“Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2:20)

Una reflexión para tiempo de Cuaresma

Obispo Jorge Rodríguez

(Foto tomada de la película La Pasión de Cristo)

Estamos iniciando una vez más el tiempo de Cuaresma. Veremos multitudes de una-vez-al-año llenando las iglesias para recibir la ceniza; oiremos hablar otra vez de la necesidad de la conversión, del ayuno, la oración y la limosna y la gente hará sus promesas de Cuaresma. En las parroquias se organizarán servicios penitenciales. Todas estas prácticas cristianas son muy laudables y producen grandes frutos de purificación y santificación para celebrar la Semana Santa y la Pascua.

Pero todo eso hay que vivirlo, no por el prurito de sentirme mejor, más fuerte, con más autocontrol sobre mis pasiones y gustos, sino como una respuesta de amor a Cristo que “me amó y se entregó a sí mismo por mi” (Gal 2:20). La Cuaresma es, sobre todo, un tiempo para recordar, agradecer y amar.

Ni un solo día de nuestra vida debería pasar sin pensar en Cristo crucificado, sin recordar al mártir del Gólgota que colgó en la cruz por mis pecados. La Cuaresma vuelve a poner de frente mis pecados y el crucifijo. No hay verdad más profunda que la de nuestra salvación por la muerte y resurrección del Señor. Cristo, nuestro salvador y nuestro redentor es el corazón de la Cuaresma, de la pasión y de la resurrección, así como de la vida eterna a la que estamos llamados. Por eso San Pablo dice: “La vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

El crucifijo que llevamos al cuello o que colgamos en nuestras casas quiere ser un recuerdo de esa verdad: “me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Santa Teresa de Ávila, grande maestra de vida espiritual decía: “De ver a Cristo, me quedó impresa su grandísima hermosura”. Ojalá que así, cada vez que veamos la imagen de Cristo crucificado, se quede más impresa en nuestra alma esa imagen, y resuene en nuestro corazón: “¡por amor a ti!”.

Cuando recibimos la ceniza en nuestra frente recordamos nuestra naturaleza pecadora y destinada a la muerte; cuando trabajamos en nuestra conversión, es porque deseamos alejarnos de nuestros pecados; cuando hacemos penitencia nos dolemos del mal que hicimos y buscamos repararlo; cuando practicamos el ayuno y la abstinencia demostramos nuestro deseo de dominar las pasiones que nos pueden llevar a pecar. Porque entendemos que el pecado es lo que provocó el tormento y la muerte de cruz de Jesús, de Nazaret. Y nos duele que todo esto lo haya tenido que vivir para salvarnos de nuestros pecados. Por eso la Cuaresma, con sus prácticas litúrgicas y devocionales tradicionales es un modo de vivir lo que San Pablo decía a los Gálatas: “La vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Aprende de memoria esta frase de la Escritura y repítela todos los días en tu corazón. De este modo no perderás el verdadero sentido de la Cuaresma. Y tu conversión será una verdadera transformación de amor.

Así lo expresaba santa Catalina de Siena cuando escribió en una de sus cartas: “¡Abraza a Jesús crucificado, alzando hacia Él la mirada! ¡Considera el ardiente amor por ti, que ha llevado a Jesús a derramar sangre de cada poro de su cuerpo! Abraza a Jesús crucificado… ¡Ardan tu corazón y tu alma por el fuego de amor obtenido de Jesús clavado en la cruz! Debes, entonces, transformarte en amor, mirando al amor de Dios, que tanto te ha amado” (De las “Lettere” (cartas) de Santa Caterina da Siena (1347-1380), carta n. 165).

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La fe católica de Kendrick Castillo descrita por su padre

El joven fue asesinado el pasado 7 de mayo

Aaron Lambert

Amaba el aire libre. Amaba la tecnología. Amaba a sus amigos. Simplemente, amaba.

Kendrick Castillo era un joven fiel, amable y bondadoso, cuya vida fue acortada trágicamente el 7 de mayo, cuando se lanzó contra el atacante que abrió fuego en STEM School Highlands Ranch, dando su vida para proteger a sus amigos. Tenía 18 años y estaba a tres días de graduarse de high school.

El joven estudió en Notre Dame Catholic School, donde su padre, John, asegura que su hijo se había integrado muy bien. Unos días después de su funeral, John contó al El Pueblo Católico que mientras él y su esposa reflexionaban sobre la vida de su hijo y repasaban sus tareas escolares, encontraron una tarea de varios años atrás que les pedía a los estudiantes elegir a un santo. Kendrick eligió a san Juan Bosco.

“Empecé a leer más y a familiarizarme con san Juan Bosco, y me pareció muy significativo que Kendrick lo hubiera elegido porque esa fue la manera en que él vivió su vida”, dijo John. “Modeló su vida según la vida de los santos”.

Tras graduarse de Notre Dame, Kendrick ingresó a STEM School Highlands Ranch. John recuerda estar un poco preocupado por la transición de su hijo de una escuela católica a una no católica. Sin embargo, Kendrick permaneció fiel a quién era y a lo que aprendió en Notre Dame.

“Se esforzó por buscar a personas en su escuela que compartían su fe”, aseguró John sobre el tiempo que su hijo pasó en STEM. “Pero incluso era amigo de aquellos que no practicaban ninguna religión y se juntaba con ellos”.

“Creo que vivía su fe y estoy muy orgulloso de eso”.

Además de siempre bendecir sus alimentos y ser el primero en ofrecerse para ser monaguillo en misas de funerales, Kendrick servía con alegría con los Caballeros de Colón de Notre Dame junto con su padre. Le gustaba, sobre todo, ayudar con los desayunos de pancakes que servían.

Era hijo único y muy cercano a sus padres. “Era más una amistad que una típica relación entre padre e hijo. Teníamos una relación especial”, dijo el padre de Kendrick.

John cree que esa relación de Kendrick con él y con su madre, María, es la razón por la que el joven amaba a otros como lo hacía – y la razón por la cual no dudó en dar su vida por salvar a sus compañeros durante el tiroteo.

“Cuando uno es tan afortunado de tener una relación como la que nosotros tres teníamos, no se da cuenta de que está haciendo las cosas bien”, continuó el padre. “No es que uno haya planeado criar a un hijo de una cierta manera. Si hay amor en la familia, esto es lo que uno hace (…) Él nunca vacilaba a la hora de hacer el bien”.

Cuando se publicó la noticia sobre el acto de Kendrick, muchos noticieros usaron la palabra “héroe” para describirlo. Y aunque John se siente muy orgulloso del acto heroico de su hijo, dijo que su orgullo más grande era la manera en la que su hijo había vivido su vida.

“Creo que Dios lo usó para lo que lo necesitaba. Fue un instrumento, un seguidor fiel… salvó a sus amigos. El hecho de que hizo lo que estaba en su corazón por sus amigos es para mí más poderoso que la palabra ‘héroe’. Esto representa quién era verdaderamente”.

El dolor que John y María tienen que soportar nunca desaparecerá. “Es algo muy difícil”, confesó John con lágrimas. “Kendrick es la persona más devota y santa que he conocido en mi vida. Tenía un bello espíritu. Era mi fortaleza”.

A pesar del dolor, John y María encuentran descanso en la confianza de que Kendrick está disfrutando de la vida eterna en el cielo y de que ahí se reunirán de nuevo con él.

“En verdad creo que Kendrick nos fue prestado a mí y a mi esposa”, concluyó John. “Creo que ahora está con su verdadero Padre”.

Traducido del inglés y adaptado por Vladimir Maurcio-Pérez.