“Más de lo que crees”, una conferencia para recordar y mirar al futuro

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“¡No tengáis miedo!”. La conferencia “Más de lo que crees”, realizada el pasado 11 de agosto en el Budweiser Events Center en Loveland, hizo eco del llamado de San Juan Pablo II hace 25 años cuando visitó a Denver durante la Jornada Mundial de la Juventud de 1993.

Más de 5 mil fieles de diferentes lugares de la Arquidiócesis estuvieron presentes en el evento católico más grande que se haya realizado desde 1993. La conferencia se efectuó de manera simultánea en inglés y español en la que varios oradores ofrecieron conferencias y testimonios relacionados con este evento que finalizó con una misa de envío bilingüe.

El nombre “Más de lo que crees” (More than you realize en inglés) y su logo, viene de la idea de que casi todo puede tener una apariencia superficial, pero si lo miramos desde otra óptica, podemos descubrir que esto es más de lo que creemos y más si se trata de la Iglesia católica.

Los párrocos seleccionaron a los feligreses que desearan asistir a la conferencia, cuyo tema central fue el discipulado.

También se presentaron algunos videos que conmemoraban y actualizaban el mensaje de San Juan Pablo II hace 25 años.

“Estuvieron muy buenas las charlas, el momento de la adoración y a Santa Misa, ¡qué momentos tan especiales!” escribió Luis Mando Vélez a la página de Facebook de El Pueblo Católico. “Comunidades en inglés y español, unidos en una misma fe. Temas que te podían transportar a esa JMJ ’93… esperemos que haya frutos y, especialmente, que haya más eventos en los cuales podamos estar unidos todos”, señaló Vélez.

Por su parte Brenda Garrett, feligrés de la catedral Basílica Immaculate Conception compartió: “Fue un evento estupendo, muy bendecido, mi párroco el padre Ron me seleccionó para venir y me siento muy orgullosa de hacer parte de este movimiento”.

 

La clave para la evangelización

El cardenal J. Francis Stafford, arzobispo emérito de Denver y quien fue el anfitrión de la JMJ Denver’ 93, ofreció unas palabras antes de la misa sobre el impacto de este evento y sobre los desafíos que hoy enfrenta la Iglesia.

“¿Qué nos enseña el verano del ’93 sobre nuestras circunstancias actuales en 2018?”, preguntó. “El Espíritu Santo nos dio una misión especial para nuestra Iglesia en 1993. El poder de este envío era inesperado tanto para mí como arzobispo como para la mayoría de las demás personas”, puntualizó.

Pero a pesar de la violencia urbana, las amenazas, boicoteos, las protestas organizadas y otros desafíos que se presentaron antes de la Jornada Mundial de la Juventud de 1993, “hubo un cambio fundamental en la Iglesia de Denver”, dijo el purpurado. “No solo aquí sino entre los jóvenes que vinieron de diferentes partes del mundo (e) incluso el Santo Padre”, recordó.

“Por encima de todo, nuestra Iglesia se vio transformada”, dijo el cardenal quien invitó a los allí presentes a evangelizar a aquellos que no conocen la Palabra de Dios, dijo que lo primero que necesitamos es “una profunda conciencia del deleite del Padre que toma a cada uno de nosotros como hombres y mujeres bautizados”.

“Te exhorto a pensar y orar profundamente para que te des cuenta de lo encantado que está Dios de ti, de cada uno de ustedes”.

 

Jesús es mucho “más de lo que crees”

Foto de Andrew Wright

El arzobispo Samuel J. Aquila ofreció su homilía en inglés y español en la cual habló de lo que la JMJ Denver’ 93 significa para nosotros hoy.

“Al mundo le gusta contarnos muchas cosas sobre nosotros mismos”, dijo, “y muchas de estas cosas hoy no son muy buenas o edificantes. Basta con mirar la imagen distorsionada de la belleza que prevalece hoy en día, o incluso, las distorsiones de lo que significa ser persona humana …”

“El diablo ciertamente ha venido a acampar en un mundo que ha abandonado a Dios, incluso dentro de algunos miembros de la Iglesia que tienen una fe débil”, dijo el Arzobispo.

Pero a pesar de que algunas cosas por el estilo ocurrían en 1993, “el Papa trajo a Denver un mensaje de esperanza”.

“Cuando San Juan Pablo II habló a los jóvenes reunidos en la vigilia de oración que se realizó el sábado en la noche en el parque Cherry Creek, les recordó a Dios y les dijo que ellos juegan un papel en la historia mucho más grande de lo que creen”, dijo el arzobispo Aquila.

“Este mensaje es igual de importante hoy, dentro de una arquidiócesis y una Iglesia que se encuentran en una encrucijada”, señaló el prelado.

“Tenemos la oportunidad de hacer un gran impacto para Jesucristo, incluso ahora que la cultura que nos rodea se está volviendo menos cristiana”.

“San Juan Pablo II creyó con anticipación que esta revolución tomaría lugar en Denver”, dijo el arzobispo. “Nosotros hoy, somos herederos de esta revolución espiritual, y no podemos tener miedo”.

“Jesús es mucho más de lo que crees. La Iglesia es mucho más de lo que crees. Y tu papel en el plan de Dios es mucho más de lo que crees y puedas imaginar”, dijo.

“Y te ruego como tu pastor hoy que abras tus corazones a Jesús y hables de corazón a corazón con aquel que más te ama”, concluyó el arzobispo Aquila.

 

 

Próximamente: ¿La Virgen María murió antes de ser asunta al cielo?

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La señora Licet García envió esa pregunta a la página web de El Pueblo Católico. Tú también puedes escribir tus dudas de fe a elpueblo@archden.org

En su constitución apostólica Munificentissimus Deus (“Benevolísimo Dios”), el Papa Pío XII definió en 1950 el dogma de la Asunción de Santa María al cielo.

En ese documento, el papa aseguró que “la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”.

Sin embargo, este dogma no especifica si Santa María murió y luego resucitó. Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; pero tampoco juzgó oportuno afirmar, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios.

Dentro de la Iglesia han existido dos tradiciones. Algunos teólogos han sostenido que la Virgen fue liberada de la muerte, tuvo solo una dormición y luego pasó a la gloria celeste. Otros sostienen que María sí murió, luego resucitó y después fue asunta al cielo. “Si Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario en lo que se refiere a su madre”, dijo San Juan Damasceno.

“Cristo, con su muerte venció el pecado y la muerte”, dice el papa Pío XII en la constitución Munificentissimus Deus. Lo cual demuestra que “Cristo ha sido regenerado sobrenaturalmente con el bautismo”. Por otro lado “Dios no quiere conceder a los justos el pleno efecto de esta victoria sobre la muerte sino hasta el fin de los tiempos”. Por ello los cuerpos de los justos se descomponen y solo el último día se reunirá cada uno con la propia alma gloriosa. Dios, sin embargo, eximió a la Virgen María de esta ley. “Ella por privilegio de todo singular ha vencido el pecado con su inmaculada concepción, pero no fue sujeta a la ley de reposar en la corrupción del sepulcro ni tuvo que esperar la rendición de su cuerpo hasta el fin del mundo”, dijo Pio XII.

Pero ¿qué es resucitar? No es volver de nuevo a esta vida terrenal. La muerte es la consecuencia del pecado. Alma y cuerpo se separan y el cuerpo cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado.

Todas las personas resucitarán: “No se admiren de esto, porque va a llegar la hora en que todos los muertos oirán su voz y saldrán de las tumbas. Los que hicieron el bien, resucitarán para tener vida; pero los que hicieron el mal, resucitarán para ser condenados”. (Jn 5, 28-29).  Cristo resucitó con su propio cuerpo (cuerpo glorificado): “Vean mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tóquenme y miren: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo.” (Lc 24,39). María, por privilegio especial como favor de Dios, en virtud de ser la Madre del Hijo de Dios y haber sido concebida sin pecado, al ser asunta al cielo goza de los beneficios de la resurrección y entra en el cielo ya con su cuerpo glorioso. Lo que obtendremos nosotros si algún día nosotros también alcanzamos la salvación.

Para los católicos la muerte es solo el paso de esta vida temporal a la continuación en la vida eterna. La mayoría de las personas tiene un concepto equivocado de lo que es la muerte y piensan que es el fin de todo, es la ausencia de vida y la ven como algo negativo, pero a lo que nosotros llamamos muerte es la transición de esta vida temporal que tenemos aquí en la tierra a la vida que es para siempre y, como dice el prefacio I para los difuntos del Misal Romano: “para los que creen en ti Señor la vida solo se transforma, no se acaba y disuelta nuestra morada terrenal se nos prepara una mansión eterna en el cielo”.

Los católicos creemos que al final de los tiempos resucitaremos todos. Creemos que del mismo modo que Cristo ha resucitado de entre los muertos, y vive para siempre, de la misma manera los justos vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día” (Jn 6, 39-40).

“¡Y Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos!” (Mc 12,27). Jesús une la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: “Jesús le dijo entonces: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (Jn 11,25).