Navegando por aguas desconocidas

Arzobispo Samuel J. Aquila

Sentir que uno va por aguas desconocidas es algo que todos hemos experimentados en estos días. Ciertamente me sentí así cuando consulté con los obispos Berg y Sheridan (de Pueblo y Colorado Springs) el pasado mes de marzo y decidimos de manera conjunta suspender las misas públicas.

En los meses que han seguido, hemos trabajado gradualmente para volver a abrir nuestras parroquias y recibir a más personas en misa. En este tiempo he orado sobre cómo equilibrar la protección de todas las personas que Dios me ha encomendado y a la vez honrar el derecho de cada persona de recibir los sacramentos.

También he estado pensando sobre la necesidad que cada uno de nosotros tiene de una comunidad. Somos seres sociales que hemos sido creados para estar en comunidad unos con otros y, en última estancia, con la Santísima Trinidad y la comunión de los santos en el cielo. Sé que estos meses y semanas de precauciones para proteger la salud de nuestra comunidad han sido difíciles para todos, y aprecio grandemente todos los sacrificios que se han hecho y se seguirán haciendo.

Estoy feliz de anunciar que las parroquias en la Arquidiócesis de Denver ahora están siendo alentadas a aumentar el número de personas que pueden asistir a misa, según sus restricciones locales. La dispensación de la obligación de asistir a misa cada domingo seguirá en efecto por ahora. Dicho esto, esta no es una dispensación de observar el Día del Señor. Eventualmente, cuando se restablezca la obligación, no se espera que aquellos que estén en peligro o que puedan estar infectados asistan a misa. Se darán más indicaciones antes de que esto suceda.

Todos necesitamos los dones de la fe, esperanza y caridad para estos tiempos difíciles. Se me viene a la mente la historia de Jesús caminando por las aguas hacia sus discípulos mientras estos son sacudidos por el mar. Él llegó a la cuarta vigilia de la noche, que era entre las 3 y las 6 a.m. Mientras los discípulos gritaban asustados, él les dijo: “¡Ánimo!, que soy yo; no teman”. Y cuando san Pedro intentó caminar sobre las aguas y se empezó a hundir, gritó: “¡Señor, sálvame!”. Jesús respondió, sosteniéndolo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (Cf. Mt 14,22-23).

Pidamos cada uno al Señor por el don de la fe en su poder salvífico, por esperanza en su bondad y amor por nosotros, y por un corazón que ame como él. Espero que encuentren inspiración y ánimo para continuar su camino con Jesús y su Iglesia durante este tiempo particular en la historia. ¡Que Dios los bendiga!

Próximamente: Oración para la cuaresma

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “¿Por qué estoy aquí?”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

En esta cuaresma, mientras meditamos sobre el hecho de que Dios nos creó por amor y sobre las tácticas que el Enemigo usa para alejarnos de él, te invitamos a tomar unos minutos de silencio para meditar en estos puntos que te pueden ayudar en tu camino hacia Dios.

 

  • No nací por casualidad. Alguien quiso que yo llegara al mundo, alguien me creó pensando en mí de manera única. Ese “alguien” es Dios, y me trajo al mundo con un solo motivo: por amor, para compartir su felicidad, su plenitud, su amor conmigo. ¿Qué te dice esto sobre el sentido de la vida? ¿Por qué estás aquí? ¿Qué me dice esto sobre la mejor manera de vivir mi vida?
  • Pude haber nacido hace 500 años. Sin embargo, nací en este tiempo. Fui creado para este momento de la historia por un Dios que es bueno y desea mi bien. ¿Sobre qué cosas estoy ansioso o preocupado en este momento de mi vida? ¿Confío en Dios, que es amoroso, que me creó para esto, o dejo que esas preocupaciones me hundan? ¿Ha cambiado en algo la imagen que tenía de Dios?
  • ¿Creo que Satanás es un ser verdadero que busca hundir al ser humano y alejarlo de Dios y de su plan? ¿Ha cambiado algo de lo que se dijo en la última edición de “El Pueblo Católico” la imagen que tenía de Satanás?
  • ¿Qué mentiras o acusaciones me ha hecho creer el demonio sobre mí mismo: “no eres lo suficientemente inteligente, no merezco ser amado, nadie me quiere…”? Pídele a Cristo que saque esas mentiras a la luz, y dáselas para que te sane. Pídele que te ayude a rechazarlas cuando vuelvan.
  • ¿Qué cosas o hábitos me alejan de la visión de Dios para mi vida? ¿Qué puedo hacer para recordar su plan para mí cada día: leer la Biblia por al menos 5 minutos al día, dedicar unos minutos de oración todas las mañanas antes de ir a trabajar o en mi camino al trabajo, etc.? Pídele a Dios que te muestre qué cosas te están impidiendo recibir su paz, alegría y plenitud, y que te dé la gracia para dejarlas.

 

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