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miércoles, diciembre 7, 2022
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“¡No digan que son demasiado jóvenes!”

Durante la ordenación diaconal que se realizó el pasado 10 de febrero en la catedral basílica Immaculate Conception de Denver, el arzobispo Samuel Aquila le dijo a los cuatro candidatos que no se sintieran demasiado jóvenes para atender al llamado de Dios.

Los nuevos diáconos son Julio Cesar Amezcua, Witold Kaczmarazyk, Adam Baradshaw y Mateusz Ratajczak.

El prelado se refirió a la primera lectura, tomada del libro del profeta Jeremías cuando el Señor le dijo: «Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí; antes que salieras del seno te consagré; como profeta de las gentes te constituí», a lo que Jeremías le respondió: «»¡Ah, Señor Dios, mira que yo no sé hablar; soy joven!”.

“Nunca tengan miedo de hablar de Dios, nunca tengan miedo de hablar de la verdad, siempre con caridad y amor”, les exhortó el Arzobispo.

“Ustedes, mis amados hijos, como diáconos ordenados les será confiada la proclamación de la Palabra de Dios, del Evangelio, la prédica y la enseñanza”, les señaló más adelante.

Después les dijo que en esta etapa del diaconado: “sea que estén presidiendo una boda, bautizando o celebrando alguno de los ritos de la Iglesia ustedes están llamados a proclamar constantemente a Jesucristo, a proclamar su palabra y no la de ustedes”.

Con respecto al Evangelio, tomado de San Juan en el que Jesús les dijo: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto», el Arzobispo señaló que esta muerte significa que Él (Jesús) “cumplirá también sus promesas y nos dará la alegría del Evangelio aún en el sufrimiento para que podamos experimentar que esta alegría está siempre ahí y que nadie nos la puede quitar”.

Luego, monseñor Samuel Aquila les recordó la promesa de celibato que harían minutos después: “donándose ustedes completamente, primero a la Trinidad, al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo, buscándolo y siguiéndolo en los pasos de Jesús y en los pasos de los apóstoles que dejaron todo, incluso su matrimonio para seguir a Jesús”.

Y les advirtió: “El celibato no es fácil como el matrimonio no es fácil. Pregúntele a las parejas de casados y ellos les dirán”. Y continuó diciéndoles que este consejo evangélico es un don de la Iglesia, y que siendo fieles a este podrían tener un corazón indiviso y libre para el servicio pastoral. Les indicó así que para sostener esta promesa, “Jesús siempre viene primero” y les aconsejó: “oren por la gracia de la castidad, no dependan de ustedes mismos sino que dependan del Señor y el su espíritu. Confíen en que Él les dará la gracia. Es la la Eucaristía la que nos sostiene”.

Al final de la misa el Arzobispo agradeció a todos los participantes que fueron testigos de esta ordenación. A los padres que les dieron la vida y el don de la fe católica a los nuevos diáconos, a los rectores del seminario por su trabajo en la formación y también a ellos cuatro por decir sí al Señor y a su llamado y por abrir sus corazones al Señor como signo del poder del amor a Jesucristo.

Los cuatro nuevos diáconos caminan así hacia su ordenación sacerdotal. Durante su tiempo de diaconado su función consiste en asistir al arzobispo y al Obispo auxiliar de Denver así como a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios como son la Eucaristía y la distribución de la misma. También pueden administrar el sacramento del bautismo, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad.

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