Niños especiales recibieron la Primera Comunión

Mavi Barraza

El que un niño sea diagnosticado con una condición especial, no es impedimento para que reciba su primera comunión. Ése es el pensamiento que llevó a Yolanda Serna a organizar la celebración de la primera comunión colectiva para niños con discapacidades, que se realiza año a año, en la Iglesia St. Cajetan, en Denver.

Desde el 2005, año en que comenzó esta iniciativa, han sido más de 130 niños especiales los que han recibido el Sacramento de la Eucaristía.

Esta celebración comenzó cuando varios padres de familia -incluyendo a Yolanda- tomaron la determinación de hablar con el padre Tomas Fraile, párroco de la iglesia St. Cajetan, para solicitarle que brindara el sacramento a los chicos, como una manera de dar gracias a Dios por las batallas libradas por estos pequeños.

Los niños y jovencitos que reciben la primera comunión, presentan condiciones delicadas de discapacidad, y por ello reciben una preparación sencilla, adecuada a su condición, y deben tener más de siete años, además de haber recibido el Sacramento del Bautismo.

El miércoles 23 de octubre, 5 niños vivieron el gran día, ante la compañía y gozo de sus familiares, y recibieron la primera comunión en la parroquia St. Cajetan.

La familia Hernández comentó que Joana, jovencita de 13 años quien padece de síndrome de Down, se preparaba para recibir la comunión, cada vez que veía a sus padres y familiares recibirla los domingos en misa. Y finalmente ella pudo recibir el Cuerpo de Cristo.

Por su parte, Yadira Aguilar, una pequeña de nueve años, quien sufre de problemas de memoria, recibió su primera comunión al lado de sus padres Andrés y Mónica Aguilar. Para ellos fue muy importante que su hija reafirme su fe a través de la recepción del Sacramento.

“Hay familias que vienen a misa y traen a sus niños especiales. Al recibir los padres la comunión, los niños también quieren recibirla. No podemos hacerlos a un lado y no debemos discriminarlos por su condición”, dijo al respecto Yolanda Serna, coordinadora de la celebración.

Jaime Espinoza y Ricardo Rivera, de 8 y 9 años respectivamente -ambos diagnosticados con autismo- también recibieron la Eucaristía. Sus padres expresaron profunda alegría porque sus hijos recibieron el sacramento, y desean que ambos niños participen más y estén más activos en la fe.

“Deseo que mi hija reciba el cuerpo de Cristo”, dijo María Sánchez antes de la celebración Eucarística. Ella es madre de Luz Yarely Huerta, quien tiene 12 años de edad y padece de microcefalia.

Las familias de todos estos pequeños sienten una bendición muy especial; hay varios sentimientos afines, sobre todo, la gratitud a Dios por la vida de sus hijos, por este momento y por poder brindarles la oportunidad de participar más en la fe Católica… en su fe.

 

Próximamente: 5 santos latinoamericanos que quizás no conocías

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Durante los últimos cinco siglos, el continente americano, ha contado con grandes santos. San Juan Diego, Santa Rosa de Lima o San Martin de Porres, son solo algunos de los santos que gozan de una gran devoción popular por parte de la comunidad latinoamericana.

No obstante, este septiembre, Mes de la Herencia Hispana, nos invita a reflexionar más a fondo sobre la vida de los santos menos conocidos que han impactado profundamente diferentes países latinoamericanos a través de su fe y trabajo, y cuyo ejemplo tiene el poder de impactar a personas en cualquier parte del mundo.  Te presentamos algunos santos que quizás no conocías.

 

Santo Toribio de Mogrovejo
1538-1606
Perú

Nacido en Valladolid, España, Toribio era un joven piadoso y un destacado estudiante de derecho.  Como profesor, su gran reputación llegó hasta los oídos del rey Felipe II, quien finalmente lo nominó para la Arquidiócesis vacante de Lima, Perú, a pesar de que Toribio ni siquiera era un sacerdote.  El Papa aceptó la solicitud del rey a pesar de las protestas del futuro santo. Antes del anuncio oficial, fue ordenado sacerdote, y unos meses después, obispo.  Pasó por su arquidiócesis evangelizando a los nativos y se dice que bautizó a casi medio millón de personas, incluyendo a Santa Rosa de Lima y San Martin de Porres.  Aprendió los dialectos locales, produjo un catecismo trilingüe, luchó por los derechos de los nativos e hizo de la evangelización un tema principal de su episcopado.  Además, trabajó devotamente para una reforma arquidiocesana después de darse cuenta de que los sacerdotes diocesanos estaban involucrados en impurezas y escándalos.  Santo Toribio de Mogrovejo predijo la fecha y hora de su muerte, y sus retos están enterrados en la catedral de Lima, Perú.

 

Santa Mariana de Jesús Paredes
1618-1645
Ecuador

Mariana nació en Quito, y no solo se convirtió en la primera santa de ese país, sino que también fue declarada heroína nacional por la Republica del Ecuador.  Cuando era niña, Mariana mostró un profundo amor por Dios y se sometía a largas horas de oración y sacrificio.  Intentó integrarse a una orden religiosa en dos ocasiones, pero varias circunstancias no lo permitieron.  Esto llevó a Mariana a darse cuenta de que Dios la estaba llamando a la santidad en el mundo.  Construyó una habitación al lado de la casa de su hermana y se dedicó a la oración y a la penitencia, viviendo milagrosamente solo de la Eucaristía.  Era conocida por poseer los dones de consejo y profecía.  En 1645, los terremotos y las epidemias estallaron en Quito, por lo que ella ofreció su vida y sufrimientos para ponerles fin.  Terminaron luego de que ella hizo su ofrenda.  El día de su muerte, se dice que un lirio brotó de la sangre que se extrajo y se vertió en una maceta, lo que le dio el nombre de La “Azucena de Quito”.

 

 

Santa Teresa de Los Andes
1900-1920
Chile

Santa Teresa de Jesús de los Andes fue la primera santa de Chile y la primera carmelita descalza en ser canonizada fuera de Europa. Nacida como Juana, cuando era niña la futura santa era conocida por su fuerte temperamento. Era orgullosa, egoísta y terca. A los seis años se sintió profundamente atraída por Dios, y su extraordinaria inteligencia le permitió comprender la seriedad de recibir la Primera Comunión. Juana cambió su vida y se convirtió en una persona completamente diferente a los 10 años, practicando el sacrificio y la oración profunda. A los 14 años, decidió convertirse en Carmelita Descalza y recibió el nombre de Teresa de Jesús. Profundamente enamorada de Cristo, la joven y humilde religiosa le dijo a su confesor que Jesús le dijo que moriría pronto, algo que aceptó con alegría y fe. Poco después, Teresa contrajo tifus y murió a la edad de 19 años. Aunque le faltaban 6 meses para terminar su noviciado, pudo profesar votos “en peligro de muerte”.  Alrededor de 100,000 peregrinos visitan su santuario en los Andes anualmente.

 

Santa Laura Montoya
1874-1949
Colombia

Luego de que su padre muriera en la guerra cuando ella era solo una niña, Laura se vio obligada a vivir con diferentes miembros de la familia en la pobreza. Esta realidad le impidió recibir educación formal durante su infancia. Lo que nadie esperaba es que un día se convirtiera en la primera santa de Colombia. Su tía la inscribió en una escuela a la edad de 16 años, para que se convirtiera en maestra y se ganara la vida en ese oficio. Ella aprendió rápidamente y se convirtió en una gran escritora, educadora y líder. Era una mujer piadosa y deseaba dedicarse a la evangelización de los nativos. Mientras se preparaba para pedirle ayuda al Papa Pío X, recibió la nueva Encíclica Lacrymabili Statu del Papa, sobre la condición deplorable de los indios. Laura lo vio como una confirmación de Dios y fundó los Misioneros del Inmaculado Corazón y Santa Catalina de Siena, trabajando para la evangelización de los nativos y luchando en su nombre para que fueran vistos como hijos de Dios.

 

San Manuel Morales
1898-1926
México

Manuel fue un laico y uno de los muchos mártires de la Guerra Cristera de México en la década de 1920. Se unió al seminario cuando era adolescente, pero tuvo que abandonar este sueño para poder mantener económicamente a su familia. Se convirtió en panadero, se casó y tuvo tres hijos. Sin embargo, este cambio no le impidió dar testimonio de la fe públicamente. Se convirtió en presidente de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, que estaba siendo amenazada por la administración del presidente Plutarco Elías Calles. Morales y otros dos líderes de la organización fueron tomados prisioneros mientras discutían cómo liberar a un amigo sacerdote del encarcelamiento por medios legales. Fueron golpeados, torturados y luego asesinados por no renunciar a su fe. Antes del ser fusilado, el sacerdote rogó a los soldados que perdonaran a Morales porque tenía una familia. Morales respondió: “Me muero por Dios, y Dios cuidará de mis hijos”. Sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!”