siempre requiere de una madre. Haremos bien en abandonar el minimalismo mariano, y pasar a la novedad de esta fiesta, celebrando con alegría y amor filial a María, Madre de la Iglesia.

 Traducido y adaptado al español por Carmen Elena Villa

 

Próximamente: El seminario de Denver tiene un riguroso proceso de selección y formación de sus sacerdotes

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Debido a los escándalos de abuso sexual ocurridos en Estados Unidos mucha gente se pregunta con qué criterio se admiten a los jóvenes en los seminarios. Por ello ofrecemos este artículo en el que explicamos cómo los seminarios de la Arquidiócesis de Denver evalúan a aquellos jóvenes que vienen con la inquietud sobre la vocación al sacerdocio.

La Arquidiócesis de Denver cuenta con dos seminarios: Saint John Vianney y Redemptoris Mater han liderado durante casi 30 años la investigación diligente de seminaristas y la formación de futuros sacerdotes sanos.

“Nuestra tarea consiste en formar hombres virtuosos con el corazón de Jesús, que mueran a ellos mismos, que estén dispuestos a servir donde estén llamados y que sirvan a los fieles confiados a su cuidado con caridad pastoral”, dijo el arzobispo Samuel Aquila. “El sacerdocio no se trata de uno mismo, sino de servir a Cristo y a la Iglesia, donando la propia vida como Cristo donó su vida por nosotros”, aseguró.

Por su parte el padre Daniel Leonard indicó que “la generación actual de seminaristas es la más estudiada”. Christina Lynch, quien ha trabajado durante 12 años como directora de servicios psicológicos del seminario, asegura que las pautas para examinar candidatos han evolucionado con el tiempo y siguen siendo cada vez más estrictas. “Lo que ocurrió en el pasado nos muestra que si tú no quieres ver algo no lo ves”, dice. “Esto ha cambiado en los seminarios”.

“Creo que la diferencia no es solo el espíritu de transparencia sino que funciona en ambos sentidos”, asegura. “Los hombres sienten que sus formadores están ahí para su mejor interés.

 

 

Selección

El proceso de selección en el seminario comienza en el momento en que los hombres están interesados en seguir el sacerdocio.

Para el St. John Vianney, los candidatos deben tener un encuentro primero con el director de vocaciones, el padre Ryan O´Neill, quien busca conocer la vida personal, espiritual y familiar de cada hombre durante un período de tiempo.

El siguiente paso consiste en llenar una aplicación que consta de aproximadamente 20 páginas, el certificado de no antecedentes penales, una autobiografía, cuatro cartas de referencia y, si se aplica, el certificado de inscripción a la universidad.

De otro lado, para aquellos interesados en ingresar al Redemptoris Mater deben someterse a un doble proceso de admisión que vienen del Camino Neocatecumenal y que “incluye la selección de candidatos en un proceso que consta de cuatro partes, entre ellos, una selección por parte de sacerdotes y laicos antes de que ellos sean recomendados por una admisión al seminario tanto a nivel local como regional y nacional”, dice el padre Tobias Rodriguez-Lasa, rector de este seminario.

“Si estos procesos de selección culminan de manera exitosa y si los candidatos se sienten preparados, ellos son invitados a participar en el retiro vocacional internacional en el que son analizados una cuarta vez”, dice.

Después los candidatos pasan por un el proceso estándar que tiene la Arquidiócesis.

Quienes aspiran ingresar a ambos seminarios deben pasar por un proceso psicológico integral donde se evalúa si tienen la capacidad para ingresar al seminario. La evaluación cubre una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo psico-sexual y la historia familiar. Los análisis también detectan si tiene algún tipo de adicción que el candidato pueda tener o si sufre de atracción al mismo sexo.

“Hacemos preguntas muy rigurosas en esta entrevista y luego elaboramos una serie de pruebas como personalidad y pruebas de proyección”, dice la doctora Lynch. “Es una entrevista extremadamente profunda”.

Finalmente el comité de admisiones (que incluye rectores y otros miembros del equipo del seminario) elabora una entrevista al candidato.

Los aspirantes pueden ser rechazados en cualquier momento del proceso de selección. De acuerdo con la doctora Lynch y el padre O’Neill, los problemas comunes que impiden que los hombres sean aceptados son adicciones, tendencias homosexuales profundamente arraigadas o trastornos de personalidad que pueden incluir la inhabilidad para controlar las inclinaciones sexuales poco saludables.

“La Iglesia católica es para todos”, dice el padre O’Neill, “pero el seminario no. El hecho de que un joven quiera ser sacerdote no quiere decir que necesariamente llegará a serlo”.

 

Dentro del seminario

La selección no termina cuando se entra al seminario. “Una vez ellos son admitidos, son evaluados constantemente por un equipo de formación, por supervisores de apostolado y por sus mismos compañeros”, dice el padre Leonard.

Una mayor parte de la vida del seminario es la formación la cual, en el St. John Vianney, tiene cuatro pilares: humano, intelectual, pastoral y espiritual. Además los seminaristas realizan  un año de espiritualidad dedicado a la oración y el discernimiento.

“Es un año en el cual los candidatos están verdaderamente desconectados del mundo para que puedan así sumergirse en las partes más profundas y misteriosas de su corazón”, dice el padre O´Neill.

“El año de oración enseña al candidato cuál es la prioridad en su vida cristiana”, agrega “y permite un honesto discernimiento en el celibato sacerdotal”.

La formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver dura alrededor de diez años, los cuales incluyen dos o tres años experiencia misionera. Durante este tiempo los seminaristas son monitoreados por los sacerdotes y laicos en diferentes situaciones fuera del seminario.

“El hecho de que sea un tiempo más largo y exista una variedad de lugares no institucionales la experiencia de los seminaristas le da al equipo de formación más y mejores oportunidades para identificar y actuar sobre cualquier potencial problema que puede aparecer en la evaluación psicológica inicial, durante la formación o los años de estudio o durante la experiencia misionera”, dice el padre Rodríguez-Lasa.

El doctor David Kovacs, psicólogo clínico del seminario St. John Vianney, dijo que el vivir en el seminario hace que sea difícil que permanezcan ocultas aquellas dificultades más profundas que pueda presentar el candidato.

Las evaluaciones son una gran herramienta para ver lo que sucede debajo de la superficie, aquello que la gente no puede ver”, dice el Dr. Kovacs. “Y una vez ellos ingresan ahí hay muchos ojos observando a ese muchacho”.

Los dos seminarios de Denver tienen como formadores a personas que los acompañan y que monitorean su comportamiento, así como evaluaciones rutinarias.

El equipo del St. John Vianney y del Redemptoris Mater continúa así esforzándose por alcanzar la transparencia, el análisis riguroso de los seminarios y, especialmente la excelencia para formar a los sacerdotes de la mejor manera posible – los que están comprometidos a servir al pueblo de Dios y llevarlos a un encuentro con Jesucristo.

 Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa