Más allá del debate político, la “caravana” son nuestros hermanos

Vladimir Mauricio-Perez

(Foto de Flickr)

La caravana de miles de migrantes que salió de San Pedro Sula, Honduras el pasado 12 de octubre rápidamente se ha convertido en un tema de debate político tanto en Estados Unidos como en Honduras, causando división y preocupación. Sin embargo, el hecho de que miles de personas estén dispuestas a atravesarse dos países caminando dejando sus hogares, atestigua una crisis humanitaria más profunda que no se puede ignorar.

Para interpretar los eventos presentes de migración desde nuestra fe católica, buscamos la guía del obispo auxiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez, e intentamos identificar los factores principales que llevaron al desplazamiento de miles de personas.

El bispo insistió en ver más allá del debate que normalmente se encuentra en los medios de comunicación.

“La ‘caravana’ para nosotros son nuestros hermanos en busca de un futuro. Y como nos pide el Evangelio, en lo que podamos, tenemos el deber de ayudarlos”, señaló el prelado, refiréndose a las palabras de Jesús: “Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros… Porque… era forastero y me acogisteis… Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’” (Mt 25, 31-46).

Tal perspectiva ayuda a todo cristiano a fijarse en la crisis humanitaria de este evento sin quedarse atrapado solo en la tensión política o económica que esté generando, afirmó el obispo Jorge.

Detrás de la multitud

Las razones por la emigración masiva que se originó en Honduras son variadas: desde pobreza y violencia hasta corrupción e inestabilidad política, aseguraron varias fuentes hondureñas.

Según Dynia Maradiaga, estudiante de Banca y Finanzas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en Tegucigalpa, detrás de la organización de la caravana de migrantes se encuentran motivos políticos por grupos de la resistencia contra el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández, quienes se habrían aprovechado de la pobreza y las necesidades del pueblo para protestar contra el presidente, tras su polémica reelección en diciembre del 2017, que muchos consideran inconstitucional.

La canciller de Honduras, María Dolores Agüero, también aseguró que la caravana se había hecho con fines políticos en un encuentro con medios de comunicación.

“Creo que la mayoría [de los migrantes de la caravana] no saben lo que significa. Muchas son personas de pueblo que no tienen la mejor educación y que son engañadas. Muchas personas creen que se las va a dar una visa”, dijo Dynia en diálogo con El Pueblo Católico. “Hay mucho pesar e indignación porque [estos políticos] están utilizando al pueblo”.

“Hay personas también apoyando a las caravanas, esperando que tal vez así el presidente haga algo. No hay empleo y no se hace nada para reducir la pobreza”, aseguró.

Por otra parte, la hermana María Elda Aguilar, quien pertenece a una institución religiosa dedicada a varias obras de caridad, educación y evangelización en Honduras, dice estar conmovida ante esta situación.

“Me he quedado asustada y sorprendida, no porque no sepamos la realidad, pero porque sí la sabemos”, dijo la hermana. “Los factores de extrema pobreza, desigualdad [económica], corrupción, falta de oportunidad y violencia son de los más grandes que llevan a esto…

“La pobreza genera violencia… Los jóvenes provienen de familias numerosas y tienen que ayudar a proveer. Y sin educación se meten al narcotráfico y ahí se convierten en asesinos o los matan. Son víctimas de la violencia. Por eso también muchas familias huyen y buscan refugio en otro lugar.”

La hermana María Elda cree que el gobierno debería invertir más en la educación de los jóvenes para así abrir oportunidades, reconocer su dignidad humana y poder elegir políticos que sean buenos administradores y vean más allá de sus propios intereses.

Además de acompañar a los migrantes con sus oraciones, la hermana ve que parte de su misión es orientar en los valores del Evangelio a toda la gente y a los jóvenes para que no se involucren en la violencia y puedan encontrar un futuro sin tener que emigrar.

El Pueblo Católico intentó contactar a varios cónsules de Honduras en los Estados Unidos y fue dirigido a la Secretaría de Relaciones Exteriores en Honduras, a la cual no logró contactar.

Más que política

El obispo Rodríguez rechazó una interpretación meramente política de la situación, pues mas allá de las reacciones, ya sea en Honduras o Estados Unidos, aquellos que han decidido emigrar siguen siendo personas que se encuentran en necesidad.

“Como cristianos seguimos las enseñanzas de Jesús y su mandamiento del amor. Esta caravana de hombres, mujeres y niños, que vemos en las noticias y oímos en la radio – independientemente de los muchos factores que pueden estar implicados en la organización y en la eventual manipulación política del hecho – son seres humanos huyendo de una tragedia de pobreza, violencia, inseguridad y falta de futuro”, afirmó el Obispo.

Y lamentó el hecho de que situaciones como estas se usen para fines políticos o económicos sin ver la realidad que las personas están experimentando.

“A veces da pena cómo una tragedia humana de este calibre, en vez de trabajar todos juntos por venir al encuentro, se use para manipulación política de partidos, para retórica sin corazón, para sensacionalismo de los medios de comunicación social, e incluso para explotación y tráfico de seres humanos”, expresó el prelado.

La Conferencia del Episcopado Mexicano llamó a escuchar y atender “los gritos del pobre”, de “nuestros hermanos de Honduras”, quienes “han emprendido una caravana en búsqueda de la supervivencia”.

Además, el Papa Francisco reflexionó en un encuentro con la Congregación de los Misioneros de San Carlos  en Roma sobre el aspecto de comunidad que los migrantes buscan y llamó a los cristianos a sentirse “migrantes ante el Señor”, pues en el camino hacia Él también existe “la necesidad de agruparse”.

Así mismo, la Conferencia Episcopal de Costa Rica expresó su cercanía con la caravana, alentando a todos a “sensibilizarnos y comprometernos frente a los flujos migratorios… causados por la pobreza, inseguridad y la persecución”.

Llegando a la frontera

Según la Doctrina Social de la Iglesia, para respetar la dignidad humana, las leyes de inmigración deben encontrar una armonía entre varios derechos, unos de ellos siendo el derecho que una persona tiene de inmigrar para poder proveer para él mismo y su familia o para buscar seguridad en caso de persecución, y el derecho de cada nación de controlar sus fronteras.

“La Iglesia enseña que los hombres tienen el derecho – no por concesión de un documento – sino por su dignidad humana, a inmigrar,” explicó el obispo Rodríguez. Y puntualizó la necesidad de una reforma de las leyes de inmigración de los Estados Unidos para que afrenten la realidad actual de manera humanitaria a la hora de controlar sus fronteras.

“El sistema inmigratorio de los Estados Unidos necesita una reforma completa en la que se armonicen el respeto de los derechos humanos, el deber de la nación que acoge de proteger el bien común de sus ciudadanos, y los procesos legítimos para obtener legalmente el documento necesario para emigrar a otro país y trabajar honradamente en él”, dijo el prelado.

“Sigamos luchando con todos los medios que la vida política y social nos ofrece para lograr una reforma inmigratoria integral”, concluyó el obispo Rodríguez. “Y acompañemos con la oración el Calvario de nuestros hermanos y hermanas en camino hacia nuestras fronteras”.

 

Próximamente: Arzobispo Aquila: Carta sobre la finalización del proceso de revisión independiente y el programa de reparación

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A los fieles de la Arquidiócesis de Denver:

En el verano del 2018, las revelaciones sobre el excardenal Theodore McCarrick y la publicación del informe del gran jurado de Pensilvania iniciaron otra observación extensa de la historia de abuso sexual de menores en la Iglesia Católica de Estados Unidos.

Sé lo desalentador que esto fue para muchos fieles católicos, porque había una sensación de que ya se había abordado este tema, y a pesar de no haber casos actuales, ¿por qué volvió a aparecer en las noticias?

La realidad es que, a pesar de que hemos pasado décadas tomando medidas para asegurarnos de que nuestros niños estén protegidos y que los sobrevivientes de abuso reciban cuidado, el proceso de sanación sigue y el trabajo continúa.

Hoy, al concluir un proceso de revisión y reparación independiente de casi dos años, quiero ofrecer mis pensamientos y reflexiones sobre lo que hemos aprendido y hacia dónde iremos de aquí en adelante.

Cuando entablamos conversaciones con la fiscal general Cynthia Coffman y luego con Phil Weiser sobre cómo juntos podríamos examinar a la Iglesia aquí en Colorado, sometí a nuestra arquidiócesis a un acuerdo estatal para lograr las siguientes tres metas:

  1. Ofrecer un relato transparente de la historia de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes en nuestras parroquias, incluyendo una revisión de cómo respondió la arquidiócesis.
  2. Brindar un medio seguro y simple para que los sobrevivientes se presenten y reciban apoyo en su sanación.
  3. Obtener una revisión y crítica exhaustivas de nuestras políticas de prevención y respuesta actuales para asegurarnos de que cumplan con los más altos estándares.

Creo que hemos logrado esos objetivos.

Transparencia

El informe complementario de hoy identificó a cinco sacerdotes diocesanos adicionales con una acusación fundamentada de abuso sexual hacia un menor. Estas acusaciones se recibieron como parte del programa de reparación independiente que invitaba a los sobrevivientes de abuso de cualquier época a presentarse y recibir una compensación de la Iglesia. Se le pidió al perito judicial Robert Troyer que revisara estas acusaciones y se le encargó redactar un informe complementario.

Los sacerdotes identificados hoy, con la fecha del primer abuso, son: P. Kenneth Funk (1959), P. David Kelleher (1962), P. James Moreno (1978), P. Gregory Smith (1971), P. Charles Woodrich (1976).

El informe complementario también identificó acusaciones adicionales contra ocho de los sacerdotes nombrados en el informe inicial para un total de 23 acusaciones fundamentadas recientemente en nuestra arquidiócesis. De ambos informes, nuestra arquidiócesis tuvo un total de 150 incidentes fundamentados cometidos por 27 sacerdotes diocesanos.

Sin embargo, cabe resaltar que las acusaciones fundamentadas adicionales van de acuerdo con el mismo patrón histórico del primer informe, específicamente, que más del 85 por ciento de los incidentes ocurrieron hace más de 40 años durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, y ninguno ocurrió en los últimos 20 años. Tampoco hay acusaciones fundamentadas contra ningún sacerdote actualmente activo en ministerio.

Sigue siendo cierto que casi la mitad de los incidentes totales fueron cometidos por un hombre, Harold White, y el 70 por ciento de los incidentes cometidos por cuatro exsacerdotes (White, Abercrombie, Holloway, Hewitt).

No ofrezco excusas por estos pecados del pasado o por la histórica falta de respuesta a las acusaciones contra Harold White y otros, pero el contexto de cuándo el abuso ocurrió es importante.

Si bien no podemos descartar por completo la posibilidad de que haya casos más recientes que no nos hayan sido informados, el incidente más reciente conocido en nuestra Arquidiócesis sigue siendo del año 1999. Aún través de una amplia cobertura de este proceso por parte de los medios, múltiples oportunidades para que los sobrevivientes se presentaran y el trabajo de investigadores independientes, no hemos descubierto ningún abuso fundamentado por parte de nuestros sacerdotes diocesanos en más de 20 años. Además, cualquier persona que participó en el programa de reparación primero tuvo que presentar su acusación a las autoridades policiales. Por lo tanto, tenemos la confianza de que no hay sacerdotes activos en ministerio con acusaciones fundamentadas en su contra.

Como he dicho muchas veces anteriormente, debemos permanecer vigilantes, pero este proceso extenso e independiente debería eliminar cualquier duda o sospecha injusta de nuestros sacerdotes actuales.

Justicia y sanación

Aunque no puedo hablar en nombre de todos los sobrevivientes de abuso, tengo la esperanza de que este proceso les haya ayudado en su proceso de sanación.

Sé que para muchas personas el tener que volver a recordar cualquier aspecto de su abuso fue profundamente doloroso, pero espero que la lista de nombres haya proporcionado una medida de reivindicación al reconocer públicamente los horribles males que fueron cometidos.

Además, espero que el programa independiente de reparación haya proporcionado recursos y compensación valiosos, con un proceso que fue diseñado para proteger la dignidad de los sobrevivientes de abuso al darles el control.

El programa fue completamente confidencial para aquellos que desearon mantenerse en privado, así como no conflictivo, sin deposiciones ni requisitos legales prolongados y realizado completamente de manera independiente de la Iglesia.

Me seguiré reuniendo con cualquier sobreviviente de abuso que lo desee, y aunque estos programas específicos han terminado, seguiremos ofreciendo apoyo a cualquier persona que se presente.

Protegiendo a los niños hoy

Finalmente, un aspecto crítico de este proceso consistió en asegurar que estamos haciendo todo lo posible para proteger a los niños bajo nuestro cuidado.

Comenzando con el arzobispo Stafford en los primeros años de la década de 1990, y continuando con el arzobispo Chaput y un servidor, hemos tomado muchos pasos en los últimos 30 años para asegurar que nuestras parroquias y escuelas sean un lugar seguro para los niños.

Hemos progresado considerablemente, como lo demuestra la disminución significativa de casos, a través de procesos de revisión mejorados, capacitaciones obligatorias sobre la responsabilidad de denuncia y prevención de abusos, y políticas de tolerancia cero en el código de conducta.

Sin embargo, recibir una revisión independiente y a fondo de nuestras políticas de ambiente seguro ha sido una experiencia invaluable.  Las recomendaciones proporcionadas por el perito judicial nos han permitido fortalecer y construir sobre décadas de trabajo, y asegurar que estamos usando las mejores prácticas y que estamos sujetos a los estándares más altos. Nuestros niños no merecen nada menos.

Seguir avanzando

La conclusión de este proceso no significa que nuestro trabajo haya concluido. Como católicos, debemos reafirmar nuestro compromiso a nunca caer en la complacencia, y como Iglesia, que seguiremos apoyando a cualquier sobreviviente que se presente.

Les sobrevivientes de abuso que se han presentado deben saber que sus voces han ayudado a asegurar que la arquidiócesis sea un lugar seguro. Nos hemos esforzado por que nuestras medidas de protección de niños formen parte del tejido de la arquidiócesis y continuaremos trabajando para ser un líder entre todas las organizaciones que sirven a los jóvenes.

Igualmente, agradecemos al fiscal general por alentar a otras organizaciones que sirven a los jóvenes a considerar la revisión y los procesos de reparación que hemos usado como un modelo para abordar asuntos similares. El abuso sexual es un problema presente en toda la sociedad, y estamos listos para compartir nuestra experiencia y asociarnos con cualquiera que busque mejorar sus propios esfuerzos en cuestión de la protección de niños y el apoyo a los sobrevivientes de abuso.

Que la atención dada a nuestro pasado sea una luz que guíe a otros adelante.

Sinceramente suyo en Cristo,

Arzobispo Samuel J. Aquila

Leer la declaración conjunta de los obispos de Colorado

Leer el informe complementario del perito judicial (inglés)

Leer el informe de reconciliación independiente y el programa de reparación de nuestro Comité de Supervisión Independiente (inglés)