MITOS Y VERDADES: Los católicos hablan con los muertos

Equipo de El Pueblo Católico

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MITO

Los católicos contradicen la Biblia porque se comunican con los muertos al rezarle a los santos, y eso está prohibido, como dice Deut 18, 10-11: “No ha de haber en medio de ti nadie que… practique la adivinación, la astrología, la hechicería o la magia… ni evocador de muertos”.

VERDAD

Los católicos no rezan a los muertos, solo piden la intercesión de aquellos que están en el cielo, que es lugar de vivos, pues Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 27). Aunque han muerto físicamente, siguen vivos y ofrecen nuestras oraciones a Dios como incienso:

“los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos” (Ap 5,8).

A los primeros cristianos en la tierra también se les llamaba “santos” por haber sido bautizados en Cristo.

Sin embargo, vemos que los santos en el cielo (los Ancianos) ofrecen como perfume a Dios las oraciones de los “santos” en la tierra.

Esto no es lo mismo que conjurar espíritus, pues se conjuraban espíritus para obtener información en vez de escuchar a los profetas. Los católicos simplemente piden la oración de los que ya están con Dios, como se pide la oración de otro hermano.

Aunque lo que la Iglesia Católica enseña no es idolatría, los católicos no deben perder esto de vista: que la misión de los santos en el cielo es la de ayudarnos a llegar al cielo, a unirnos a Jesús. No son magos ni tienen poderes por su propia cuenta.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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