Mensaje del arzobispo sobre los cambios debido al coronavirus

 

 

Este viernes, el arzobispo de la Arquidiócesis de Denver, Samuel J. Aquila, se dirigió a los fieles en respuesta a la cancelación de la santa misa durante las próximas semanas, debido a la propagación del coronavirus (COVID-19) en el estado.

El arzobispo aprovechó esta oportunidad para explicarles a las personas la decisión de las diócesis y las medidas que se están tomando por prudencia y caridad a la comunidad al ayudar a frenar la propagación del virus.

 “Esta es una decisión muy difícil, pero es algo que estamos haciendo por el bien común y la salud de todos. Sabemos lo vulnerable que son nuestros ancianos y lo rápido que esta enfermedad se puede ser transmitir. Estamos practicando las virtudes de la prudencia y la caridad al poner el bien de nuestro prójimo primero y no asistir a reuniones públicas”, indicó el arzobispo.

El arzobispo destacó que en los países donde se ha respondido rápidamente al virus y se han limitado las reuniones públicas, están lidiando de una mejor manera contra el virus y han obtenido mejores resultados. De la misma manera, dijo que continuará siguiendo las instrucciones de los expertos de salud y líderes estatales para mantener a la comunidad segura.

También recalcó la importancia de no caer en pánico y seguir los procedimientos de prevención recomendadas por autoridades de salud para frenar este virus lo antes posible.

“Las parroquias se mantendrán abiertas para las personas que quieran ir a orar, los sacerdotes seguirán ungiendo a los enfermos y continuaran realizando confesiones”, informó.

Asimismo, pidió que aprovechemos este momento para practicar el amor al prójimo, tomando las precauciones necesarias y evitar dañar a los demás.

El arzobispo pidió las oraciones de todos y señaló que se estarán enviando tarjetas con oraciones para estos momentos de dificultad, de la misma manera que también pueden rezar con la oración que el papa Francisco ha compartido.  

 “Es muy importante que confiemos en Dios durante este tiempo. Les pido que abran sus corazones y sigan orando por la Iglesia, uno por el otro, por todos aquellos que están sufriendo las consecuencias de este virus, y especialmente por nuestros profesionales de atención medica que están al frente luchando contra esta enfermedad. Muchas gracias por su cooperación y comprensión. Que Dios los bendiga y los mantendré en mis oraciones”. Concluyó.

Las personas pueden orar desde sus casas o en las parroquias en el tiempo más oportuno. También hay opciones para los que deseen presenciar la santa misa por internet o por televisión.

Puede ver la misa por televisión por el internet:

  • Misa en español por el canal 12 – Domingos a las 7 a.m.

Comunicado de la Arquidiócesis de Denver sobre la cancelación de misas públicas

Próximamente: La sabiduría de San Benito en nuestros tiempos

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Por el arzobispo Samuel J. Aquila.

“Levantémonos, pues, de una vez; que la Escritura nos exhorta”, nos insta la Regla de San Benito. “Abramos nuestros ojos a la luz… y nuestros oídos a la voz del cielo que todos los días nos llama… ‘Si escuchas hoy su voz, no endurezcas tu corazón’” (Sal 95,8). El 11 de julio, la Iglesia conmemora a San Benito, y sus palabras de hace 1,500 años parecen perfectamente adecuadas para los tiempos desafiantes y cambiantes de hoy.

La Regla de San Benito se escribió alrededor del 530, una época en que el Imperio Romano se había derrumbado y la existencia del cristianismo en Europa estaba amenazada. Dada nuestra situación cultural actual y sus paralelos con su tiempo, creo que podemos encontrar fruto en las enseñanzas de San Benito.

San Benito creció rodeado de una cultura moralmente corrupta, pero con la gracia de Dios vivió una vida virtuosa. Después de pasar un tiempo estudiando en Roma, huyó de su decadencia moral para buscar una vida más solitaria. San Benito vivió la vida de ermitaño durante varios años antes de que finalmente fundara varios monasterios, que se convirtieron en centros de oración, trabajo manual y aprendizaje.

San Benito comienza su regla instando a los monjes a “escuchar atentamente las instrucciones del maestro y atenderlas con el oído de su corazón” (Regla, Prólogo 1). Para nosotros, esto significa establecer un tiempo diario para escuchar al Señor, tanto en la lectura de las Escrituras como en la oración conversacional y la meditación.

Nuestra base segura durante estos tiempos difíciles debería ser la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, no los mensajes en constante cambio que nos bombardean en las noticias o en las redes sociales. Para algunos, cada tendencia en línea se ha convertido en una forma de evangelio que debe cumplirse con convicción religiosa. Pero la fe que nos transmitieron los Apóstoles es el único Evangelio verdadero y el único que puede salvar almas. Aunque los tiempos y la tecnología eran diferentes, San Benito entendió la importancia de escuchar “las instrucciones del maestro”.

En su libro El misterio del bautismo de Jesús  el predicador de la familia papal, el padre Raniero Cantalamessa, aborda la necesidad de que los sacerdotes se armen para la batalla “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad actual” (cf. Jn 10: 12) En el centro de su reflexión está la idea de que “Jesús se liberó de Satanás mediante un acto de obediencia total a la voluntad del Padre, de una vez por todas entregándole su libre albedrío, para que realmente pudiera decir: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.’ (Jn. 4,34)”.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Pongo primero la voluntad del Padre en mi vida, en cada decisión que tomo y en todo lo que digo y hago? Si colocamos la voluntad del Padre en el centro de nuestras vidas y realmente lo escuchamos con “los oídos de nuestro corazón” como enseñó San Benito, estaremos preparados para lo que suceda y siempre daremos testimonio del amor de Dios y de los demás. Vivimos en un mundo que ha eliminado a Dios de su cultura. La historia, tanto la historia de la salvación como la historia mundial, muestra claramente lo que sucede cuando esto ocurre. Cuando Dios es eliminado, algo más se convierte en “dios”. Las sociedades descienden y eventualmente caen y desaparecen a menos que regresen al Dios verdadero y se conviertan en culturas que promuevan una vida de santidad y virtud.

Hay por menos una lección más de la regla de San Benito que es aplicable en estos tiempos de desunión y división social. Los monjes y hermanas de la familia espiritual benedictina son conocidos por su hospitalidad. La Regla enseña esta virtud de esta manera: “A todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo, porque él dirá: ‘era forastero y me acogieron’ (Mt 25,35). Hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6:10) y a los peregrinos” (Regla, # 53).

Pidamos en nuestra oración poder ver a otros como Cristo mismo que viene a nosotros, incluso si están vestidos con lo que Santa Madre Teresa llamó “el disfraz angustiante de los pobres”. Si buscamos continuamente la voluntad del Padre y pedimos en oración por la configuración de nuestro corazón al suyo y nuestra voluntad a la suya, entonces podremos resistir cualquier desafío.