Nuevos católicos reciben sus sacramentos por primera vez a pesar de la pandemia

Aaron Lambert

Cuando una persona es recibida en la Iglesia Católica, evoca imágenes del hijo pródigo corriendo hacia los brazos de su padre después de estar tanto tiempo fuera.

Por lo general, los nuevos católicos son recibidos en la Iglesia en el día más importante del año litúrgico y, por tanto, una de las liturgias más bellas: la Vigilia Pascual. Sin embargo, debido a la pandemia de COVID-19 la misa de la Vigilia Pascual de este año, cuando nuevos fieles son bautizados, confirmados y reciben la Primera Comunión, fue pospuesta hasta Pentecostés, o en algunos casos incluso más tarde.

Aun así, para los nuevos miembros de la Arquidiócesis de Denver de la Iglesia Católica, el día en que fueron recibidos en la Iglesia no hizo ninguna diferencia. Después de todo, ahora son parte de la familia.

Jen Lempges creció en Oklahoma en una familia donde su padre y su abuela siempre le inculcaron la fe católica. Sin embargo, su madre era bautista, y sus padres decidieron que la criarían en la iglesia metodista.

“Ninguno de los dos quería que yo creciera en la otra religión porque no estaban dispuestos a convertirse”, dijo Jen a El Pueblo Católico “Así que juntos decidieron que me criarían metodista”.

Lempges fue bautizada y creció yendo a la iglesia todos los domingos. Fue a campamentos de verano cristianos y asistió al grupo de jóvenes. Sin embargo, una vez que llegó a la universidad, se desconectó de la iglesia.

“Creo que, como muchos niños, vas a la universidad y simplemente pierdes la fe”, dijo. “Estás a punto de descubrir cosas nuevas, y simplemente cae en segundo plano”.

Después de graduarse de la universidad, Lempges se mudó a Colorado, donde ha residido durante los últimos seis años. Al mudarse aquí, ella permaneció distante de la Iglesia. Sin embargo, todo eso cambió cuando su abuela falleció hace unos años.

“Un par de años después de que me mudé aquí, mi abuela falleció”, dijo Lempges. “En ese momento, comencé a salir con un chico católico llamado Jake que ahora es mi prometido. Después de ir al funeral de mi abuela y de tener esa experiencia, – y claro que él fue al funeral conmigo – tuve este momento de realmente sentirme atraída por volver a la iglesia. Ciertamente sentía que faltaba algo en mi vida.

Creo que siempre supe en mi corazón que necesitaba encontrar el camino de regreso a la iglesia”.

Lempges fue recibida en la Iglesia el 13 de junio, durante la Fiesta del Corpus Christi en su parroquia Blessed Sacrament Parish.

Después del funeral de su abuela y cuando su relación con Jake se volvió más seria, tuvieron la “charla sobre la religión”.

“Nunca hubo presión”, dijo Lempges. “Nunca fue de que ‘tienes que ser católica y tenemos que tener una boda católica’, en realidad todo encajó”.

Juntos comenzaron a explorar opciones para asistir a la iglesia y terminaron en la Parroquia Blessed Sacrament en Denver. Con el tiempo, fue cada vez más claro para Lempges que ahí era donde pertenecía.

Al experimentar el programa RCIA en su parroquia, Lempges disfrutó el tener la oportunidad de sumergirse en la Sagrada Escritura a un nivel más profundo y luego discutirlo con un pequeño grupo. También disfrutó descubrir la riqueza y la historia de la fe católica.

“Lo que amo tanto de la fe católica, es que realmente hay un significado para todo”, dijo.

Lempges fue recibida en la Iglesia el 13 de junio, durante la Fiesta del Corpus Christi en su parroquia Blessed Sacrament.

“La Eucaristía fue la conclusión. Eso es lo que deseaba”.

La historia me llevó a la verdadera Iglesia

Hasta hace aproximadamente dos años, Cody Whiteside no tenía antecedentes de fe en absoluto. Sin embargo, como él lo describe, “Comencé a sentir un llamado”, y lo siguió.

Inicialmente, ese llamado lo llevó a comenzar a asistir a una iglesia sin denominación. Sin embargo, como estudiante de historia, quería profundizar.

“Estoy interesado en la historia de todo, así que estaba investigando las cosas y comencé a construir esa fe”, dijo Whiteside. “Y acabo de descubrir que después de investigar un poco más, la investigación me llevó a la Iglesia Católica”.

Cody fue oficialmente recibido en la Iglesia durante la Vigilia de Pentecostés y pudo recibir la Eucaristía por primera vez.

Cuando comenzó a explorar la fe católica y a hablar con sus amigos sobre lo que había estado aprendiendo, descubrió que muchos de sus amigos eran católicos, algo que anteriormente desconocía.

“Descubrí que eran católicos y comenzamos a tener conversaciones profundas que me ayudaron con esa pasión. Realmente deseaba ser parte de eso”.

Pero lo que más deseaba era la Eucaristía.

“La Eucaristía fue el impulso final”, dijo. “Eso es lo que quería”.

Whiteside comenzó a asistir a clases de RICA en la parroquia de St. Mary en Littleton. A medida que crecía la inquietud de él y sus compañeros de ser totalmente recibidos en la Iglesia durante la Vigilia Pascual, la pandemia de COVID-19 apareció.

Su espera valió la pena cuando Cody finalmente fue oficialmente recibido en la Iglesia durante la Vigilia de Pentecostés y pudo recibir la Eucaristía por primera vez.

“Sentí una emoción abrumadora sobre mí durante todo el proceso”, dijo. “Al bautizarme y recibir la Eucaristía, sentí que todo se detuvo en ese momento. Ni siquiera sé cuánto tiempo estuve arrodillado recibiéndolo”.

Ahora, Whiteside siente que es parte de una “gran familia” en la que se siente apoyado. En el camino, experimentó el poder de rezar el rosario y pedir la intercesión de María, y desea tener experiencias similares en su nuevo viaje de vida como católico.

“Estoy contento de haberlo hecho… me alegra haber sido llamado a este viaje. Será una formación de por vida”, concluyó Whiteside.

Próximamente: Cómo responder a la violencia y confusión en el Capitolio

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En estos tiempos turbulentos, todos se están haciendo la misma pregunta: “¿Cuál es la verdad?”. Según se conteste esta pregunta, y dado el relativismo de nuestro día, nos dividimos en bandos. La división se hizo totalmente manifiesta cuando un grupo de personas irrumpió en el Capitolio en Washington D.C. el pasado 6 de enero. En ese momento, vimos estallar claramente la ira y la violencia, generados por sentimientos de supresión de derechos, justo como lo habíamos visto los meses anteriores en muchas de nuestras ciudades más grandes. Tanto la derecha como la izquierda han recurrido a la violencia, lo cual es inaceptable en una sociedad civil y democrática.

¿Cuál es la raíz de esta agitación? Nuestro país está sufriendo de la descomposición de la integridad moral común y las verdades que la constituyen y que nos han permanecido unidos por unos 245 años. Ahora, cuando las personas buscan la verdad sobre casi cualquier tema, no encuentran una sola respuesta. En cambio, se encuentran con una multitud de voces contrapuestas, cada una con su propia agenda. Cada vez es más difícil encontrar una persona o una organización que busque el bien común.

Pero ¿qué debería un católico hacer durante este tiempo? ¿Cómo deberíamos responder a los constantes ataques a nuestros valores nacionales y religiosos y el deterioro de la buena intención hacia nuestro prójimo?

La única solución que reparará la debilitada integridad moral de la sociedad es la búsqueda de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Recuerdo ahora mismo ese verso del salmista que dice “Aunque braman las naciones y tiemblan los reinos, él lanza su voz y la tierra se deshace. El Señor de los Ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob” (Sal 46,7-8). Él es el único que puede penetrar nuestra postura y retórica y disipar la tiniebla de la confusión. Jesús, la Palabra de Dios, nos revela a nosotros mismos y nos muestra el camino a la felicidad verdadera, como individuos y como sociedad.

Para permitir que Dios haga esto, debemos redescubrir el valor del silencio y pasar tiempo con él en su Palabra y los sacramentos. Tal como Dios se mostró a Elías en el monte Horeb, no estaba en el gran viento, en el terremoto o en el fuego; estaba en “el susurro de una brisa suave” (cf. 1 Reyes 19,9-12). Esto significa que debemos poner nuestra confianza de salvación en Cristo y buscar su sabiduría sobre cómo vivir, en vez de convertirnos en comentaristas, políticos o partidos políticos. Ellos pueden promover legislaciones o dar discursos que contienen verdad, y eso es loable y debe apoyarse cuando suceda. Pero no debemos olvidar que estamos hechos para el cielo y estamos llamados a construir el reino de Dios, no una utopía en la tierra. Jesús nos recuerda que primero debemos buscar “el reino de Dios” y “la voluntad del Padre”. San Pablo les recordó a los romanos, y hoy nos recuerda a nosotros, “No os acomodéis a la forma de pensar del mundo presente; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2).

Esto significa ver tanto a nuestros amigos como a nuestros enemigos como hijos e hijas del Padre, sin importar sus creencias, etnias o afiliación política. Esto implica adoptar la visión de la Madre Teresa, de San Francisco o de Julia Greeley. Vieron a otros como Jesús lo hace.

Cuando Jesús se encontró con la mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, sino que la llamó al arrepentimiento. Tanto San Francisco como la Madre Teresa experimentaron un llamado a cuidar de los despreciados, lo que ciertamente aplica a nuestro ambiente sobrepartidista. En vez de los leprosos o enfermos abandonados a su muerte en los desagües que San Francisco y la Madre Teresa cuidaron, se nos está pidiendo a cada uno de nosotros que veamos a nuestros vecinos, familiares, amigos o enemigos con los ojos de Jesús. San Francisco se conmovió y besó a un leproso y después se dedicó a cuidarlos. La Madre Teresa fue llamada a recoger a los enfermos y moribundos y defender a los no nacidos. Nosotros estamos llamados a hacer las mismas obras de misericordia, pero también a amar a otros como Cristo no ha amado. No podremos hacer esto al menos que recibamos el amor de Dios y reconozcamos que él es real.

Que nuestra Santa Madre, Reina de la Paz, interceda por nosotros y nuestro país, para que nos arraigamos más completamente a la Verdad, que nuestra mente se convierta en la mente de Cristo, y que nuestro corazón sea más como el Sagrado Corazón de Jesús.